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"A Delpo lo que es de Delpo"

El periodista Walter Vargas, de la Agencia Télam, analiza el paso de Juan Martín Del Potro por Wimbledon 2013.

Mensurar debidamente hasta dónde ha llegado Juan Martín Del Potro, y hasta dónde podría llegar, se vuelve imposible sin reponer en detalle cuál es su tiempo y cuáles los colosos con los que cambia figuritas.

O en todo caso sería posible pero a todas luces injusto: Del Potro, para que sea dicho de una vez, coincide con un grupo de talentos que ya constan, a lo menos, entre los mejores de la historia del tenis de elite.

Para ir llevando, Rafael Nadal es considerado el rey del polvo de ladrillo, el mejor de cuantos ha habido en esa superficie y el que más títulos acumuló en Roland Garros. (También, conste, entre otras cosas el manacorí ganó Wimbledon.)

Roger Federer, a su vez, reúne una sumatoria de títulos, récords y destrezas que lo colocan entre los dos o tres mejores tenistas de todos los tiempos y para muchos especialistas incluso el mejor sin margen de dudas.

Por si fuera poco, Novak Djokovic es el fenómeno del momento y no hay motivos para deducir que su escalada gloriosa llegará a su fin mañana o pasado.

Es más: la juventud del serbio, y su consiguiente biografía provisoria, dan a entender que más tarde o más temprano será asociado con el top ten histórico.

Y también Del Potro debe lidiar con Andy Murray, su más enconado adversario en las horas de juveniles, y con David Ferrer, Tomas Berdych, etcétera, etcétera, etcétera.

Si se exagera un poco, puede inferirse que Del Potro nació demasiado antes o demasiado después de la posibilidad de meterse, por decir algo, entre los mejores tres del planeta, pero como el destino es lo que en efecto pasa y no lo que pudo haber pasado, lo que cabe es poner sobre el tapete el trazo grueso de lo que ya está abrigado y en casa.

Un total de 14 títulos, un Grand Slam, una medalla olímpica, dos veces cuartos de final en el Abierto de Australia, una semifinal en Roland Garros, ahora una semifinal en Wimbledon y recién 24 abriles en la cédula: cumplirá los 25 el 23 de septiembre.

Del Potro, es claro, tiene dos aspectos que promueven antipatía: su reticencia a jugar la Copa Davis y su acumulación de derrotas dignas.

Lo primero es cuestionable pero tampoco deja de ser una decisión personal que atañe a cierta soberanía, pero lo segundo debe ser necesariamente ligado al sentido primordial de estas líneas: convive con verdaderos monstruos de la raqueta.

Si se examina bien, la enorme mayoría de esas derrotas dignas fueron precisamente a manos de los monstruos en cuestión, lo cual, salvo que se aplique la lógica de un exitismo descarnado, cruel, representa una vindicación que Del Potro merece con holgura, como atenuante y como sendero que conduzca al lugar que le corresponde: el de un tenista extraordinario.
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4 de Diciembre de 2016|09:22
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