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¿Arenga o amenaza?: "Van a ir a Rusia, no sé si a Moscú o Siberia"

Esa fue la frase que eligió el dueño del Chelsea, el multimillonario ruso Abramovich para elevar el espíritu de los jugadores de su equipo, durante la semifinal ante Liverpool.

"Iréis a Rusia, lo que no sé es si a Moscú o a Siberia", advirtió Abramóvich a sus jugadores en el vestuario minutos antes del partido de vuelta de las semifinales contra el Liverpool disputado en Londres,según señala hoy una nota aparecida en el diario El Mundo de España.

La arenga surtió efecto y el Chelsea derrotó a su eterno rival por 4-2, aunque esa victoria no colmó las aspiraciones de Abramóvich, empeñado en convertir al club londinense en el mejor del mundo.

Por si fuera poco, la final se juega en su país, donde Abramóvich amasó su fortuna tras la caída de la URSS, y contra el equipo que ha dominado el fútbol inglés durante los dos últimos decenios: el Manchester United.

El magnate, judío, siempre mantuvo buenas relaciones con el Kremlin, lo que le permite gobernar desde el 2000 la inhóspita región siberiana de Chukotka, pese a residir casi todo el año en Londres. Allí tiene las manos libres para dedicarse a su gran pasión: el fútbol.

Durante las últimas cuatro temporadas, el Chelsea disputó tres veces las semifinales de la Liga de Campeones, pero nunca logró alcanzar la gran final.

El fracaso fue más doloroso por el hecho de que en la liga inglesa su dominio fue insultante y que su entrenador, el portugués José Mourinho, fue fichado tras alzarse con la Liga de Campeones con el Oporto.

No obstante, el dueño del Chelsea nunca se rindió y una y otra vez dio carta blanca a la directiva del club para fichar a los mejores jugadores disponibles en el mercado.

Según el diario financiero ruso RBK, Abramóvich se gastó la friolera 1.130 millones de dólares en el Chelsea desde que asumió su dirección.
Más de una cuarta parte de ese dinero (275 millones) corresponde al monto que Abramóvich pagó a la compañía Chelsea Village por hacerse con las riendas del club en julio de 2003.

El mayor desembolso en fichajes correspondió a su segunda temporada en el equipo con un total de 248 millones de dólares, mientras en la de 2005-2006 el gasto ascendió a 168 millones.

El Chelsea se proclamó campeón de la liga inglesa precisamente cuando Abramóvich fue más generoso con las peticiones de su entrenador, el portugués José Mourinho.

En cumplimiento de sus promesas de recortar los gastos, la pasada temporada Abramóvich destinó sólo 23 millones de dólares a nuevas adquisiciones, ahorro que según muchos le costó el título y, al comienzo de esta temporada, la renuncia de Mourinho.

El plantel del Chelsea, en la que destacan estrellas como Drogba, Lampard o Terry, cobra cerca de 300 millones de dólares anuales en salarios.

Aunque Abramóvich reconoció que no se metió en el mundo del fútbol para ganar dinero, el Chelsea es una máquina de perder dinero: 200 millones de dólares anuales, según el diario.

En un intento de recuperar la hegemonía perdida ante el empuje del Manchester United, Abramóvich dio el visto bueno para el fichaje en enero del delantero francés Nicolas Anelka (16 millones de euros) y del defensa serbio Branislav Ivánovic (12 millones de euros).

Por lo que parece, el multimillonario ruso parece ahora más decidido a satisfacer las demandas de su nuevo entrenador, el israelí Avram Grant.

Con todo, según los expertos, Abramóvich tendrá que volver a gastarse más de cien millones de dólares en el mercado de fichajes este verano si quiere reeditar sus triunfos en el campeonato inglés.

Dos ligas y una copa inglesa no son suficiente bagaje para el ruso, razón por la que cortó la hierba bajo los pies tanto de Mourinho como del italiano Ranieri.

En todo caso, una muestra de la confianza que Abramóvich tiene en su equipo es que en febrero pasado ya reservó una planta completa del hotel Ritz de Moscú para la final de este miércoles de la Liga de Campeones.

Además, en cuanto a la fiesta con la que agasajará a los jugadores y sus familiares en caso de victoria, la prensa rusa mencionó al lujoso restaurante GQ, regentado por el famoso restaurador ruso Arkadi Nóvikov.
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