Caldo de ratas, una comida tradicional de un pueblo mexicano
Históricamente consumida por campesinos como alimento de subsistencia, hoy en día su consumo se extiende a la ciudad.

El Caldo de rata de campo es una comida tradicional entre las poblaciones rurales del altiplano central mexicano.

Históricamente consumida por campesinos como alimento de subsistencia, en la actualidad su consumo se ha extendido en la ciudad de Fresnillo, Zacatecas, a través de cantinas populares.

Su sabor y consistencia no son agradables ni relevantes al paladar. La carne es insípida y pastosa. En el caldo predominan el sabor picante y el de las verduras.

Se prepara con cilantro, zapallo calabaza, zanahoria, brócoli, chipotle (picante), coliflor, chayote, repollo, xoconostle y choclo. Se hierve todo junto en una olla con agua; se agrega ajo y tomate molido. Ya que la carne de rata casi no tiene grasa algunos deciden incluir menudencia de pollo para agregar sabor.

Además de las cantinas, la rata de campo se puede comprar, sin procesar, todos los domingos en el mercado central de la ciudad, a un precio de $25 pesos mexicanos la rata (aprox. $10 argetninos). Son solo dos los puestos dedicados a la venta de este producto y en promedio cada uno vende 200 ratas.

En el entorno rural es común que grupos de amigos o familiares se reúnan para salir a las áreas despobladas para cazar ratas de campo y así, luego, prepararlas y comerlas en caldo. El proceso consiste en observar abajo de la vegetacuón d ela zona, buscando la madriguera, senderos y heces del roedor.

Una vez localizada la madriguera se escarba siguiendo el túnel hasta que la rata salga. Cuando la misma intenta escapar, alguno del grupo de caza le dispara con una resortera para matarla. Antes de transportarla se le quitan las vísceras.

Dado el ecosistema que habita, la rata de campo sólo consume productos orgánicos y lleva una dieta herbívora por lo que la sanidad de la carne es muy alta y no se corre riesgo de contraer enfermedades al ingerirla.

Es muy común que los consumidores le atribuyan propiedades curativas, energéticas e incluso se menciona como estimulante sexual, sin embargo no hay demostración científica que sustente estos dichos.

Prescindiendo de las bondades no sustentadas que se le adjudican a su ingesta, el consumo de este producto se presenta como consecuencia del entorno semi-desértico y de los altos grados de marginación y pobreza en la región. Los estratos que la consumen, determinados a tener una dieta baja en proteínas, consideran el consumo de este producto como un complemento proteínico al alcance y económico.

¿Qué te pareció la nota?
No me gustó4/10
Opiniones (0)
24 de Noviembre de 2014|00:41
1
ERROR
24 de Noviembre de 2014|00:41
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"