Un chico de 14 años fraguó su secuestro para robarle la bicicleta a un amigo

En San Rafael, un ladrón robó una bicicleta a un joven. Pero también se llevó por la fuerza a su amigo adolescente. La situación provocó un gran despliegue policial para dar con su paradero. Cuando muchos temían lo peor, el adolescente entró por la puerta de su casa. Su cómplice, finalmente fue apresado y dio la versión real de los hechos.

Un robo menor que incluyó el secuestro de un adolescente; un gran despliegue policial que involucró la participación de un alto funcionario del Ministerio de Seguridad; y una intensa búsqueda para hallar el paradero del menor y de su captor.

Tales son los indicios de un caso policial que inicialmente haría pensar en un desenlace trágico que conmovería al sur mendocino. Y que concluyó, no obstante y por fortuna, como nadie lo esperaba.

Ayer, minutos antes de las 20, dos jóvenes caminaban cerca de la isla del Río Diamante, en San Rafael. Uno de ellos, de 20 años, llevaba consigo una bicicleta. Lo acompañaba un menor de 14 años.

En el momento en que caminaban por el puente del costado sur para pasar a la isla, los dos amigos fueron interceptados por un sujeto que los amenazó valiéndose de un arma de fuego. El joven de 20 se vio obligado, sin más, a entregar su rodado.

Esto podría concluir aquí, como cualquier robo simple en una ciudad, San Rafael, que se ha caracterizado por la sustracción de este tipo de rodados. Sin embargo, el montaje sobre lo real empieza a partir de ahora.

No satisfecho con el botín, el ladrón agarró de un brazo al adolescente y lo llevó consigo por la fuerza, ante la impotencia de su amigo. Y poco podía hacer al respecto, pues se trataría de un muchacho que presenta ciertas dificultades mentales, según versiones oficiales.

De esta manera, el joven vio cómo su pequeño compañero se perdía de vista al ingresar a un descampado de la zona, mientras era seguido bien de cerca por su secuestrador.

Como pudo, el joven alertó a sus familiares de lo ocurrido, quienes inmediatamente dieron aviso a la madre del adolescente. Lo que había comenzado con un robo, entonces, se había convertido en un secuestro que hacía temer lo peor.

La madre se hizo presente en la comisaría 38 e inmediatamente comenzó a realizarse un amplio operativo policial que incluyó el rastreo de perros adiestrados, junto a personal de la Unidad Motorizada de Acción Rápida que rastrillaban el descampado y los alrededores con sus motocicletas. A éstos, se sumaba la división de Infantería. Así, se llevó a cabo una intensa búsqueda del menor que no dio resultados iniciales, mientras las horas pasaban.

A estas instancias y por la gravedad que ya revestía el caso, la noticia había llegado a los despachos del Ministerio de Seguridad, en la ciudad de Mendoza. Como se ha previsto a partir de la gestión de Carlos Ciurca, el Subsecretario de Seguridad Carlos Rosas emprendió un viaje hacia el sur, a bordo del helicóptero Halcón 1, para ponerse al frente de la investigación.

El menor, en tanto, seguía sin aparecer, al igual que su captor. La desesperación de sus familiares crecía.

Por su parte, personal de la Dirección de Investigaciones del sur hacía su labor. Es decir, se abocaron a las tareas de inteligencia para tratar de identificar al ladrón y captor. Finalmente, esta infructuosa búsqueda dio resultados parciales.

Habían pasado más de 10 horas de la desaparición, cuando los uniformados procedieron a allanar una vivienda en callejón Campos s/n, cerca de donde se había producido el delito. Eran las primeras horas de la mañana cuando los policías ingresaron a la vivienda y dieron con el maleante, un hombre adulto cuya identidad se mantiene bajo secreto de sumario.

Sin embargo, los investigadores no dieron con tres elementos de suma importancia para determinar la culpabilidad fehaciente del sujeto: en primer lugar, en la vivienda no encontraron ni el arma ni la bicicleta sustraída. En segundo lugar, el menor seguía sin aparecer.

El hombre fue trasladado a la comisaría, para que los investigadores pudieran tomarle declaración e indagar en lo que muchos ya temían.

Habían pasado ya alrededor de 15 horas desde la desaparición y cuando menos se esperaba, hacia el mediodía, el menor ingresó por la puerta de su casa, sano y salvo.

Entre la alegría y la duda por verlo en buen estado, su madre pidió a su hijo mayor que fueran a la comisaría para avisar sobre su aparición.

Mientras tanto, la labor de los uniformados ya había logrado aclarar el panorama. Y he aquí la sorpresa que todos se llevaron.

El ladrón y -aparente- captor, en realidad, era cómplice del adolescente. Ambos habían fraguado el robo y el engaño ante el muchacho de la bicicleta. Esto habría sido confirmado por el mismo adolescente, en una declaración informativa que le tomaron en la comisaría, corroborando los dichos del asaltante.

Aunque estaban convencidos de simular el robo ante una persona con capacidades especiales, nunca imaginaron que su montaje involucraría un gran despliegue policial y que terminarían explicando a la Justicia la maraña en la que se vieron envueltos.

Por esto, el ladrón fue procesado por robo, en tanto que el cómplice de tan sólo 14 años fue derivado por su participación a la Justicia de menores.




      
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