"El animal más bello del mundo": Ava Gardner

La actriz encargó a Peter Evans sus memorias, pero Frank Sinatra impidió que salieran a la luz. Ahora se publican bajo la forma de biografía no autorizada.

La historia que rodea a Ava Gardner. Las conversaciones secretas también es de libro. Una noche de enero de 1988 la actriz llamó al periodista Peter Evans para que escribiera sus memorias. Gardner se estaba recuperando de un derrame cerebral, necesitaba dinero y no quería vender sus joyas.

Tras esta conversación, vinieron muchas más en las que Evans se queja -como queda plasmado en el libro- de las dificultades que tuvo para que "el animal más bello del mundo" hablara con franqueza acerca de los detalles más jugosos de su vida, incluyendo sus relaciones con hombres famosos, su infancia y su alcoholismo.

Sin embargo, Evans olvidó mencionar a Ava Gardner que había tenido un altercado en los tribunales con Frank Sinatra, su tercer marido. Cuando la actriz se enteró, no quiso que el periodista siguiera con el proyecto, que encargó a otra persona. Ava: mi historia fue el resultado.

Pero Evans ya tenía en su poder unas 40.ooo palabras grabadas. Gardner murió en 1990 y, mucho después, en 2009, el periodista decidió retomar las grabaciones para escribir un libro en el que semezclaran sus propias reflexiones con las frecuentes llamadas nocturnas de la artista y sus entrevistas formales.

Cuando Ava Gardner: The secrets conversations estaba prácticamente listo (sólo faltaba el capítulo final), Peter Evans fallecía en 2012 y, un año después, el libro veía la luz.

En él se cuenta su infancia en el seno de una familia sencilla hasta que su cuñado le hizo una fotografía que colgó en la ventana de su estudio neoyorquino. Poco después, recibió una llamada de Metro-Goldwyn-Mayer. Allí conoció a Mickey Rooney, que se convirtió en su primer marido. Era un adúltero compulsivo, pero, de acuerdo con Gardner, bueno en la cama.

A pesar de su fulgurante carrera, con títulos como Las nieves del Kilimanjaro o Mogambo, en el libro relata que no se sentía orgullosa de su trabajo, de su falta de ambición y de los hombres que había escogido.

También trasciende su pánico al comprobar que había perdido su atractivo físico (el ictus le dejó un lado de la cara y un brazo paralizados) y la angustia de una estrella que se apaga a través de llamadas telefónicas de madrugada cuando estaba ebria, tenía insomnio o ambas cosas a la vez.

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8 de Diciembre de 2016|11:47
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