De barco fantasma a milagro arqueológico

La legendaria nave de Enrique VIII se hundió en batalla contra los franceses hace más de 400 años. El "Mary Rose" de los Tudor ya tiene museo.

Bajo una luz tenue, el visitante recorre el pasillo central hasta encontrarse con una imagen casi fantasmagórica: los restos del casco del buque Mary Rose, de los que sólo se conservó su parte estribor. La parte babor de la legendaria nave de Enrique VIII ha sido reconstruida con ayuda de documentos antiguos y la más moderna tecnología.

El Mary Rose Museum, que abre sus puertas en el puerto histórico de Portsmouth (sureste de Inglaterra), alberga en sus vitrinas relucientes tesoros y cañones entre los 20.000 objetos que conforman su colección, hallada en un sorprendente buen estado cuando en 1982 se recuperaron los restos del buque.

El imponente edificio, construido a imagen de una embarcación, costó en torno a 27 millones de libras (31,5 millones de euros/40,46 millones de dólares). La restauración del Mary Rose añadió otros ocho millones de libras más.

"Queríamos un museo que trasladara al visitante a bordo de un barco de hace siglos", dice el almirante John Lippiett durante la presentación a los medios. El Mary Rose es 100 años más antiguo que el sueco Vasa y en todo el mundo es la única nave del siglo XVI que se expone en un museo y es transitable, como añade orgulloso Lippiett.

A un tiro de piedra de donde se ubica el nuevo museo se encontraba el muelle desde el que el Mary Rose partió en 1511, como primer barco de la naviera. Después de 34 años al servicio de la flota de Enrique VIII, este velero de cuatro palos y cañones de bronce se hundió como una losa en la batalla contra los franceses en Solent, ante las costas del sur de Inglaterra.

Sólo 30 de los 700 hombres a bordo sobrevivieron. "Mis galantes hombres se ahogaron como ratas", dijo según cuentan las crónicas el monarca, que había invertido dinero y hierro para sus nuevos cañones. Cuando 437 años después, tras 11 años de preparativos, en torno a 500 buzos, arqueólogos y técnicos sacaron a la luz los restos de la nave, no daban crédito a sus ojos: enterrada bajo una capa de lodo y sedimentos apareció una "cápsula del tiempo" que los trasladó a la era Tudor, reseña en su nota Anna Tomforde de la agencia dpa. 

Si el diario The Guardian calificó el hallazgo de "milagro arqueológico", para el historiador británico David Starkey el Mary Rose era comparable con la antigua Pompeya. "El Mary Rose es la Pompeya inglesa, conservada en el agua en lugar de entre cenizas", declaró.

Los exponentes del museo son testigos de este hito. "Todo lo que ven tras esos cristales es auténtico", afirma Lippiett. Entre otros, el visitante podrá admirar cañones de bronce adornados cabezas de león e insignias reales, arcos, el horno de piedra de la cocina, brújulas, zapatos, monedas de oro, instrumentos musicales, peines anti piojos y alcohol del botiquín.

A lo largo de más de 30 décadas de minucioso trabajo, los expertos no sólo han logrado reconstruir los restos del Mary Rose, sino también la vida a bordo. El visitante podrá encontrarse incluso con el calafate, el cocinero y otros miembros de la tripulación, pues sus rostros se han reconstruido basándose en los restos hallados.

Para ello se utilizó también la más moderna tecnología forense y de ADN, como en la identificación de víctimas de asesinatos. El esqueleto del perro Hatch, que se escondió en un hueco del taller de carpintería, se ha conservado perfectamente. Una réplica de peluche se vende ahora en la tienda del museo.

Seguí este vínculo para "visitar" el barco y admirar sus tesoros.

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3 de Diciembre de 2016|20:49
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