Falleció Richard Matheson, autor de "Soy leyenda"

A los 87 años murió uno de los grandes autores de ciencia ficción. Sus novelas, como "El increíble hombre menguante", fueron adaptadas al cine y la televisión.

La información fue brindada por el Sindicato de Guionistas estadounidense, del que Matheson era miembro, pero que no anunció dónde o cuándo falleció el autor ni la causa de la muerte.

Matheson nació en Allendale, Nueva Jersey, en 1926 y se crió en Brooklyn, Nueva York, para empezar a publicar historias de ciencia ficción en los años 50.

Su novela de 1954 Soy leyenda está considerada un hito del género, según reseña el portal de Europa Press.

Soy leyenda fue adaptada en tres ocasiones al cine, la última en 2007 en un thriller de gran presupuesto que protagonizó Will Smith y que recaudó casi 600 millones de dólares en los cines de todo el mundo.

Sobre Matheson y su novela más famosa

Los años ‘50 resultaron una época de gran esplendor para la ciencia ficción, absorbiendo el interés de la mayoría de los aficionados a la literatura fantástica y no pocos escritores profesionales. Es significativo recordar nombres como Ray Bradbury, Frank Belkap Long o Henry Kuttner, en un principio autores de relatos de terror, que paulatinamente dejarían el género de lado para escribir sólo ciencia ficción.

De todos modos, el cuento de terror en su forma más breve aún tuvo refugio en algunas revistas de ciencia ficción de miras amplias, como The Magazine of Fantasy & SF, editada por Ferman, o en revistas de misterio como Ellery Queen Magazine.

Richard Matheson, narrador extraordinario y luego solicitado guionista de cine y televisión, se convirtió en una presencia constante en sus páginas con historias que luego recogió en antologías de invariablemente trece relatos El último escalón(1955), Las payas del espacio (1957) o su serie Shock (1961-1980).

La ciencia ficción de los ‘50, si no en su vertiente literaria sí en la cinematográfica, es esencialmente terrorífica. Los viejos y apolillados espectros y hombres-lobo fueron sustituidos por extraterrestres o mutantes radioactivos, pero el fin perseguido seguía siendo arrancar un chillido de espanto al espectador.

Matheson, al plantearse su primera novela sin cerrar los ojos al aspecto comercial, no debió considerar mala idea escribir una historia de horror, siempre y cuando ésta tuviera un conveniente rebozo de ciencia ficción.

Soy leyenda apareció publicada en 1958, directamente en forma de libro, hecho no tan usual entonces como ahora, cuando la mayoría de la ficción de género vivía confinada en el marco de las revistas.

Argumentalmente es una novela de vampiros, pero no en la tradición fantástica procedente del romanticismo que cristalizaría en el Drácula, de Bram Stoker; Matheson enfoca el tema desde un punto de vista racionalista, heredado de su condición de autor de ciencia ficción, e intenta explicar de un modo plausible la infestación vampírica que ha transformado a la humanidad.

Su protagonista, Robert Neville, el último hombre sobre una Tierra poblada de vampiros, cree en su existencia (cómo negarlo), aunque se resiste a aceptar las leyendas supersticiosas en torno a ellos. Encerrado en su casa con un microscopio y un montón de libros, buscará el porqué de la epidemia y, de ser posible, intentará hallar el remedio. Tal vez sea éste el punto más débil de la novela, al suponer que un hombre solo, mal equipado y sin preparación previa sea capaz de llegar a conclusiones a las que toda la comunidad científica permaneció ciega.

Pero Neville lo consigue, quizá ayudado por la fortuna. En la sangre de los vampiros descubre una bacteria a la que él es inmune, vacunado casualmente por el mordisco de un murciélago enfermo, años atrás. La bacteria pasa al estado de espora y en el caso de que el vampiro muera y se descomponga, se dispersa por el aire y contamina a otras personas.

También encuentra Neville explicación a muchas de las limitaciones de la condición vampírica: al contrario que las balas, la estaca les mata, aunque también lo hace cualquier arma que mantenga la herida abierta, pues no es la hemorragia lo que acaba con el vampiro. Mientras permanece el bacilo en la corriente sanguínea es anaeróbico y vive en simbiosis con el vampiro; cuando una herida abierta permite el contacto del aire con la sangre el germen se convierte en aeróbico y se interrumpe la simbiosis, para pasar a consumir a su anfitrión, de ahí la rápida disolución del vampiro atravesado por la estaca.

Otras reacciones del vampiro son atribuidas por Neville a una ceguera histérica. Para su terror, el infectado muere sabiéndose condenado a un renacer como vampiro; al producirse este regreso de un modo traumático, enterrado en una tumba de la que deberá salir con enorme esfuerzo, el vampiro cree realmente en todo lo que su propia superstición le dicta y temerá la cruz porque se supone que debe hacerlo.

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8 de Diciembre de 2016|19:07
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