¿Qué somos, qué fuimos y qué debemos ser?

Historiadoras del Conicet analizan el rol de los intelectuales del siglo XX en la construcción de proyectos identitarios a través de sus discursos en Santa Fe y Mendoza.

“Qué somos, qué fuimos y qué debemos ser” son, según la historiadora e investigadora independiente del Conicet Liliana María Brezzo los interrogantes propios de un proyecto de Nación, del conjunto de significados, ideas, sentimientos y conceptos que definen la identidad conjunta de una comunidad en un territorio.

Junto a María Gabriela Micheletti y Eugenia Molina, también investigadoras del Conicet en el Instituto de Estudios Históricos, Económicos, Sociales e Internacionales en Rosario y Mendoza, respectivamente, Brezzo indaga acerca de proyectos de nación e identidad que se produjeron y circularon en Argentina durante los siglos XIX y XX, a través de los discursos históricos de letrados e intelectuales de las provincias de Santa Fe, Mendoza y del Nordeste del país.

“Indagamos esa construcción desde dos ángulos diferentes: por un lado, las diversas visiones de Nación que desarrollaron las principales corrientes ideológicas operantes en el país; y por el otro, el papel que las tradiciones intelectuales tuvieron en la constitución de la Nación”, señala Micheletti.

Las investigadoras explican que estos hombres desempeñaron, desde mediados del siglo XIX, un papel central en la creación de la comunidad nacional. Eran letrados, historiadores, periodistas, ensayistas y políticos o, como los llaman las cientistas sociales, “productores culturales”. Según Brezzo, en sus discursos pueden encontrarse indicios sobre qué fuimos, qué somos y qué debemos ser.

“Las visiones de Nación van al compás de las grandes tradiciones historiográficas, hay una tradición liberal, que se prolonga desde mediados del siglo XIX hasta los años ‘30, con un panteón de próceres propio: San Martín, Belgrano, Rivadavia, Sarmiento. Con el nacionalismo de los ‘30 y el revisionismo histórico se crea otro, centrado en Juan Manuel de Rosas. Luego el peronismo recogió algunos de los héroes liberales, como Sarmiento”, comenta Brezzo.

En las provincias estos pensadores e historiadores de oficio, aún no profesionales hasta bastante entrado el siglo XX, plasmaban sus reflexiones sobre el ser nacional en publicaciones de circulación reducida y su público estaba principalmente conformado por las elites intelectuales y políticas de la época. Pero además eran quienes redactaban los manuales de escuela, por lo que sus ideas también circulaban en otros ámbitos más generales.

En el caso de la primera parte del siglo XX las investigadoras trabajan con obras de David Peña, Manuel Cervera, José Luis Busaniche y Julio César Raffo de la Reta, entre otros, y para los años posteriores estudian los textos de Fermín Chávez, José María Rosa y del paraguayo Juan O’Leary.

Sin embargo, no sólo analizan los discursos públicos de estos letrados, sino que incluyen entre sus fuentes sus intercambios epistolares. “Las cartas nos permiten ver el pensamiento del intelectual pero de una manera más sincera, directa e íntima”, dice Brezzo.

Centro y periferia

“Nosotras hablamos de ‘la Nación en la periferia’, porque no trabajamos directamente con los discursos producidos desde Buenos Aires sino que estudiamos los de Santa Fe, Mendoza y, en mi caso, Paraguay y el Nordeste argentino y vemos las tensiones que hay entre ellos y los textos porteños”, comenta Brezzo.

Uno de los puntos de tensión fuertes entre los historiadores y letrados de las provincias y los de la capital durante los siglos XIX y XX fue la configuración del panteón de héroes nacionales.

Micheletti explica que los caudillos fueron revalorizados tempranamente, ya en las últimas décadas del siglo XIX, en el interior del país como héroes populares locales y constructores de la nacionalidad, mientras la construcción histórica porteña los denostaba y fue recién el revisionismo de los años ’30 el encargado de modificar ese imaginario, con la reivindicación de Juan Manuel de Rosas.

Para ilustrar esta tensión, Brezzo comenta que desde el nodo Mendoza Molina estudió cómo la historiografía mendocina hace una apropiación de la figura de José de San Martín, porque le permite definir el rol de la provincia primero en el proyecto revolucionario, y luego en el nacional. La construcción de la ‘mendocinidad’, entonces, hace del prócer un elemento clave de su inserción en la comunidad identitaria general.

“Esto se hace palpable en el relato sobre Mendoza incluido en la Historia de la Nación Argentina, publicada por la Academia entre mediados de los años ’30 y ’40 del siglo XX. En la memoria de los mendocinos San Martín ya no es ese héroe construido desde Buenos Aires por Bartolomé Mitre, sino que es alguien que les ayudó a ellos a construir su identidad provincial”, explica.

Por su parte, Micheletti estudia la figura de Estanislao López en Santa Fe, revalorizada por la elite local a partir de la biografía publicada por Ramón J. Lassaga en 1881 y de la celebración del centenario de su nacimiento en 1886. Por entonces se elevó un monumento y se le dio su nombre a una calle céntrica, con el fin de instituir lugares de memoria vinculados al héroe.

“En el discurso histórico a veces se advierte un uso político del pasado La celebración del centenario de López fue un intento del gobierno autonomista santafesino -el denominado galvismo- de posicionarse frente a la Nación y de demostrar sus logros: se quería mostrar que así como en la época de López la provincia desempeñó un papel protagónico, también marchaba al frente secundando el proyecto liberal agroexportador del ‘80”, explica.

La investigadora señala que fue un discurso exitoso a nivel local, iniciado por Lassaga y retomado por otros historiadores, como José Luis Busaniche, pero que además caló hondo en la memoria colectiva de la sociedad santafecina como discurso de identidad provincial frente a la tradición porteñocéntrica.

Brezzo por otro lado, estudia a los letrados paraguayos en su relación con sus colegas argentinos. “En este escenario lo más relevante tiene que ver con la guerra del Paraguay, o ‘contra la Triple Alianza’ como la llaman en el país vecino. Mientras que en Buenos Aires se construyó una imagen del Mariscal Francisco Solano López como el causante de la guerra, como un salvaje incivilizado, en las provincias del nordeste argentino los escritores también tuvieron una visión mucho más proparaguaya, por la comunicación y la vecindad que tenían”.

De acuerdo a las investigadoras esto demuestra que esos discursos que se creen homogéneos, o generalizables a toda la Nación, en realidad no lo son. Coinciden en señalar que la construcción del ser nacional es algo dinámico que se configura constantemente, en gran parte a partir de los discursos de estos productores culturales.

“No se puede mantener una identidad presente, ya sea personal o colectiva, sin la memoria del pasado. Tampoco se pueden construir proyectos a futuro si uno no tiene una interpretación del pasado compartido”, concluye Brezzo.

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