Imprescindible: reeditan "El género negro"

El exhaustivo ensayo de Mempo Giardinelli sobre la literatura policial fue editado en los años 80. Vuelve a las librerías ampliado desde una nueva perspectiva.

De acuerdo a Giardinelli, "sólo en el mundo de habla hispana, los lectores del género se cuentan por millones" y, según el especialista Bogomil Rainov que cita en varios pasajes, "en los 80 se editaban unos 2.000 nuevos títulos al año, 30 años después, un cálculo conservador estimaría por lo menos 4.000 títulos por año, con entre 10 y 15 millones de ejemplares".
 
"Hoy no hay literatura más leída, traducida y reimpresa que el género negro", explica el autor y tira un dato apabullante: "El escritor belga Georges Simenon (1903-1989) publicó más de 500 novelas, traducidas a unos 90 idiomas. Alguna vez leí que sólo la Biblia supera a Simenon en cantidad de lectores".
 
El género negro. Orígenes y evolución de la literatura policial y su influencia en Latinoamérica, que se convirtió en un libro de culto, fue editado originalmente por la Universidad Autónoma de México en 1984; en 1996 volvió a salir en ese país y apareció en Argentina con muy poca circulación.
 
En esta reedición de Capital Intelectual, Giardinelli replantea sus ideas, y completa la información de la primera versión. 
 
Casi como una trama policial, durante muchos años este título se convirtió en un objeto difícil de hallar, incluso -escribe el mismo autor- fue "fotocopiado por muchos aficionados". La razón: Mempo no sólo ofrece una guía para neófitos, sino que indaga con ejemplos, datos y una lectura profunda en las claves del género y sus clasificaciones, sus exponentes y las vinculaciones e influencias entre sí.

El ensayo está dividido en cinco partes que comienza con los orígenes y su definición; la evolución; los otros grandes escritores; los europeos y la novela negra en América Latina. Además incluye una entrevista con Ross Macdonald, un breviario de escritores latinoamericanos y un apartado sobre la novela negra y el cine como una confluencia ineludible.

Este libro deja una premisa: la literatura negra, que a pesar de una masiva aceptación es considerada "menor", impregna hoy en día la vida cotidiana, tiene mejores posibilidades de reseñar los conflictos político -sociales; penetra en millones de hogares del mundo a través del cine y la televisión y "ha influenciado a casi todos los grandes escritores modernos".
 
Esta literatura, identificada por su peculiar mecanismo de intriga, el realismo, un cierto determinismo social y un lenguaje propio, brutal y descarnado, surge "en cierto modo de emergencia en un momento muy peculiar (los años 20 en Estados Unidos) y responde a la tradición de contar lo que le pasa a la gente".
 
"No es un literatura `de escritorio´ sino que es arrancada de la vida misma. La novela negra moderna tiene menos de un siglo de existencia y entiendo por `moderna´ la que surge a partir de Cosecha roja, novela fundacional de Dashiell Hammett (1894-1961), a la que la anticipan varios siglos de acumulación cultural", escribe Giardinelli.
 
Este acopio tiene una prehistoria como el relato policial chino del siglo XVIII Tres casos criminales resueltos por el juez Ti, o las memorias del policía francés Eugene Vidocq hasta llegar al verdadero padre del género: Edgar Allan Poe (1809-1849), creador en 1841 del racionalista Monsieur Auguste Dupin.
 
Otros precursores fueron Thomas De Quincey (1785-1859), quien sacude "los valores más sagrados de la sociedad contemporánea analizando la transgresión más grave: la que atenta contra la vida humana" y el médico escocés Arthur Conan Doyle (1859-1930), padre del inefable Sherlock Holmes, "quien para millones de varias generaciones ha sido verdadero padre del género policial clásico".
 
Con estas materias primas, los "modernos" Hammett primero y Raymond Chandler después sentaron las bases de la novela negra con "la lucha del bien contra el ma`, la intriga argumental, el poder, la gloria y el dinero como factores capaces de torcer el destino de los humanos", subraya el autor.
 
Y precisa: "La literatura policial moderna responde más a las características de sus protagonistas que a las variaciones delictivas o los modos de consumación".
 
Así Giardinelli -que dedica un estudio a la novela de cowboys en el Far West como antecedente de la negra- inicia un recorrido fascinante por el último siglo del género a través de las obras y personajes (detectives) centrales de sus principales exponentes.
 
Dedica capítulos a Hammett, Chandler (de quien publica sus apuntes personales de misterio), James Cain, Ross Macdonald, Chester Himes, Jim Thompson, Horace McCoy, David Goodis, Charles Williams, James Hadley Chase y un veloz repaso por otros autores norteamericanos.
 
Párrafo aparte merecen europeos como Simenon, Boris Vian, el dúo Boileau-Narcejac y Jean Patrick Machette y la influencia de la obra del español Manuel Vázquez de Montalbán, que abrió el camino "negro" en su país. 
 
En la novelística regional, el autor insiste en la influencia norteamericana "con sus propias formas" y destaca a los argentinos Marco Denevi, Rodolfo Walsh, Juan Sasturain, Juan Martini, Ricardo Piglia, Osvaldo Soriano, Sergio Sinay y varios emergentes como Miguel Ángel Molfino, Selva Almada, Gabriela Cabezón Cámara, Leonardo Oyola y Juan Diego Incardona, entre otros.
 
Como el gimlet, el cóctel que nació en El largo adiós, de Raymond Chandler, mitad gin y mitad jugo de lima de Rose y nada más, "la verdadera novela negra está hecha mitad de crimen y realismo literario y mitad de talento autoral. Deja chiquita a mucha literatura rebuscada, pretenciosa e incomprensible", concluye Giardinelli.

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