"En cada asesino hay un pequeño periodista"

A diez años del éxito de "El psicoanalista", John Katzenbach desató la locura entre sus lectores argentinos en la Feria del Libro.

Desde lejos se veían las cuadras de cola en la Feria del Libro para que este hombre de buen humor, firme ejemplares de los seguidores argentinos, que él mismo define como "sofisticados y con inteligencia emocional. En mi país, la gente es más simple".
 
John Katzenbach llegó por segunda vez a la Argentina para hablar de su reciente libro Un final perfecto (Ediciones B), donde cuenta la obsesión por el éxito de un escritor mediocre que pretende asesinar a tres pelirrojas como parte de la trama de su libro, un juego emparentado con el clásico Caperucita roja. 
 
Pero antes de convertirse en el maestro del suspenso psicológico, el autor de una docena de títulos trabajó como periodista de policiales. En diálogo con Télam, repasó su carrera, habló sobre la creación de los personajes y también de sus miedos.

- ¿Qué experiencia le dio el periodismo policial en sus novelas? 

- Me convertí en periodista por dos razones: la primera, no me iban a pagar por escribir salvo que fuera periodista y la otra, tal vez más importante, es que ser periodista es como ir al teatro, tenés vidas distintas frente a vos, distintas emociones y eventos. Fue una educación para ver lo que se pueden hacer los unos a los otros y una buena manera de aprender a ser novelista.
 
- ¿Hubo un caso en particular que decidió incluir en sus libros? 

- En cada novela hay algo de mis años de periodista, ya sea un renglón o todo un personaje. Por ejemplo, en "El psicoanalista" el proceso que utiliza el Dr. Starks para convertirse en detective es el mismo de un periodista y en Un final perfecto,  el que ejerce el periodismo es el malo, el Lobo Feroz, porque en cada asesino hay un pequeño periodista.
 
- ¿Periodista o novelista, cómo se define?

- Trato de no definirme, pero si me quebras el brazo, diría que espero ser un periodista que se convirtió en novelista. No creo que ser novelista sea más importante. Ambos contamos historias.
 
- ¿Convertirse en autor de best sellers como cambio su vida?

- Tengo un mejor auto. Uno no se da cuenta de los cambios. Una cosa que aprendí es que como novelista hay que tener la paciencia de encerrarse en una habitación por un año, solo con los personajes en tu cabeza.  
 
- ¿Cómo delinea un personaje villano, asesino o psicópata?

- El malo es el motor que lleva la historia y es importante que ese hombre sea alguien con quien nos podamos identificar. No importa lo retorcido que sea, hace cosas que muchos pensaríamos en hacer. En El psicoanalista, el villano tiene razón, para él no es poco razonable la venganza y en "Un final perfecto", el Lobo Feroz es movido por la necesidad de éxito y fama y estos son sentimientos que todos podemos tener.
 
- Entonces, ¿cuál es la materia prima?

- Sospecho que hay lugares muy oscuros en mi corazón donde los encuentro. Los personajes se crean no sólo a partir de lo que sé como periodista, sino a partir de sentirme cómodo para explorar mis partes más oscuras.
 
- En muchos de sus libros, las víctimas asimilan las herramientas del villano para combatirlo, ¿hay un delgado límite entre buenos y malos?

- Pero ¿no es así la vida? Siempre estamos en guerra con nosotros mismos, por eso en Buenos Aires todos son psicoanalistas. El bien y el mal conviven en nosotros. En diferentes grados, todos somos villanos.
 
- ¿Por qué utiliza referencias de cuentos clásicos infantiles? 

- Tienen luz y oscuridad, el bien y el mal, son inocentes y sofisticados y son un muy buen marco para un thriller. 
 
- ¿Cuánto de la locura de la vida actual hay en sus novelas?

- Siempre me sorprende el viejo cliché que la verdad supera a la ficción y esto se demuestra una y otra vez. Lo que pasó en Boston la semana pasada, quién se podría haber imaginado una historia así de retorcida, pero por otro lado, cuando pasó el 11 de septiembre, todos dijeron ¿quién se podría haber imagina algo así?.
 
- ¿Cuál es la receta o fórmula de su trabajo?

- Tome un malo, mézclelo con un par de buenos, agréguele tensión, condimente, suba la temperatura del horno y hornee. La verdad es que cada vez que me siento a escribir un libro, no pienso en un formula fija. Una vez que termino puedo ver cuerdas emocionales similares, es inevitable. Sin embargo, pienso que son distintos porque si no no tendría la pasión necesaria para terminarlos.
 
- ¿Cómo es a la hora de sentarse a escribir? 

- Soy muy teutónico y los libros siempre me llevan entre 11 y 14 meses. Hay mucha presión cuando estás contando una historia y si uno no escribe y rescribe todos los días de manera muy disciplinada, no logras hacerlo. Cuando escribo, soy un tipo  muy aburrido. Vivo en un paisaje interior, creado por los personajes y la historia. Todo el día y también hasta mitad de la noche. Pero lo más importante es que antes de empezar ya sé el final del libro, sólo es cuestión de llenar lo que está en el medio. Veo los personajes y veo cómo terminan y luego veo el arco de la historia.
 
- Con sus novelas genera miedo psicológico, a qué le teme usted? 

- No me gusta volar, pero también le tengo miedo al día que despierte y no tenga una historia para contar. Eso va a ser terrible.

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