Valientes del siglo XIX: el mapuche que resistió al poder

La correspondencia del cacique Valentín Saygüeque permitió reconstruir la historia de la jefatura política que encabezó en Neuquén y resistió la Campaña del Desierto.

La divulgación histórica no recoge el dato en toda su complejidad, pero durante la expansión nacional sobre el territorio patagónico los cacicatos indígenas se organizaron para resistir el avance del ejército comandado por Julio Argentino Roca al mismo tiempo que intentaron renegociar sus pactos con el Estado. Un ejemplo fue el de Valentín Saygüeque, el gran jefe mapuche-tehuelche que había sido uno de los principales aliados de las autoridades argentinas pero terminó liderando las últimas resistencias de los pueblos del sur.

Para comprender mejor el entramado de alianzas que condujo a Saygüeque a la acumulación de poder y luego a la derrota, Julio Vezub, investigador adjunto del CONICET en el Centro Nacional Patagónico (CENPAT), recopiló y estudió las cartas de la “Secretaría de Valentín Saygüeque”, corpus de correspondencia escrita en español por y hacia el cacique, y que da cuenta de sus actividades por más de veinte años hasta que los documentos fueron capturados por las tropas que invadieron sus tolderías.

Este epistolario, prácticamente olvidado por los historiadores del siglo XX, pasó a formar parte del Archivo General de la Nación. “Cuando la división del general Villegas asaltó su residencia permanente sobre el río Caleufú, en Neuquén, Saygüeque escapó con su gente pero los mandos del ejército capturaron la documentación que había intercambiado con otros caciques, autoridades de Argentina y Chile, comerciantes y hacendados de ambos países desde 1860 hasta 1881”, explica el historiador, que lo recuperó en el marco de sus investigaciones.

La información y registro de los bienes intercambiados, el análisis de las negociaciones y pactos y el seguimiento de las redes de comunicaciones y sociabilidad ayudaron a Vezub a reconstruir la historia a partir de datos de primera mano, proporcionados por los propios actores, para echar luz sobre uno de los capítulos menos conocidos de la historia argentina y regional.

Publicó el libro Valentín Saygüeque y la Gobernación Indígena de Las Manzanas (Prometeo Editorial) donde cuenta la trayectoria y describe la estructura sociopolítica del cacicato, destaca en su nota Ana Belluscio en su nota para el Conicet.

Estratega y organizador

Diego Escolar, investigador adjunto del CONICET en el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA), coincide con Vezub en que la historia de Saygüeque habla también de la capacidad de articulación política de las jefaturas mapuches-tehuelches de la época, que era mayor a lo que habitualmente se considera.

“Uno de los puntos más interesantes fue su habilidad para trabar una red de alianzas políticas con caciques y capitanejos, que tenía en gran parte controlados, para hacer frente a un objetivo común”, comenta.

Saygüeque integraba uno de los principales linajes del norte de la Patagonia, y ya sus abuelos y bisabuelos tenían una historia de acuerdos primero con las autoridades coloniales, después con las bonaerenses y finalmente con las nacionales.

“Esos pactos se basaban en la distribución de áreas de influencia y respeto de autonomías. Los caciques se comprometían a no incursionar en las estancias ni los territorios controlados por la provincia, y el Estado a su vez les retribuía con mercaderías y raciones de ganado, especialmente yeguas”, enumera Vezub.

Sin embargo, la avanzada de las tropas nacionales rompió este sistema de acuerdos y una parte de los caciques intentó resistir. A pesar de que Saygüeque y sus allegados habían colaborado durante décadas en el equilibrio fronterizo, “a partir de 1879, cuando los sorprendió la agresión, Saygüeque y su Gobernación Indígena pasaron a ser referentes de la resistencia social y militar a la pérdida de soberanía”, dice Vezub.

Para Escolar, este cambio de signo en las alianzas del gobierno tuvo que ver con el balance de la campaña militar. Saygüeque había articulado una red de relaciones políticas con diversos caciques de Argentina y Chile, y a través de ese sistema tenía el control político de un vasto territorio, que perdió solamente hacia fines de la Campaña del Desierto.

