Rosa Montero: "La madurez literaria es ser más libre"

En "La ridícula idea de no volver a verte", la escritora se mira como en un espejo en los diarios de Marie Curie para reflexionar sobre la vida, la muerte y el dolor.

"La madurez literaria pasa por ser cada vez más libre a la hora de escribir y este libro está cerca. Libre de prejuicios, de miradas, de ambiciones, de mis propias represiones. Estaba con otra novela y me bloqueé, cuando temí que sucediera surgió esta obra como un torrente creativo, de alguna manera me ha salvado la vida", dice Montero.
 
La ridícula idea de no volver a verte (Seix Barral), que presentó en la Feria del Libro de Buenos Aires, una mezcla de géneros, un conjunto de pensamientos encadenados, o "un ensayo narrativo", como lo ubica la autora "en caso de existir". En él despieza el gran rompecabezas que es la vida de la mano de los diarios de Marie Curie, científica pionera, primera mujer en recibir un Premio Nobel y única en ser galardonada con dos.
 
Montero (Madrid, 1951) quedó impresionada cuando comenzó a leer los diarios de Curie para un futuro prólogo, devenido en este novelístico canto a la conciencia. "Me impactó su cercanía, pasión y crudeza. La manera en que tantos podemos identificarnos con ella", cuenta la periodista y escritora, con su clásico acento madrileño.
 
"La redescubrí pues la Curie que conocemos es muy convencional y su vida es más compleja. Es una mujer y una persona tan emblemática que me servía como espejo de aumento para reflexionar sobre temas esenciales de la vida, míos pero también de todos: la madurez, encontrar tu lugar en el mundo, vivir la vida con cierta serenidad, ligereza y tranquilidad interior", confiesa en diálogo con Télam.
 
Anécdotas, reflexiones, recuerdos, sentidos, preguntas sin respuestas y el escrúpulo del dolor de la muerte compartida entre ambas mujeres -Madame Curie perdió a su esposo, el físico Pierre Curie, y Montero también al suyo hace cuatro años, Pablo Lizcano- brotan a lo largo de este delgado texto que cabalga, en tanto, entre el ser o no ser.
 
Montero sigue los pasos de Madame Curie y en esa narración se permite que irrumpan sus memorias biográficas y otros tantos pensamientos que escarban en su intimidad. Pero también se permite reflexionar sobre límites culturales y sociales, barreras que se suceden a lo largo y ancho de la historia, en definitiva, sobre la condición humana, sea varón, sea mujer.
 
"La necesidad de encontrar un lugar en el mundo, el peso del mandato paterno, la relación con la pérdida, con la muerte, con el paso del tiempo, con la pasión amorosa, con la ambición. O la pregunta, sin respuesta claro, ¿qué es ser hombre, qué es ser mujer? ¿Hasta dónde llega lo biológico, lo cultural?", detalla la escritora sobre la catarata de ideas que se abren para ver un poco más allá.
 
"La finalidad última del libro es hablar de la vida, cómo podemos vivir de una manera más plena y feliz, pero no se puede hacer en profundidad sino haces las paces con la muerte. Si quieres vivir con serenidad, con cierto entendimiento y aceptación tienes que acordar con la idea de la muerte", desliza Montero sobre este compendio muy lejos de la autoayuda.

"Me considero feminista, mejor dicho antisexista -no reniego de la palabra porque tiene una connotación histórica preciosa, aunque creo más justa semánticamente antisexista-, pero detesto la literatura militante utilitaria", dice la española. "Uno no escribe para enseñar sino para aprender, este libro está lleno de preguntas y no tiene muchas respuestas. El sentido de la escritura es la búsqueda de la existencia, nunca empiezas ese viaje de descubrimiento con las respuestas ya listas".
 
Sobre la novedosa introducción de hashtag (etiqueta usada en las redes sociales), como un modo de etiquetar la información, Montero dice que "apareció naturalmente, creo que es un signo ortográfico muy útil, elocuente y económico. Cada vez que aparece uno de esos conceptos indica que es un pensamiento en construcción a lo largo del libro, entonces el lector ya sabe que debe unirlo con las veces que ha aparecido antes. Me parece que es un signo magnífico que terminará entrando en la escritura normal".
 
"Desde el primer párrafo aparece el interlocutor. Pensé este libro como una conversación muy íntima, casi un susurro musitado con alguien muy querido en un lugar bonito y recoleto como puede ser la esquina de un parque. Uno de esos momentos perfectos en la amistad cuando de repente consigues sentir que estáis llegando a tocar el corazón del otro", explica Montero.

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