Las palabras se suicidan: literatura y muerte del lenguaje

Las redes sociales, el celular, la prisa y la necesidad de recibir y de obtener información de manera inmediata, ¿condicionan, mutilan o dañan el idioma?

Carlos Skliar investigador independiente del CONICET en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), autor del libro No tienen prisa las palabras, publicado en 2012, por Editorial Candaya, analiza y reflexiona sobre el rol y las formas de expresión características en la actualidad.

"No tienen prisa las palabras en decir. La urgencia tiene voz atragantada. La prisa alborota los sonidos y se acaba por decir todo lo contrario. La rapidez siempre es extranjera. El barullo es un jeroglífico que no descifraremos nunca. Escribir, entonces, mirándote a los ojos. Deseando tu dictado", afirma Skliar en su libro.

- ¿Cuáles son las características que priman en el lenguaje moderno

- No son estos buenos tiempos para la complejidad y multiplicidad del lenguaje. Hay un predomino exagerado de la rapidez y la eficacia en la transmisión y por eso, cada vez más, se van apartando algunas formas de expresión poéticas o literarias, más rugosas, más ambiguas. Aún así, por más rapidez y eficacia que se pretenda, el lenguaje no es ni la captura ni el dominio de lo real y, por lo tanto, es posible aún hallar formas de transmisión que no renuncien al misterio de lo humano, ni a los laberintos de la expresión.

- ¿Qué se gana y qué se pierde en estás formas aceleradas de expresarse?

- En cómo cambia la relación del lenguaje con la temporalidad. No hay ningún motivo por el cual ligarlo a la prisa o a la urgencia o a la inmediatez. Puede ser una forma de detención, una pausa que sirva para habitar un tiempo hondo, vinculado más a la intensidad que a lo cronológico; ese cronos que todo lo quiere devorar, incluso al lenguaje.

- ¿Cuál es la reacción del público hacia los libros o los textos extensos?

- Sin generalizar, a veces la reacción de los lectores ante los textos largos es de desasosiego y pereza. Como si ya el tamaño de un texto fuera un índice de su poder de seducción o saturación. Las formas de expresiones breves y alargadas no deberían ser vistas como lenguajes separados. Quizá en la literatura estén relacionados con géneros distintos, sí. Pero es indudable que el lenguaje de la información exige premura y consumidores y es de desear que el lenguaje literario logre hacer respirar de otra manera a sus lectores.

- ¿La tecnología, la comunicación digital y la expresión a través de las redes sociales, han dañado el lenguaje?

- Las redes sociales han modificado las formas de escribir y comunicarse y sin duda afectan el acto de leer. Por más masivas que se vuelvan estas prácticas, hay algo en el lenguaje que hace que sobreviva a cualquier intento de fijación o moda. Es verdad que uno puede expresarse en 140 caracteres pero también lo puede hacer en millones. No hay ninguna razón para asumir una posición definitiva al respecto. Será su carácter contemporáneo lo que resuelva la convivencia entre lo nuevo y lo anterior. No hace falta suicidar formas de escritura y de lectura anteriores.

- ¿Cómo se hace para preservar la lengua de estos daños?

- Hay un enorme tesoro en el lenguaje y poder encontrarlo es de algún modo una tarea que nos relaciona no solo con el futuro sino también con el pasado. El escritor holandés Cees Nooteboom en su libro Tumbas afirma que el pasado es un tesoro que está al alcance de nuestros ojos, de nuestra escucha. No es cierto que buscar ese pasado sea una tarea imposible si no es a través de la información disponible en Google. Se trata de realizar una travesía, una experiencia, estirar una mano hacia un libro, hacia una idea, hacia una palabra, hacia otra persona. Esta también es una tarea educativa.

- ¿Cuáles son los desafíos de cara al futuro?

- Es increíble como se multiplican las formas de escribir, como florecen formas literarias inesperadas. Algunos autores lo han llamado de post- literatura. Es una clara señal que aún no hemos tocado un límite y que todavía no asistiremos a la muerte del lenguaje. Un problema crucial quizá sea: si esta época es de hiper-productividad con el lenguaje, si todos somos llamados o conminados a producir, a expresarnos: ¿quién va a escuchar y quien va leer? ¿Habrá alguien del otro lado? ¿Alguien que, simplemente, desee una detención, una pausa?

¿Qué sentís?
63%Satisfacción19%Esperanza14%Bronca2%Tristeza2%Incertidumbre0%Indiferencia
Opiniones (0)
7 de Diciembre de 2016|06:04
1
ERROR
7 de Diciembre de 2016|06:04
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes