La guerra secreta de Coco Chanel: su pasado nazi

¿Fue realmente Chanel una agente de la Gestapo? Una investigación indaga en la relación con la Gestapo de uno de los mitos de la alta costura. Leé un anticipo.

En agosto de 1944 la ciudad de París fue liberada. Este hecho puso el punto y final a cuatro años de vergüenza y de miedo reprimido, y desató entre la población odio y frustración.

Ciudadanos vengativos deambulaban por las calles de pueblos y ciudades. Los culpables y muchos inocentes fueron castigados en un ajuste privado de cuentas. Aquellos collabos, hombres y mujeres que colaboraban con Hitler, fueron molidos a golpes o asesinados.

Coco Chanel, símbolo de la moda del siglo xx, estaba entre los marcados para la venganza. ¿Fue realmente una agente de la Gestapo?

Durante más de medio siglo la vida de Chanel desde 1941 hasta 1954 ha estado rodeada de imprecisiones y rumores, misterio y mito.

El periodista y productor de documentales Hal Vaughan ofrece en La guerra secreta de Coco Chanel (Aguilar), gracias a un estilo periodístico brillante, documentado y lleno de suspense, la cara oculta del mito de la alta costura: su colaboración con los nazis, las misiones en las que participó como espía, su relación con el barón Hans Gunter von Dincklage, un peligroso agente del servicio de información alemán, y su declarada ideología antisemita, pero no sólo eso, también sus orígenes como dependienta, su actitud decidida y su ambición que la llevaron a crear un imperio de la nada y a casarse con un hombre simplemente para conseguir sus objetivos.

Thriller, periodismo, historia, biografía se conjugan con maestría en un libro que desvela el papel de Coco en la Gestapo y cómo después de la Segunda Guerra Mundial reconstruyó lo que hasta ese momento había sido la emblemática firma Chanel.

Empezá a leer La guerra secreta de Coco Chanel, de Hal Vaughan.

Introducción

A pesar de su edad ella brilla; es el único volcán en la Auvernia que no se ha extinguido… la más brillante, la más impetuosa, la mujer más brillantemente insufrible que jamás ha existido. Gabrielle Chanel acababa de ser depositada en su sepulcro en Lausana, Suiza, cuando la ciudad de París anunció que la primera dama de Francia, la esposa del presidente Georges Pompidou, cliente y admiradora de la diseñadora, iba a inaugurar en octubre de 1972 una exposición oficial en París para celebrar la vida y la obra de Chanel. Pocos días antes de esa fecha Hebe Dorsey, el legendario editor de moda del International Herald Tribune, informó de que el «homenaje a Chanel» probablemente sería cancelado o, al menos, pospuest.

Dorsey revelaba que Pierre Galante, editor de Paris Match, pronto sacaría a la luz unos documentos escandalosos procedentes de los archivos de la contrainteligencia francesa. Dorsey alegaba que Chanel había tenido un affaire durante la ocupación alemana de París con el barón Hans Günther von Dincklage: «Un peligroso agente del servicio de información alemán, posiblemente un agente de la Gestapo».

Chanel, el epítome del buen gusto francés, ¿en la cama con un espía nazi o, aún peor, involucrada con un agente de la odiada Gestapo? Para los franceses, en especial para los judíos franceses, para los veteranos de la Resistencia y para los supervivientes de los campos de concentración nazis, los colaboradores de los alemanes eran seres despreciables. Se da por hecho que en París, la ciudad de la moda, durante la ocupación nazi habían corrido rumores de que Chanel convivía con un amante alemán llamado Spatz —que en alemán significa «gorrión»— en el exclusivo hotel Ritz, donde peces gordos del partido nazi, como Hermann Göring y Joseph Goebbels eran cuidados con esmero por el servicio suizo del hotel. Pero ¿la Gestapo? ¿No había Chanel vestido a madame Pompidou? ¿No había sido invitada de honor en el palacio del Elíseo? ¿Cómo era posible que un icono de la sociedad francesa se hubiera acostado con un «espía alemán»? Era muy difícil de creer. A pesar de que miles de hombres y mujeres franceses colaboracionistas —que habían sido amantes o habían ayudado a algún alemán— habían escapado al castigo, en 1972 ser un collabo todavía apestaba a traición. La relación de Coco y Spatz duraría más de diez años, lo que nos lleva a preguntarnos si a Chanel «le importaba la ideología, o por el contrario sólo
quería ser amada y le tenía sin cuidado la política».

El calendario previsto para la conmemoración nacional de la vida y la obra de Chanel no podía haber sido peor. Por si fuera poco, el editor norteamericano, Alfred A. Knopf, acababa de publicar el libro del historiador estadounidense Robert O. Paxton, Vichy France: Old Guard and New Order, 1940-1944.

Este trabajo sobre el régimen de Vichy bajo el mando del mariscal Philippe Pétain dejó a muchos estudiosos franceses disgustados y eclipsados en su propio terreno académico. Basándose en material proveniente de los archivos alemanes —ya que el gobierno francés había prohibido el acceso a los de Vichy—, el libro de Paxton aportaba pruebas de que la colaboración de Pétain en Vichy, respaldado por un grupo de nazis convencidos, fue más voluntaria que obligada.

La única opción posible que tenían la maquinaria política de Pompidou —con unas elecciones a veinticuatro meses vista— y el comité encargado de organizar el homenaje a Chanel para hacer frente a unas acusaciones que afirmaban que ésta había estado relacionada con la Gestapo era posponer la celebración.

En la biografía que estaba a punto de publicar Pierre Galante en París y en Nueva York también había sólidas evidencias condenatorias sobre el colaboracionismo de la diseñadora. Antiguo miembro de la Resistencia, y marido de la actriz inglesa Olivia de Havilland, Galante afirmaba que su información estaba basada en fuentes fidedignas de la contrainteligencia francesa. Le Tout-Paris hablaba acerca del libro antes de que éste fuera publicado. Edmonde Charles-Roux, premio Goncourt, estaba indignada por las revelaciones de Galante. Afirmó que sus declaraciones eran absurdas: «[Dincklage] no pertenecía a la Gestapo». Spatz y Chanel, afirmaba, simplemente disfrutaron de una relación amorosa. (Madame Charles-Roux estaba también escribiendo una biografía de Chanel, y presumiblemente no tuvo acceso a las fuentes de Galante).

Marcel Haedrich, uno de los primeros biógrafos de Chanel, afirmaba que Spatz era simplemente un bon vivant que «amaba la comida, el vino, los puros y el buen vestir… gracias a Chanel tuvo una vida fácil… la esperaba en su salón… besaría la mano de Chanel y susurraría: “¿Cómo estás esta mañana?”», y dado que entre ellos hablaban inglés Coco diría: «Él no es alemán, su madre era inglesa».

Cuando el periódico neoyorquino de la industria del vestir Women’s Wear Daily en septiembre de 1972 preguntó a CharlesRoux: «¿Era realmente Chanel, la más grande modista de París, una agente de la Gestapo?», ésta respondió: «[Dincklage] no pertenecía a la Gestapo. Era un agregado a una comisión aquí [en París] y recababa información. Tenía un trabajo sucio. Pero tenemos que tener en cuenta que estábamos en guerra, y él tenía la desgracia de ser alemán». Años más tarde Charles-Roux se dio cuenta de que había sido engañada, manipulada por Chanel y por su abogado René de Chambrun.

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4 de Diciembre de 2016|05:08
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