Las Torres de la Luna: cuando los yanquis negaron la noche

Las primeras redes eléctricas tendidas en las ciudades generaron las ideas más locas: si la oscuridad era el pasado, el futuro significaba la derrota de la noche.

A fines del siglo XIX las grandes ciudades de Europa, América Latina y Estados Unidos comenzaron a reemplazar las lámparas de gas que iluminaban débilmente sus calles por farolas eléctricas, más luminosas.

La fascinación ante la recién conquistada luz nocturna merced al incipiente tendido de redes eléctricas encendió una loca bombilla en la mente de ciudadanos y gobernantes: si la oscuridad era el pasado, el progreso debía significar la derrota de la noche.

En varias ciudades norteamericanas se instalaron unas enormes torres llamadas "De la Luna llena”, gigantescas estructuras coronadas con potentes focos que, literalmente, iluminaban la ciudad por la noche como si la Luna llena brillara eternamente sobre sus cielos.

La historia de esta “innovación” y sus consecuencias la narra Megan Garber en Slate en su artículo “Tower of Light”  y que rescata  en el blog futuretech.

Aurora (en Illinois) fue la primera ciudad en tener su "Torre de la Luna”. El ayuntamiento contrató a Charles Francis Brush (competidor de Edison en la carrera para electrificar Estados Unidos) para instalar seis torres coronadas por entre 4 y 6 lámparas de arco, cada una capaz de emitir entre 2.000 y 6.000 candelas de potencia (el equivalente a 150 fluorescentes de 40 watios).

El efecto de aquellas torres, que estaban encendidas toda la noche (no existían aún conceptos como “despilfarro energético” o “conciencia ecológica”), “bañando los campos de alrededor y las afueras de la ciudad con algo parecido a una Luna llena de verano”, según un testigo de la época. “La noche dejó de ser noche y la alegría llegó a la ciudad”, escribe Garber.

Pero los vecinos no tardaron en encontrar las desventajas a la Luna llena artificial. La luz de las torres de Aurora salían de un foco y creaban sombras y zonas de penumbra que desorientaban no sólo a los vecinos sino a los animales de las granjas, que empezaron a morir exhaustos por la privación de sueño.

La única gran ciudad que instaló "Torres de Luna" fue Detroit, cuyo municipio contrató en 1882 a la Brush Company para instalar 70 torres de luz de más de 50 metros de alto para sumir a la ciudad en un perpetuo día. La empresa se comprometió a instalar las torres gratuitamente para convertir Detroit en “la ciudad mejor iluminada del mundo”.

Muchos vecinos de Detroit fueron reacios a la idea de la Luna artificial desde el principio. Algunos se quejaron de las feas estructuras y las caóticas redes de postes y cables que atravesaban la ciudad. Otros se quejaban de la desorientación y la confusión que sufrían en las noches y de los accidentes que se produjeron.

Como los costos humanos y económicos de las torres superaron sus supuestas ventajas, un periódico de la ciudad declaró el proyecto de luz celestial artificial como “un sonoro fracaso” y las torres emigraron a tierras sureñas, en busca de nuevos incautos dispuestos a abrazar el eterno día como sinónimo de futuro.

Austin, Texas, instaló 31 torres de luz en 1894, 17 de las cuales aún sobreviven, apagadas eso sí, por el bien del descanso de los vecinos.

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8 de Diciembre de 2016|17:47
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