"Los garcas", una historia del poder en Argentina

El ensayo Vicente y Hugo Muleiro aborda la condición de quienes le dan la espalda a la idea de nación como comunidad de cara al enriquecimiento individual.

"Se es garca por poseer el oficio de perjudicar a los otros y pertenecer o adherir a las políticas y a la visión del mundo y de la vida de la oligarquía", expresan Vicente y Hugo Muleiro, autores de Los garcas. Una tipología nacional.

El libro editado por Planeta se presentó en la Feria del Libro. Combina ensayo e investigación periodística y toma como eje el término garca del lunfardo, y tras hurgar en sus pliegues semánticos -"el que defrauda, "cagador", "plutocracia", oli-garca"-, indaga en sus raíces históricas.
 
De este modo, se va recortando un prototipo, figura que los autores caracterizan como aquel que "establece con los demás una relación de sujeción y explotación y, en cualquier caso, de prejuicio y perjuicio", y que además es un individuo ventajero y chanta.
 
"Todas esas calificaciones le podrían caber -dice Vicente Muleiro en diálogo con Télam-, pero más ajustado sería hablar de una persona que tiene perturbadas sus relaciones con la alteridad. El modelo de garca está en la cumbre de la pirámide social: un personaje que vive de la riqueza de este país y de la explotación intensiva de su gente".
 
"La figura del garca -explica- atraviesa todas las clases sociales: repitiendo la ideología racista y clasista de sus amos, pidiendo mano dura para disciplinar a la sociedad, prepoteando desde su lugar como un sargento de la sociedad que no acepta ser cuestionado".
 
"El lenguaje fue la gran máscara para ocultar pasados miserables, piraterías de ultramar, hidalguías derrengadas, blasones de plástico, padrinazgos improbables o aventurerismos pendencieros y portuarios que cruzaron el Atlántico como tantos pícaros polizones".
 
La historia del garquismo en Argentina presenta un extenso registro; el primero Bernardino Rivadavia; luego una caterva de personajes que en la contracara de las luchas emancipadoras buscaron la dependencia al poder europeo como Manuel José García, Gregorio Tagle, Bartolomé Mitre, y posteriormente "los Unzué, los Terrero y los Anchorena".
 
Según Muleiro, los medios de difusión -"los hegemónicos por excelencia"-, exhiben sin pudor personajes políticos o faranduleros millonarios y sus casonas, sus autos de lujo "reproduciendo la ideología garca en un sentido amplio".
 
"El modelo de las revistas Hola, Gente, las dominicales de los diarios -Clarín y La Nación- reproducen ese mundo como una ventana que permite asomarte a la vida de los garcas. No es un fenómeno nuevo, aunque sí lo es el traslado del papel de las Fuerzas Armadas a los medios de comunicación hegemónicos, arietes de la desestabilización".
 
Vicente Muleiro (Buenos Aires, 1951) es subdirector de radio Nacional y aparte de novelas y libros de poesía, escribió el ensayo El golpe civil; por su parte Hugo Muleiro (Buenos Aires, 1955), fue secretario de redacción de DyN (Diarios y Noticias) y ANSA, y director periodístico de Télam.
 
Las biografías breves que integran la segunda parte del libro -"Vida de garcas"- ilustran la idea de este prototipo: van del ex ministro de economía Martínez de Hoz al jefe de gobierno porteño Mauricio Macri, del ex dictador Jorge Videla al periodista Mariano Grondona, del escritor Marcos Aguinis a la ex funcionaria menemista María Julia Alsogaray, de la actriz Mirtha Legrand al empresario Carlos Blaquier.  
 
Admite el periodista que Los garcas podría leerse como una historia del poder en Argentina: "En un capítulo hay un registro de garcas que nominan a calles de Buenos Aires: Quintana, De la Plaza, Manuel García, Tagle, De la Riestra, Billinghurst, personajes alabados por la historia oficial que cometieron garcadas expresas para vender el país".
 
Señala Muleiro que la figura social del garca es "típicamente argentina", aunque puede tener "aproximaciones y coincidencias con figuras como los momios de Chile".
 
Sobre el enlace entre el garca y el oligarca dice que "el apócope es una figura del habla donde se toma una parte para designar el todo, como profe por profesor. Pero es seguro que muchas veces se dice garca como apócope invertido, es decir las dos últimas sílabas por el todo".
 
Pareciera ser que una condición del garquismo es ser déspota, sentir al otro como servidumbre, algo sin embargo un tanto contradictorio dado que "en términos geopolíticos clama por una subordinación a los países centrales, ese integrarse al mundo que no es otra cosa que obedecer a los dictámenes de Europa, Estados Unidos y los organismos internacionales que los representan".  
 
Agrega que tener vasallaje es clave para el garca: "El pobre debe presentarse ante el garca naturalizado como pobre: sumisión, cabeza gacha, ropas deterioradas, predisposición a no cuestionar el salario o la dádiva con la respuesta del «sí señor»; en nuestras clases medias eso se nota mucho, cuando se cruzan con alguien que conoce sus derechos se preguntan «¿esta negra/negro de qué se la da?»".
 
A su criterio, el garca por antonomasia es José Alfredo Martínez de Hoz, ya que, alega, entra en la definición más ajustada, la que dice que garca es aquel personaje que viene de los trasfondos de la historia colonial y que avanzando los tiempos y la era independiente de la Argentina ha consolidado una fortuna con base en la explotación de los bienes de su país y de sus gentes".

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Opiniones (1)
3 de Diciembre de 2016|08:28
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3 de Diciembre de 2016|08:28
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  1. A los Muleiro: ¿A Menem, Manzano, Dromi, Los Kirchner, De Vido, Baez, Monetta, no los incluyen? entonces el libro es una cagada.
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