Desde la ficción Claudia Piñeiro recupera la figura de su padre

En su última novela, "Un comunista en calzoncillos" la escritora en clave de ficción autobiográfica, repasa su propia infancia marcada por la dictadura militar.

"La ficción autobiográfica -dice Piñeiro- te permite establecer puentes que cortó en algún momento la realidad. Me pidieron un párrafo sobre lo estaba haciendo cuando me enteré del golpe militar del 76. Me acuerdo que lo envié pero después me quedé pensando: `Fui a clase ese día o no´, ese tipo de preguntas".
 
"Pérez-Reverte me dijo que la memoria es como un ramo de cerezas que vos tirás y salen un montón de cosas por los costados, y me pareció una linda imagen. Yo empecé a tirar y aparecieron hechos, imágenes, de los que hasta entonces no tenía conciencia y dije: acá hay una novela", menciona la autora de Las viudas de los jueves.
 
"Y entonces a lo autobiográfico me atreví a ponerle ficción, mucho es inventado, pero lo central es la relación que tuve con mi padre cuando finalizaba mi infancia, en ese impreciso paso hacia la adolescencia", cuenta acerca del libro, recién publicado por Alfaguara, que le dejó la sensación de "una realidad reparada".
 
"Entre las citas seleccionadas, que preceden al texto, elegí una de Rilke: «La verdadera patria del hombre es la infancia». De ahí viene uno", afirma Piñeiro.
 
La novela transcurre desde diciembre del 75 a junio del 76, y está dividida en un texto titulado "Mi padre y la bandera" y las cajas chinas numeradas, donde se entreveran palabras, anécdotas, citas históricas y fotografías que permiten escaparse del tiempo acotado de la narración.
 
"La idea surgió al escribir cuando aparecieron recuerdos que se iban del núcleo ficcional y desde la mirada de una niña, como la muerte de mi padre, o los orígenes de mis abuelos. Y de cosas que no encajaban y que tienen que ver con esa idea de racimo, de recuerdos dejados al costado", describe.
 
"Para el que tiene e-book -explica-, con el hipervínculo va directo a las cajas chinas y después vuelve al texto porque te permite una operación de lectura diferente".
 
La imagen del padre se perfila en el Burzaco natal de Piñeiro, en una familia de clase media, donde se recorta la figura paterna, que tiene una influencia sobre esa niña que narra lo que pasa en esos meses en su casa, en su barrio, en el club, en la escuela.
 
"Afuera estaba la dictadura, pero nosotros seguíamos con nuestras vidas, aunque quedamos marcados por hechos de esa época", reflexiona la escritora.
 
"Desde mi padre, siempre la figura central, irrumpieron recuerdos relacionados con esos momentos que tuve que chequear en las redes, algunos aparecían tal cual, pero no en el momento que pensaba, otros nunca sucedieron o los redescubrí. El recuerdo uno lo viste de distintas cosas a través del tiempo, es un proceso emocionante despertar recuerdos dormidos", desliza.
 
Las marcas de la infancia, asegura Piñeiro, "son fundacionales, me encanta reconocerlas y decir que soy de Burzaco, que mi familia es gallega por todos lados, y me gusta esa identidad. Mi hermano salió de la misma familia y tiene otras marcas personales". 
 
Según Piñeiro, "en la adolescencia si tu familia dice algo diferente al resto de las familias es terrible porque uno quiere parecerse a todos los demás; al mismo tiempo te das cuenta que es más real lo que te dicen en tu casa, pero no podés enfrentar al grupo. No es el momento de tu vida para hacerlo".
 
Cuando la profesora de historia la llama y le pregunta "Vos y tu familia son comunistas" ella, la nena, le dice que no. "Ella traiciona a su padre, porque él decía que lo era, pero en su casa, en calzoncillos, no salía a dar batalla. Era algo utópico".
 
"En un foro leí el primer capítulo de la novela y el escritor peruano Alonso Cueto me comentó: `Me encantó el personaje del comunista en calzoncillos y ahí tuve el título`", revela.
 
Más allá del libro, "la necesidad del silencio en aquellos años es algo que marcó mi escritura en mi intención de romperlo. Y esa semilla está en la novela donde se trata de sobrevivir".
 
La foto de la tapa es en Mar del Plata, el lugar de veraneo de entonces, "ahí estoy con mi papá, cuando la vi me puse a llorar. El se murió antes de que fuera escritora y ahora verlo en la tapa es como una reparación". 
 
"Mi papá era una persona enojada con el mundo, eso me afectaba, y después al recordar apareció su sonrisa y fui encontrando esos momentos de mi padre, jugando al tenis, en mi casa... Volví con este libro a recuperar una imagen suya más amorosa y comprensiva", finaliza Piñeiro.

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