Laura Restrepo: "El sueño americano no está en ningún lado"

En su nueva novela, "Hot Sur", la escritora colombiana desentraña la violencia y el maltrato contra los migrantes en Estados Unidos.

El cuerpo como último territorio y la piel como última frontera, la cartografía del afecto como tierra habitable y la geografía como espacio negado, dan forma a este libro que para Restrepo "es un viaje hacia el otro y hacia uno mismo"
 
"Los personajes se desplazan en el mapa pero el lugar que buscan es el común aprecio. Fíjate y verás —dice a Télam Restrepo—, ese sueño americano no está en ningún lado". 
 
La extensa novela editada por Planeta, narra la historia de María Paz, una colombiana que emigra a Estados Unidos junto a su pequeña hermana Violeta cuando su madre las manda llamar, flamante ciudadana norteamericana, a cinco años de haber emigrado buscando un sueño que ni siquiera su "green card" logra materializar. Siempre será una extraña en tierra ajena y con ella su descendencia.
 
"La limpieza como concepto de exterminio es central porque permite pasar de una cuestión más prosaica como las encuestas sobre hábitos de aseo que hace la protagonista, a connotaciones raciales -la latina de Staten Island asume que el tufo del monumental basurero que alberga la isla proviene de sus vecinos africanos-, o a aspectos religiosos con sangrientos ritos de purificación", explica la autora.
 
Ocurre que el libro también es un thriller, una narración de suspenso con asesinatos cruentos, seriados, rituales oscuros y la necesaria dosis de amor pasional con el triángulo de rigor, "si no hay amor no es una novela", dice la protagonista. Y a la vez es un cruce de imaginarios -limpio sucio, norte sur, dentro fuera- la morena María Paz cae presa por la muerte de su marido, policía "gringo" que con la boda le dio los papeles de residencia.
 
"Toda novela es culpa y expiación", escribe Restrepo avanzado el texto, y cita a Walter Benjamin: "La narración es el lenguaje del perdón", por eso construye a sus personajes de palabras.
 
"Esta no es tanto la historia de una presa, sino la historia de cómo una presa escribe su historia, de cómo se reconoce a sí misma en ese lenguaje que va descubriendo y que en la cárcel le niegan cuando le prohíben hablar español", cuenta.
 
El cuerpo en esta trama es puro simbolismo, plantea varias de las muchas narrativas que atraviesan la historia, lógicas que no responden a la razón, como el autismo de Violeta.
 
"Ella es la Reina del sinsentido, la única que tiene el cuadro completo, la que dará las claves para muchas cosas. Sus soluciones vienen como a trasmano, fuera de las palabras. Muerde, grita, pega. Violeta no depende de las palabras pero sí, vuela", sonríe Restrepo.
 
Esa coherencia torcida también se presenta en María Paz, que es de hacer mucho y negar mucho al mismo tiempo. "Ella no asume su destino reflexivamente, pero lo enfrenta con el cuerpo, con el cuerpo reacciona", reconoce la autora.
 
"Me interesaba una muchacha muy del montón, que no fuera una súper cabeza. La quería muy metida en la cultura popular, si la vieras como una heroína de cómics ella sería como la mujer que atraviesa muros, la cárcel, la raza, la frontera... Habría que pintarla así", vuela Restrepo.
 
Y que la lógica no funcione, asegura, "es clave para que la novela sea verosímil. Fíjate que muchas veces hay puras irracionalidades. Mandra X -activista pro DDHH en la cárcel, condenada a perpetua- mantiene la dignidad de las presas reivindicando "el mugre", "es lo único que nos queda", "el mugre es nuestra historia", dice.
 
"El único territorio liberado está de la piel para adentro -continúa-. Mandra lo marca, esa es tu trinchera, la ropa que tienes no es la tuya, te quitaron el nombre y te pusieron un número, te quitaron tu espacio y te metieron aquí, sin aire, sin luz, pues  aferrémonos a nuestras marcas, nuestras cicatrices, nuestro dolor".
 
¿Por qué la migrancia? "Es un poco el símbolo de nuestra época, el territorio que desaparece como identidad y se hace virtual, por eso la identidad en esta novela está en los lazos de afecto".
 
"Contra esa tendencia al desplazamiento y el peregrinaje, contra esa urgencia y conciencia global, es que están todos estos muros, los de la lengua, las cárceles, las casas en que se refugian los protagonistas, su propia piel", advierte.
 
"Vivimos en tiempos de crisis y revelaciones, un tiempo donde la urgencia de cambiar es innegable, antes de que el planeta se agote, antes de que privaticen las semillas y el agua. Latinoamérica siempre lo supo pero ahora se entera el primer mundo, con sus banqueros riquísimos y una juventud sin trabajo, techo, futuro ni educación". En esa percepción colocó Restrepo a estos personajes, desterrados, al filo, pero comenzando a soñar otra cosa.

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4 de Diciembre de 2016|08:46
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