Un golazo: llega el "Diccionario Fóbal Club"

Juan José Panno reúne términos y acepciones de este deporte que son "centros" disparados de un dato fehaciente, una curiosidad, un personaje o una anécdota.

Periodista de amplia trayectoria en radio y medios de presa -Goles, El Gráfico, El Mundo, La Razón y actualmente en Página 12- Juan José Panno publicó además de este diccionario los libros Pelotas chicas. Pelotas grandes y Corazón y pases cortos, todos en el sello editorial Colihue. 

El armado de este nuevo título, Diccionario Fóbal Club. La imaginación al potrero, tiene que ver con el cúmulo de asociaciones inesperadas y el fuerte componente lúdico: "Me divertí mucho, como con El abrazo del ocio, especie de manual de juegos de palabras que hicimos con Carolina Fernández y el dibujante Maicas".

Así nació este diccionario: "Armando equipos raros; jugadores con nombre de remedio (Agonil, Voboril, Nahuelpán; que al final no puse en el libro) o buscando salidas ante la limitación de letras como la  Q o la Z. Tenía cientos de equipos raros, pero dejé unos pocos, para no abrumar. El equipo de los jugadores cuyo apellido empieza y termina con la misma letra, es apenas un ejemplo", cuenta en diálogo con Jorge Boccanera para la agencia Télam.

Las preguntas a las que responde el diccionario son del tipo: ¿por qué a los hinchas de Rosario se les llama "canallas"?, ¿fue médico de Vélez el cantor Alberto Castillo?, ¿quién creó los masticables "chuenga"?, ¿el padre del fútbol nacional nació en Escocia?, ¿Garrincha tenía una pierna más corta que la otra?

Ofrece además datos curiosos y estadísticas: los arqueros argentinos que  atajaron más penales, el primer campeón invicto del fútbol argentino, el origen insólito de la palabra "hincha" o los nombres desopilantes de algunos clubes del interior (como el "Atlético Policial", de Catamarca).

Si los chistes de Maicas ilustran el tema en clave de solfa, también Panno apunta directo al humor cuando arma equipos con jugadores que llevan apodos femeninos ("la Gata Fernández", la "Porota Barberón", etcétera.), de infantes ("Chiquito Pérez" o el "Nene Sanfilipo") o con apellidos que no pasan de una sílaba ("Poy", "Sá").

Sobre algunos términos soslayados -"gambeta", "bicicleta", "goleada", "caño", "pisarla", "tronco", explica Panno: "`Caño´ está como `túnel´ y `tronco´ como `crudo´. En `túnel´ lo mezclo a Riquelme con (Mario) Yepes y (Ernesto) Sabato. `Pepino´ se me pasó; es una pena porque podría haber mencionado a la pasada a Borillo. En general el libro va por lugares previsibles aunque tratando de buscarle una vuelta".

Esas "vueltas" incluyen un llamado de atención a ciertas muletillas del periodismo deportivo actual, donde, dice: "Hay de todo, como en todas las épocas, aunque da la sensación de que la frivolidad y el escándalo van ganando terreno en relación al análisis crítico de Dante Panzeri y la crónica colorida con que nos deslumbraba Osvaldo Ardizzone".

Su crítica apunta "a los lugares comunes y las frases de confección que afean cualquier texto. Afortunadamente hay muchos jóvenes que reivindican a aquellos grandes maestros y ejercen con dignidad este oficio. Ahí me sale un poco el docente de periodismo". 

Panno toma distancia tanto de los diccionarios habituales como de aquellos que desnudan la realidad a fuerza de cruda ironía, y opta por una singularidad: el cruce entre el dato informativo y la anécdota: "En esa combinación está un poco lo que soy y lo que me gustaría haber sido; en términos futboleros: un periodista que tira paredes con el escritor costumbrista y el pretendido humorista".

"En general intento esa mezcla. Me gustó la que encontré con quintetos, donde hago referencia a una serie de delanteras que se recitan de memoria y la remato musicalmente con una que conocimos todos en el colegio primario: Lafa, Tiga, Tudes, Canso y Calma".

No cabe duda que el espíritu del libro es una apuesta por el fútbol creativo, como se desprende de las alusiones entusiastas al juego de un "Rojitas", un Bochini, un Houseman, lo que trasluce por otra parte algún grado de nostalgia.

"Uno añora a estos jugadores que se destacan en los tiempos en que en cada equipo había cuatro o cinco jugadores de primer nivel. Pero no quiero caer en que todo tiempo pasado fue mejor; siempre nos queda un poco de reserva ecológica con la aparición de chicos como Botta, Centurión, Vietto o Lanzini, por citar algunos". 

La contracara de ese fútbol vistoso tiene que ver, apunta Panno, con aspectos extradeportivos o comerciales: "El resultadismo. La idea de que hay que ganar de cualquier manera y a la utilización de cualquier medio para alcanzar el éxito, olvidando que en esencia se trata de un juego".

El Diccionario Fóbal Club funciona también como homenaje a sus directores técnicos preferidos -Menotti, Cappa, Bielsa, Tim-; periodistas -"que uno cree que los jóvenes deben conocer como Ardizzone, Panzeri, Borocotó y Pedro Uzquiza- y escritores dedicados al género, entre ellos: Soriano, Sasturain, Galeano, Sacheri y Santoro.

Rescata a este último -secuestrado en 1977- como pionero en recopilar textos de fútbol con su libro Literatura de la pelota, y menciona el libro Deportes, desaparecidos y dictadura, del periodista Gustavo Veiga.

Panno confiesa que incursionó como jugador en los equipos de Piraña y en Defensores de Almagro, que era habilidoso aunque lerdo; por eso cuando en los años 60 fue a probarse a River lo despacharon con una frase lapidaria: "Pibe, vos hubieras sido lento en los años 40".

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