A sus 66 años, Cannes sigue siendo el de siempre

Con una muy simpática presentación de Audrey Tatou, la recordada protagonista de “Amelie”, se entregaron los palmarés del 66º Festival de Cannes, frente a una multitud que rodeaba la imponente sala Lumière, del Palais, a los invitados en sus casi dos mil plateas y a cientos de miles de televidentes franceses.

Thierry Fremaux, su director artístico, cumplió con el ritual de recibir a las estrellas y a directores de todo el mundo en ese atrio mágico en el que termina la altísima escalera alfombrada de rojo que este año vio pasar muchísimas figuras de renombre, algunas de ellas premiadas poco después.

“Antes te tirabas en un sillón rojo para ver a Ingrid Bergman besar a Cary Grant y soñar; una vez robado el sueño, el cine no me interesó más”, dijo por aquí el veterano Alain Delon, esta noche en la gala de premiación, que participó de la proyección de “A pleno sol” (1959), de René Clement, en versión restaurada.

Sin embargo, y a pesar de que lo mediático le quitó misterio al encuentro que todos los años en mayo reúne a cineastas, actores, productores y distribuidores, estos últimos en un mercado que ya no tiene espacio para crecer, de a cientos y de todo el mundo, Cannes sigue teniendo su glamour, que apasiona tanto a gente de a pie como a cinéfilos empedernidos.

La Competencia y Una Cierta Mirada, las dos selecciones oficiales de Cannes, ofrecieron un panorama homogéneo, si bien hubo algunas obras que no tienen materia suficiente para sostenerse por peso propio, y eso desgastó de alguna forma a la prensa acreditada y también a muchos distribuidores internacionales.

La violencia en primerísimo plano fue uno de los signos de varios de los filmes de las dos competencias oficiales, en algunos casos con una manifiesta intención de provocar, ya que es evidente que los cineastas incorporaron imágenes que pretenden ser explícitas, innecesarias y extensísimas.

Se vieron desde tormentos con combustible en genitales, hasta agresiones con armas punzantes en ojos, por solo citar los casos de “Eli”, de Amat Escalante, y “Sólo los dioses perdonan”, de Nicolás Winding Refn. No fueron los únicos.

El sexo, en cambio, solo apareció en forma contundente en la premiada “La vida de Adela-Capítulos 1 y 2”, con largas escenas de lesbianismo apasionado, explícito, que se repiten en varias ocasiones, filmadas con mano maestra por el cineasta, que se corresponden a la idea de amor-pasión del libro de historietas para adultos de la ilustradora francesa Julie Maroh.

En ese mismo sentido también se detectó la intención de los programadores de tener en cuenta la temática gay, particularmente en el cine francés, precisamente en un momento clave en el que se debate a nivel legislativo, y hoy con una gran manifestación callejera en París, una ley de matrimonio igualitario que genera debates y enfrentamientos.

Volvieron a sobresalir los cineastas con un talento reconocido y una sustanciosa filmografía en la mochila, tales los casos de Hirokazu Kore-eda, los hermanos Ethan y Joel Coen, reconocidos por su filme, Johnnie To, Jim Jarmusch, Roman Polanski y Ashgar Farhadi, y hubo dos grandes decepciones, las de Nicolas Widing-Refn, con el thriller místico “Only God Forgives” y la de Takeshi Miike con el policial “Escudo de paja”.

También se afirmó la tendencia a los filmes de larga extensión, es decir de dos horas o más (como el de Kechiche que llega a las tres), en algunos de esos casos sin justificación alguna, una evidente demostración de que no se trabaja con cuidado la síntesis ni la edición en función de una historia sino se la relaciona, casi siempre, con caprichos que tienen que ver con una supuesta profundidad conceptual.

Argentina, que participaba con dos largometrajes, “Wakolda”, de Lucía Puenzo, en la selección oficial Una Cierta Mirada, aplaudida de pie en su primera función con la cineasta, y con “Los dueños”, ópera prima de los tucumanos Ezequiel Radusky y Agustín Toscano, en la Semana de la Crítica, obtuvo una mención especial del jurado por el segundo.

La sección Clásicos acaparó la atención de los cinéfilos, igual que la Cine en la Playa, al aire libre, no obstante ésta tuvo dificultades ya que los primeros siete días llovió intensamente. La proyección de “Tiburón”, de Steven Spielberg, se sumó a la de “Los pájaros”, de Alfred Hitchcock, en la noche de ayer, que fue memorable.

En ese sentido se sigue con la intención, nacida hace menos de una década, de restaurar grandes filmes de todos los tiempos, como ocurrió con las citadas, así como con “El desierto de los tártaros”, de Valerio Zurlini o “La reina Margot”, de Patrice Chéreau.

Para quienes concurren con frecuencia a Cannes, todos los años a la misma hora, y hace ya mucho tiempo, esta entrega fue algo más tibia en cuanto a brillo en la alfombra roja, más allá de las prestigiosas figuras convocadas, y faltó algún toque escandaloso que decorara estos once días.

En cuanto a material de prensa en los casilleros de acreditados, aseguran que éste fue el que ofreció menos cantidad de papel, pero así y todo se desechó más de una tonelada.

No hubo merchandising de ningún tipo (bolígrafos, camisetas, gorros, pines), y a esta altura en los mostradores de la zona de los lockers se apilaban para quienes quisieran llevárselos cientos de pressbooks. La fiesta del cine llegó a su fin.

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18 de diciembre de 2017 | 11:53
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