El crimen de Ángeles, el de Marie Rogêt y Edgar Allan Poe

En 1841 Nueva York fue testigo de un asesinato de características semejantes y dio lugar a uno de los cuentos más célebre de Poe. Así sucedieron los hechos.

El crimen de Ángeles Rawson ha ocupado la desaforada atención de un gran número de diarios y de revistas, de programas de radio y de TV. El 28 de julio de 1841 Nueva York fue testigo de un asesinato de similares características, ampliamente difundido por la prensa de la época. Ese homicidio fue la razón de ser de uno de los célebres cuentos de Edgar Allan Poe; así sucedieron los hechos. 

El 28 de diciembre de 1841, el Graham`s Lady`s and Gentleman`s Magazine, un mensuario de Filadelfia, publicó Los crímenes de la calle Morgue, el cuento con el que Edgar Allan Poe inauguraría el género policial en la literatura. Poe entonces era el editor de la revista y seguramente, aunque hombre de imaginación superlativa, jamás habrá imaginado que el chevalier A. Dupin, personaje que acababa de inventar y que sólo protagonizaría otros dos cuentos —“El misterio de Marie Rogêt” y “La carta robada”—  iba a ser el arquetipo de los grandes detectives de ficción: fue el precursor de Sherlock Holmes y de Hercule Poirot y a partir de ellos de todos los investigadores privados que pueblan la literatura policial.
 
En palabras de Julio Cortázar quien, dicho sea de paso, tradujo toda la narrativa de Poe, “El crimen de la calle Morgue” “figura en casi todas las listas de los-diez-cuentos-que-uno-se-llevaría-a-la-isla-desierta. La combinación felicísima —salvo para paladares demasiado delicados— de folletín truculento y frío ensayo analítico es de los que atacan al lector con fuegos cruzados”. “La carta robada” tuvo parecida suerte: Jacques Lacan le dedicó uno de sus célebres seminarios. En cambio, El misterio de Marie Rogêt no gozó de la misma fortuna; como también apunta Cortázar: “este cuento ha merecido todos los reparos que se hacen a Los crímenes de la calle Morgue, sin ninguno de sus elogios.”

Tal vez la razón de ese desaliento se encuentre en la estructura interna del relato: C. Auguste Dupin, en esta oportunidad, por encima de la resolución del enigma mantiene una diatriba con ciertos modos del periodismo.  El cuento, como bien se sabe, parte de un hecho real: el 28 de julio de 1841 apareció el cuerpo de una mujer flotando en el río Hudson, de inmediato se supo que había sido asesinada y que se trataba de Mary Cecilia Rogers, una adolescente de no más de 20 años. Los diarios de Nueva York le prestaron fervorosa atención a ese crimen y muy pronto se convirtió en la noticia del momento. Poe, articulando un agudo juego entre autor-personaje-lector, por medio del relato del anónimo amigo y narrador de Dupin lo presenta de este modo: “Los extraordinarios detalles que me toca dar a conocer constituyen, por lo que se refiere al tiempo, la rama principal de una serie de coincidencias apenas comprensibles, cuya rama secundaria o final reconocerán todos los lectores en el reciente asesinato de Mary Cecilia Rogersen Nueva York (…) El hecho ocurrió unos dos años después, de las atrocidades de la rue Morgue. Marie, cuyo nombre y apellido llamarán inmediatamente la atención por su parecido con los de la infortunada vendedora de cigarros de Nueva York“.

Como se advierte, hace mención al anterior caso resuelto por Dupin y admite las coincidencias que hay entre Mary Cecilia Rogers y Marie Rogêt: el cadáver de Mary apareció flotando en el Hudson, el de Marie flotando en el Sena, ambas con nombres parecidos. Hábilmente, mezcla realidad y ficción, mecánica que desarrollará a lo largo del cuento: “La atrocidad del crimen (pues desde un principio fue evidente que se trataba de un crimen), la juventud y hermosura de la víctima y, sobre todo, su pasada notoriedad, conspiraron para producir una intensa conmoción en los espíritus de los sensibles parisienses. No recuerdo ningún caso similar que haya provocado efecto tan general y profundo. Durante varias semanas la discusión del absorbente tema hizo incluso olvidar los temas políticos del momento”.

C. Auguste Dupin, según puntualiza su narrador anónimo, analiza las notas que en torno al crimen de Marie Rogêt han publicado diferentes periódicos de París, refuta las mentiras y falsos supuestos de cada una de ellas —“Debemos tener en cuenta que, en general, nuestros periódicos se proponen fines sensacionalistas y triunfos personales mucho más que servir la causa de la verdad“— y, finalmente, resuelve el caso. Lo notable es que las notas periodísticas incluidas en el cuento no son una invención de Poe sino la copia textual de las notas reales que en torno al crimen de Mary Cecilia Rogers habían publicado los diarios y revistas estadounidenses.

Poe se limitó a cambiar los nombres: Brothar Jonhatan pasó a ser L`Etolie,Journal of Commerce se convirtió en Le CommercielSaturday Evening Post fueLe SoleilThe Commercial Advertiser se transformó en Le MoniteurThe Heralden Le Mercure y The Standerd en La Diligence. En las páginas finales del cuento, el chevalier Auguste Dupin sugiere quién es el asesino de Marie Rogêt. Cuando la policía de Nueva York resolvió el asesinato de Mary Cecilia Rogers advirtió, con cierto estupor, que coincidía con lo propuesto por Poe, una tesis diametralmente opuesta a la sugerida por la prensa a lo largo de la investigación. No es casual que en un momento Dupin diga: “Pues cabe pensar que es una lástima que su redactor no haya nacido loro, en cuyo caso hubiera sido el más ilustre de su raza. Se ha limitado a repetir los distintos puntos de las publicaciones ajenas, escogiéndolos con laudable esfuerzo de uno y otro diario.”
 
En estos días en que el crimen de Ángeles Rawson ocupa la atención de todos los medios, muchísimos loros parlantes se han convertido en cuervos depredadores. 

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3 de Diciembre de 2016|14:14
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