“Era tal la importancia de este líder que cuando comienzan las campañas militares para someter la Patagonia, Roca sólo atacó a Saygüeque, con quien tenía una especie de alianza, hacia el final, a partir de 1879”, explica, y añade que hasta entonces las acciones habían sido dirigidas hacia otros pueblos, como los ranqueles, que habitaban la zona centro del país.

Derrota y renegociación

Tras la toma de sus tolderías en 1881, Saygüeque logró romper el cerco y coordinó acciones contraofensivas con los caciques Reuquecurá y Manuel Namuncurá. Vezub cuenta que el jefe conservaba el liderazgo sobre muchos capitanejos y hombres de pelea a pesar de que varias familias allegadas y parientes habían sido capturados y enviados como mano de obra servil a Mendoza, Tucumán y otras provincias, y, en algunos casos, los hombres habían sido incorporados al ejército y la marina.

Durante 1883 Saygüeque condujo un contingente de unos cientos de personas hacia el interior de la meseta rionegrina y chubutense y fue derrotado en dos batallas al sur del Chubut. Tras diferentes mediaciones regresó a Neuquén y se entregó en el fuerte de Junín de los Andes, su paraje natal.

Posteriormente fue trasladado a Buenos Aires donde se entrevistó con Roca, aunque fue retenido en calidad de prisionero en los cuarteles de El Tigre. Durante el cautiverio en Río Negro su liderazgo se debilitó y, una vez liberadas, muchas familias se reestructuraron o siguieron a otros jefes en el proceso de reasentamiento territorial que caracterizó a la década de 1890.

Como una suerte de resarcimiento, en 1899 el Congreso Nacional le otorgó tierras al viejo cacique en la localidad de General San Martín, Chubut. Sin embargo, sus descendientes las perdieron en el transcurso de una generación porque una empresa acopiadora de lana contribuyó para rematarlas con el pretexto de cobrar la deuda impaga de uno de sus hijos.

Para Vezub, el aspecto más interesante de la investigación fue la superposición de la documentación escrita por los secretarios de Saygüeque con las crónicas de viajeros, partes militares y el seguimiento sobre el terreno de los caminos que conectaban la Gobernación Indígena de Las Manzanas con el otro lado de los Andes y el interior patagónico septentrional.

“La historia de Valentín Saygüeque y su pueblo está contada en lo fundamental desde el interior de sus cartas, que proveen una versión original de los hechos políticos y militares y de las características de esa sociedad durante los 25 años previos a la ocupación nacional, al mismo tiempo que aporta criterios para comprender el proceso de construcción del Estado y sus fronteras”, concluye.

Llamar a las cosas por su nombre: la guerra de expansión nacional sobre Pampa y Patagonia

Para Vezub es importante reformular la denominación de las expediciones , ya que hablar de “Campaña del Desierto” da una idea de vacío social, cuando en realidad eran territorios con poblaciones, redes sociales y recursos económicos importantes ya por esa época.

“En ese contexto, más que una campaña sobre un espacio vacío fue una verdadera guerra social que involucró actores muy heterogéneos y relacionados entre sí en ambos bandos, tanto entre los indígenas como en las tropas que acompañaban al ejercito nacional, en el que también participaban indígenas”, analiza.

El territorio de la Gobernación Indígena de las Manzanas

En un sentido restringido, abarcaba el sudoeste del Neuquén, desde el lago Nahuel Huapi hasta la región de las actuales ciudades de San Martín y Junín de los Andes. Su ubicación permitía el control de varios pasos de montaña, y por lo tanto de las comunicaciones y la circulación de personas, ganado y bienes entre las plazas argentinas de Carmen de Patagones y la chilena de Valdivia.

“Era un territorio muy bien protegido y que contaba con muchos recursos como agua y ganado”, cuenta, “y sus habitantes eran muy celosos de que ningún criollo o español pudiera recorrer la totalidad de los caminos a uno y otro lado de la Cordillera. Era un secreto muy guardado, clave en la acumulación de poder y riqueza de los caciques durante el siglo XIX”.

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