Publican una edición espectacular de "Rayuela"

Esta novela revalida la vigencia de Julio Cortázar en una edición conmemorativa lanzada por estos días en coincidencia con el 50 aniversario de su publicación.

Los méritos no han perdido impacto en la resignificación de época: baluarte de experimentación semántica y sintáctica que interpeló el rol del lector a la vez que ofició como una sutil representación contracultural evocadora de los contrates de una década vertiginosa, la obra que Cortázar comenzó a soñar en 1958 siguió el mismo derrotero de las vanguardias artísticas surgidas con pretensión subversiva y luego asimiladas por el canon.
 
Rayuela irrumpió en escena para demostrar todo lo que podía acontecer de novedoso si se abandonaba la solemnidad, la corrección e incluso la lógica, elecciones que postularon una ruptura con las formas clásicas de la narración que se agigantó con la propuesta de sacudir al lenguaje con nuevas expresiones, tal vez como una pretensión de ilustrar la imposibilidad de nominar la totalidad del mundo.
 
"Personalmente, creo no haber escrito nada mejor que `El Perseguidor`; sin embargo, en `Rayuela` he roto tal cantidad de diques, de puertas, me he hecho pedazos a mí mismo de tantas y de tan variadas maneras, que por lo que a mi persona se refiere ya no me importaría morirme ahora mismo", escribió Cortázar a su amigo Jean Bernabé en una misiva que integra el segundo volumen de Cartas, publicado por Alfaguara al igual que esta edición conmemorativa de la novela.
 
"Sé que dentro de unos meses pensaré que todavía me quedan otros libros por escribir, pero hoy, en que todavía estoy bajo la atmósfera de Rayuela tengo la impresión de haber ido hasta el límite de mí mismo, y de que sería incapaz de ir más allá”, define el escritor.
 
Ya desde la primera página, titulada "Tablero de dirección", Cortázar explicita su idea de romper el orden establecido y propone dos maneras alternativas de transitar las 600 páginas que siguen: de corrido -en cuyo caso el libro terminaría en el capítulo 56 siendo el resto "prescindible"- o según un itinerario no lineal en el que ubica como primero al capítulo 73, en cuyo caso todos los capítulos serían "necesarios".
 
"A mí se me ocurrió, y sé muy bien que era una cosa muy difícil, un texto donde el lector en lugar de leer consecutivamente una novela tuviera opciones, lo cual lo situaría ya casi en pie de igualdad con el autor, porque él también había tomado diferentes opciones al escribir el libro", explica el escritor en una entrevista publicada poco después de la aparición del libro.
 
La obra donde la Maga y Oliveira juegan al amor mientras deambulan de París a Buenos Aires y sobre todo, donde los lectores juegan a construir su propia novela dialogando o peleando con el surrealismo, lo fragmentario y lo poético, fascinó a tantos como sublevó a otros, aunque el tiempo ha disuelto el afán combativo de la mayoría de los segundos para cerrar filas en torno a una novela que está considerada entre las cien mejores del siglo XX.
 
Antes de entregar el manuscrito de Rayuela, que entró en contacto con los el 28 de junio de 1963, Cortázar tenía un bien ganado prestigio como cuentista a partir de obras como Bestiario (1951), Final del juego (1956) y Las armas secretas (1959) y había publicado ya otra  novela, Los premios (1960).
 
Aún no se había instalado la idea del "boom latinoamericano", cuyo disparador se produjo dos años más tarde con La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa y más tarde con Cien años de soledad del colombiano Gabriel García Márquez, pero de alguna manera el escritor argentino ya se había adelantado con su novela rupturista y experimental.
 
Ya sea por su ambición literaria y vital, su renovación de los pactos narrativos o su afán poético, Rayuela fue intensamente leída a través del tiempo con una curiosidad, asombro e interés que se condensa en esta edición conmemorativa que incluye un apéndice donde Cortázar narra la historia del experimento que buscó el más allá de todas las fronteras.
 
El lanzamiento de Rayuela viene acompañado de otras celebraciones relacionadas con el autor, ya que el 26 de agosto del año que viene se celebra el centenario de su nacimiento y unos meses antes, el 12 de febrero,  se cumplirán 30 años de su muerte.
 
En Buenos Aires habrá homenajes y celebraciones, entre ellas dentro de unos días se le colocará el nombre Rayuela a la Plaza del Lector, donde se encuentra la Biblioteca Nacional, en tanto que la Fundación Juan March de Madrid, donde se encuentra la biblioteca personal del escritor donada por su albacea Aurora Bernárdez, está terminando su proceso de digitalización que estará disponible en internet.

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10 de Diciembre de 2016|01:34
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