Daniel Hendler: "La masividad es traicionera"

El actor es uno de los protagonistas de "Vino para robar", la película dirigida por Ariel Winograd que fue filmada en gran parte en Mendoza. El uruguayo habló con MDZsobre el filme, “Graduados” y mucho más.

Mañana se estrenará en todo el país la película “Vino para robar”, de Ariel Winograd, donde Daniel Hendler aparece en la piel de Sebastián, un ladrón de guante blanco que conoce a Natalia (Valeria Bertucelli) cuando está intentando robar una pieza de un museo y ella le gana de mano.

Rivales declarados, los dos tendrán que trabajar juntos más adelante, en un robo más complejo: una valiosa y única botella de Malbec de Burdeos de mediados del siglo XIX, catalogada como uno de los mejores vinos del mundo y celosamente guardada en la bóveda de un banco mendocino.

Agobiado por la exposición mediática de “Graduados”, la exitosa tira que protagonizó en 2012, Hendler eligió alejarse de la TV pero le puso el cuerpo a esta película y de esta manera es la tercer vez que trabaja con Winograd, ya que antes protagonizó “Cara de queso” (2009) y “Mi primera boda” (2011).

Daniel Hendler nació en Montevideo, en 1976. Desarrolló gran parte de su carrera en Argentina y en 2004 ganó el premio “Oso de Plata” en el Festival de Berlín por su actuación en “El abrazo partido”. Debutó como guionista y director con la película “Norberto apenas tarde”. El año pasado protagonizó la exitosa serie “Graduados” interpretando a Andy Goddzer, papel que lo hizo popular en la televisión.

Con todo este historial a cuesta, Daniel Hendler se sentó a hablar con MDZ:

-¿Tomás vino habitualmente?

-Si, tomo

-¿Uruguayo?

-No, argentino

-¿Qué varietales tomás?

-Malbec siempre. Ahora estoy con el Cabernet Franc y también un poquito de Pinot Noir.

-Alguna idea tenés. ¿Qué pasó cuando tomaste el Gran Malbec que es protagonista de la película?

-Esa resolución fue una de las pocas que surgió de manera espontánea en el rodaje. Ese final no estaba escrito. Lo que si sucedió es que fueron bastantes rigurosos a la hora de contar cómo se llega a tomar ese vino. Esa botella tiene muchos años y no se abre de manera convencional con un sacacorcho sino que se hace con una máquina especial. Por eso no está el momento del descorche y decidieron optar por el rigor técnico.

-Las películas de robos y escapes son atrapantes para el público en general. ¿Te pasó esto alguna vez?

-Muy pocas porque no es el género que más me ha interesado como espectador. Vimos algunas películas de referencia y me encantó haber protagonizado este filme, pero no era “la película” que yo estaba esperando hacer.

-En este género, el villano termina siendo una especie de héroe.

-Totalmente. Acá se logra algo que en la vida no sucedería que es querer a un ladrón y sobre todo confiar en su nobleza. Es un personaje con el que nos identificamos a través de su punto de vista y es incuestionable porque esas son las reglas del género. El personaje de este estilo de películas es un individualista –además de ser un ladrón y robar es un delito-, es egoísta, trabaja para su único beneficio personal y no tiene ningún interés en aportarle algo a la sociedad. Pero aun así, es convencional quererlo y protegerlo y entendemos que pertenece a un mundo donde –probablemente- robar sea justo, que es el mundo que nos cuentan en las películas.

-De lo que leíste cuando te propusieron hacer “Vino para robar” a lo que quedó finalmente, ¿varió mucho?

-Cambió mucho todo. Trabajamos en sucesivas versiones del guión mientras íbamos llegando al momento de la filmación además de las transformaciones que sufre el guión cuando aparecen los actores. De hecho, la llegada de Valeria Bertucelli modificó bastante y le dio más espesor al vínculo de los personajes. Esa relación cobró más fuerza mientras se filmaba que lo que estaba previsto en el guión original.

-¿Hay algún vínculo entre el personaje y vos?

-Siempre hay puntos en común. Esto es lo que tiene la especie humana: agarramos a un tipo que viene de otra cultura y siempre tendrá algún punto en común con nosotros. El trabajo del actor en cine es siempre encontrar algún aspecto común a nivel humano como para acercarse a ese personaje. En este caso son personajes que viven dentro de una película que no son pares míos. Lo que más tiene en común conmigo es el cuerpo, que es casi el mismo…

-¿Cómo lograste llevar la masividad que te dio “Graduados”?

-Lo que logré es esquivarla un poco. Aprendí a encontrar puertas de emergencia en todos lados. El año pasado fue placentero para mí porque tenía la claridad de saber que después de la tira venía un tiempo de descanso y no iba a estar sobre esa ola tanto tiempo. Lo disfruté porque fue temporal. La tele tiene eso de ser efímero. La masividad es traicionera: uno se distancia un poco, y fuiste… Para el actor es saludable la exposición y el reconocimiento y al mismo tiempo también es bueno reconectar con uno mismo, con los lugares que te hacen sentir bien, cómodo. Por eso este año lo estoy disfrutando mucho.

-¿Vas a volver a dirigir?

-El año que viene voy a hacer una nueva película.

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