Mendoza vuelve a mostrarse al mundo a través del cine

Ariel Winograd es el director de la película “Vino para robar” y explicó a MDZ porqué la película se filmó en gran parte en nuestra provincia. "Ofrece la grandeza de sus paisajes" expresó.

Ariel Winograd es muy joven pero ya tiene una larga experiencia como director de cine. En su historial aparece “Cara de Queso-Mi Primer Guetto”, su ópera prima, estrenada en 2006 y luego llegó “Mi Primera Boda”, la exitosa comedia protagonizada por Natalia Oreiro y Daniel Hendler.

Además, entre sus logros está el haber sido meritorio del genial director, guionista y productor Spike Lee.

Con toda esa experiencia a cuestas y lleno de sueños, encaró la tarea de dirigir “Vino para robar”, la cinta que tiene a Valeria Bertucelli y Daniel Hendler como protagonistas y que tiene a la provincia de Mendoza como una de sus mayores atracciones.

Sebastián (Hendler) conoce a Natalia (Bertuccelli) cuando está intentando robar una importante pieza de arte de un museo, y ella le gana de mano. Rivales declarados, los dos tendrán que trabajar juntos más adelante, en un robo más complejo: una valiosa y única botella de Malbec de Burdeos de mediados del siglo XIX, catalogada como uno de los mejores vinos del mundo y celosamente guardada en la bóveda de un banco, en Mendoza.

En un universo lleno de glamour, entre viñedos y montañas, los ladrones tendrán que desplegar su magia, pero mientras preparan el robo descubrirán, cada uno por su lado, que nada resultará como lo pensaron.

En tono de comedia y ambientada en las más bellas locaciones mendocinas -bodegas, viñedos, paisajes imponentes, mansiones y hoteles de lujo-, la película retoma un género muy transitado por el cine americano: el caper, o película de planeamiento y ejecución de un robo.

Antes de su estreno oficial, el director tuvo un mano a mano con MDZ:

-Bienvenido a Mendoza… de nuevo

-Estoy viviendo un deja vu: todo de vuelta.

-¿Qué te pasó por tu cabeza cuando pisaste de nuevo suelo mendocino?

-Tengo como unas sensaciones encontradas. Llegó contento por lo que hice pero con mucha expectativa por lo que puede pasar con la película. Quiero ver la reacción del mendocino al ver su provincia en la pantalla grande.

-El producto final, ¿quedó como lo habías imaginado?

-No, mucho mejor por suerte. Estoy muy contento por el resultado. Al ver la película terminada uno piensa que podría haber hecho algunas otras cosas pero en este caso no me estoy haciendo muchos reclamos. La terminé apenas hace dos semanas y estoy muy feliz.

-Este género seduce al público y va con muchas expectativas al cine. ¿Sabías en lo que te estabas metiendo?

-No, porque si yo pensara todo lo que quiero hacer y analizo sus consecuencias, me quedo en mi casa mirando la tele. En estos momentos estoy intrigado por saber qué es lo que atrapa a la gente. Lo que yo puedo decir es que hicimos un buen trabajo y todos los que trabajamos en la película dimos todo lo mejor. Esto es como un Mundial de futbol: vinimos como un equipo en preparación y nos fuimos con un equipo consolidado y ganador. Hicimos testeos y sabemos que gusta. Este filme sorprende de a poco y requiere mucho del espectador. Suceden cosas que no están previstas y esas cosas de las que hablo son las diferentes reacciones del público. El personaje de Daniel Hendler es el que marca el ritmo y la gente se engancha a ese ritmo. Hay un trabajo de diseño de sonido y de música para que hay una experiencia envolvente cinematográficamente hablando. Esta es una película que justifica el porqué hay que ir a verla al cine y no dentro de cinco meses en tu casa.

-¿Te preocupa eso como director?

-Claro. Yo filmo para cine, no para TV. La experiencia de ver una película en un cine es única. Allí se disfruta la fotografía, el sonido, el montaje.

-Los paisajes…

-Yo pienso más que en los paisajes en la grandeza de las locaciones y Mendoza ofrece eso. Hay muchas escenas en diferentes lugares, le lleva y te trae por todos lados.

-Y llegando a reconvertir algunos, como por ejemplo el aeropuerto de Mendoza.

-Ahí nos pasó algo divertido. Cuando fuimos al aeropuerto, no nos gustó mucho y además es muy complicado hacerlo porque hay que pedir muchos permisos. Entonces se nos ocurrió transformar el Espacio Le Parc en un aeropuerto. Si inventamos todo, podíamos inventar ese aeropuerto nuevo. Este es un juego al que invitamos al espectador a jugar con nosotros.

-¿Hay algo que te una al vino?

-Nada.

-¿Pero conocés de vino?

-Muy poco. Recién ahora estoy descubriendo ese mundo. Estoy aprendiendo.

-¿Y por qué el vino como tema central de la película, entonces?

-Más que el vino es la botella de vino. Es el objetivo que tienen que robar. La botella es la excusa para narrar la historia. Hay una historia fuerte de amor pero no llegamos a poner el vino en primer plano.

-¿Y por qué eligieron Mendoza para el desarrollo de la historia?

-Porque estaba en el guión. Así era la idea y nos pareció buenísimo. Cuando desembarcamos en Mendoza hubo un trabajo muy fuerte de reescritura del guión, después de ver las locaciones. Así decidimos que el malo (Juan Leyrado) viviese en una bodega. Creo que aprovechamos de la mejor manera las locaciones elegidas.

-Después del estreno, ¿vas a brindar con vino?

-Creo que a esta altura no hay mejor otra mejor bebida que esa.

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