Andrés Calamaro y su alto contagio de alegría

Anoche, El Salmón y su banda ofrecieron un sólido y estupendo recital plagado de sus hits, tocasos a lo “Los Rodríguez”. Aquí, la mirada crítica.

Recién termina el show y, por eso, empezamos por el final: luego de unos 25 años de venir viendo a Andrés Calamaro en vivo, ¿qué ha perdido, qué ha ganado, con el tiempo, este rockstar, virado a lo torero sexy y twitteador?

Básicamente, nada, lo cual es una maravilla poco usual en el derrotero de un rockstar tan expuesto como él. Siempre, pero siempre, ha ofrecido recitales sólidos y complejos, a pesar de la superabundancia de hits que marcan su carrera y sus “vivos”.

Calamaro siempre ha puesto su repertorio al servicio de la cultura del rock, porque Calamaro –además de ser un creador– sabe mucho de rock. Casi se diría que hace docencia cuando toca en vivo y, del mismo modo que modifica sus melodías cuando canta (muy Dylan, él), también modifica, reinventa, sus canciones a partir de cruzarlas con géneros clásicos del rock y con el espíritu de las banda que forma, para dejar el repertorio en manos de otras influencias que han alimentado su producción, como el tango o la rumba flamenca.

Esta vez, formó una de jóvenes talentosos y muy virada al estilo de aquella que tuvo en los ’90, “Los Rodríguez”: menos virtuosismo y más rocanrol. Resaltan, sin dudas, las guitarras de Julián Kanevsky (capo en la técnica del slide) y del notable Baltasar Comotto (guitarrista del Indio Solari), con sus solos conmovedores. El bajo de Mariano Domínguez y la batería de Sergio Verdinelli, trabajan en bloque firme para las violas. Y las teclas de Germán Wiedemer, impecables, pero también discretas. Y por supuesto, también Andrés, tocando el piano un poco más de la cuenta esta vez y no dejando de ser acompañado por su viejo Leslie a pedal, testigo de tantas corridas por el mundo.

Tal vez, quién sabe, el espíritu bien rockero de esta formación tiña el próximo disco de El Salmón, quien volverá a poner la edición en las manos de un gran maestro, como lo es Cachorro López.

Comenzó puntual anoche el asunto, a las 21.30. Y fue todo placer:  “A los ojos”, la imperecedera “Todavía una canción de amor”, “Crímenes perfectos” (con los infaltables coros de las chicas, de fondo), “El Salmón”, “Mi enfermedad”, “Mi bandera” (tema nuevo compuesto con Litto Nebbia), “Los aviones”, “La Mujer Mundial” (hemosa versión, con un guiño final a “Stairway tu heaven”), “Output imput” y “Mi gin tonic”, con un homenaje melancólico a “You are so beautiful”, de Joe Cocker, “Tres Marías” y una inolvidable versión de la inolvidable “Media Verónica”, marcaron la primera parte del show, que culminó con dos chicas subiendo un cartel al escenario por todos largamente aplaudido “Mendoza sin trata”.

Siguió el torero con “Me estás atrapando otra vez” (uno de sus hits a las idas y las vueltas a ciertos consumos indebidos), “Loco”, “Carnaval de Brasil (en amable versión), el himno popular “Estadio Azteca”, “Te quiero igual” y una desprolija versión de “Canal 69” (del primer disco de “Los Rodríguez”), siguieron en la lista.

Para el final, nos guardó un set potente con “Me arde”, la gitana “Sin documentos”, “Flaca” y su himno al amor, “Paloma”, temazo irrevocable. Volvió de los bises con “Alta suciedad” y la enérgica “Los chicos”, con “homenaje a los caídos”, incluido, en pantalla, con los rostros de, entre otros, Carlos Gardel, Aníbal Troilo, Enrique Morente, Astor Piazzolla, el Potro Rodrigo, Miguel Abuelo, Julián Infante, Guille Martín, Federico Moura, Luca Prodan y, claro, Luis Alberto Spinetta, para ovación de todos.

Así, sus recitales son fiestas donde cantamos todos, pero, además, fiestas coloridas y nutritivas, verdaderos hechos culturales. Y esto pasó anoche, en el Arena, con 3.500 personas siendo parte de este saludable proceso y con “El Salmón” lejos de Twitter y cerca, muy cerca de su alma de torero.

Lo pone feliz a uno escuchar recitales de Andrés. Larga vida, entonces, a este querido rockstar y a las ceremonias que, para nosotros, urde cuando sube a escena.

Ulises Naranjo.

Opiniones (2)
24 de octubre de 2017 | 09:14
3
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24 de octubre de 2017 | 09:14
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  1. Saynomore: ¡tenés razón! Ahí, junto a Gardel, apareció El Che, con su boina y su sonrisa. ¡Gracias por tu aporte!
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  2. Muy buena crónica, coincido. Y agrego que en los rostros pasados por la pantalla durante "Los chicos" también estuvo El Che !! Dato no menor, que no debe dejar pasarse.
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