Para provocar a los creyentes y convertir a los ateos

Javier Sanz, divulgador de historia en internet, ha recopilado las anécdotas más mundanas de los pontífices en su divertido libro "De lo humano y lo divino".

Se cuenta que Napoleón, en un rapto de cólera, amenazó a un cardenal enviado por el Pontífice: “¡Voy a destruir a la Iglesia!”. El cardenal respondió sin perder la compostura: “Eso es imposible, Sire, no lo hemos conseguido ni nosotros y llevamos siglos intentándolo”.

Podría decirse que el cardenal había leído el libro del periodista Javier Sanz titulado De lo humano y lo divino (Oberón), una simpática recopilación de anécdotas y curiosidades de los papas.

“Los papas han sido quizá los hombres que más poder han concentrado en la historia, porque no sólo gobernaban territorios, sino también disponían de las conciencias de su rebaño”, afirma Javier Sanz. En este libro, según su autor, “se muestra que debajo de las vestiduras sólo había un hombre, con sus virtudes y defectos”.

Una mirada objetiva a algunos de sus gobernantes, sobre todo en la Edad Media, sobrecoge a cualquiera, creyente o no. ¿Es posible que la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana haya sido dirigida por un guerrero inescrupuloso? Lo es. ¿Por un fornicador? Lo es. ¿Por un tirano? Lo es. ¿Por un avaricioso? Lo es. Por todo eso ha pasado la Iglesia... y ha aguantado, escribe con humor el periodista Juan Bosco Martín Algarra en lainformacion.com.

Curiosamente, ningún papa ha condenado la doctrina pastoral del anterior, pero sí sus acciones, hasta el extremo de sacarlo de la tumba y juzgarlo en estado cadavérico, como hizo Esteban VI con Formoso I a finales del siglo IX.

El obispo de Roma es humano. Juan XXIII le llamó la atención al arquitecto que proyectaba un edificio en el Vaticano y que se había olvidado diseñar los cuartos de baño: “Papae non sumus angeli” (los papas no somos ángeles), le escribió en una nota el bueno de Roncalli.

Pero son humanos también en el peor sentido del término. ¿Qué cristiano cree que el Espíritu Santo pudo elegir a Juan XII, un joven de 18 años, que gobernó la Iglesia en el siglo X y que pasó a la historia como como “El papa fornicario”? El pontificado de este indigno personaje es conocido para los historiadores como “pornocracia”.

El papa emérito Joseph Ratzinger, siendo todavía cardenal encargado de la Congregación para la doctrina de la Fe, reconoció en una entrevista: “Yo no diría que el Espíritu Santo elige papas: sólo garantiza que nosotros no arruinaremos del todo las cosas”.

El Espíritu Santo consintió que fueran elegidos papas tan fariseos como Inocencio II, que condenó el uso de la ballesta contra los cristianos, no así contra los musulmanes; y tan crueles como para permitir una matanza de miles de herejes cátaros, entre los que se encontraban mujeres y niños. “Matadlos a todos”, dijo el legado pontificio al ejecutor de la escabechina, “el Señor sabrá reconocer a los suyos”.

A la historia han pasado figuras siniestras como Alejandro VI, “pero que no fueron mucho peores que algunos de sus predecesores o sucesores”, según Javier Sanz. Sin embargo, también hubo otros papas que derrocharon santidad, como Urbano VII, que en su pontificado hizo una lista de todos los pobres de Roma para repartir pan entre todos ellos, compró la deuda de los bancos y, antes de morir víctima de la malaria, donó todas sus posesiones a las niñas desamparadas. Lástima que su reinado sólo durase 13 días.

Según Javier Sanz, la calidad espiritual de los papas ha mejorado mucho en los últimos tiempos. En su opinión, la llegada de Juan XXIII fue un punto de inflexión en la Iglesia: “Si le llamaron papa bueno fue por algo”.

Pero también el denostado Pío XII salvó vidas. En 1943 encargó el rodaje de una película al director Vitorio de Sica para, con la excusa del rodaje, proteger la vida de cientos de judíos y antifascistas buscados por la Gestapo. El rodaje se alargó deliberadamente hasta la liberación de Roma por los aliados. La película se estrenó al terminar la guerra con un título La puerta del Cielo.

Destacable fue también Pablo VI, enemigo de Franco, con quien sostuvo fuertes enfrentamientos, como el motivado por la condena de los últimos fusilamientos del régimen.

“En la historia de los papas, sobre todo en su parte más humana, se puede observar un reflejo de la vida de la Iglesia y, en cierto sentido, de las glorias y las vergüenzas de todos los gobernantes”, concluye Sanz. “Está claro que, si la Iglesia ha sobrevivido a tantos azares y a ciertos personajes tan nefastos, alguna razón habrá...”.

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