Laura Esquivel: de la literatura a la autoayuda

El autoconocimiento, el reconectar con uno mismo y con el resto, el cambiar la historia para dejar de lado la victimización son los temas de su nuevo libro.

De visita a la Feria del Libro, Laura Esquivel -reconocida por su best seller Como agua para chocolate (1990)- acaba de publicar Escribiendo la nueva historia o cómo dejar de ser víctima en 12 sesiones, un manual que combina herramientas de escritura y de guión cinematográfico para alcanzar los cambios deseados y dejar atrás la culpa y el dolor. "No es de autoayuda, porque este tipo de ayuda es colectiva, la otra es una visión individualista", aclara.

La escritora nacida en la ciudad de México en 1950 dio sus primeros pasos como educadora, luego se volcó al guión de cine y más tarde se dedicó a la narrativa. Sin embargo, este nuevo libro lejos está del registro literario de Esquivel, sino que es la convergencia de "un proceso de vida, de trabajar usando el arte como herramienta", definió en una entrevista con Télam.

Con datos científicos y reflexiones, Escribiendo la nueva historia... (Suma de Letras) es, según su autora, "un manual de estructura dramática, pero personal. Es para que la gente logre visualizarse en acción como personaje, analizar por qué ha repetido historias dolorosas y por qué como sociedad no hemos logrado vivir de forma pacífica, justa y con bienestar".

Es, además, una declaración frente a un mundo injusto donde se pregunta: "¿Por qué se toman decisiones personales, familiares o nacionales que saben de antemano que causarán dolor?, ¿por qué se aceptan las reglas injustas de un sistema económico depredador y suicida?, ¿por qué si los delincuentes crearon eficientes redes de tráfico, nosotros no hemos podido crear redes de ayuda? y ¿por qué consideramos al dinero como bien supremo?"

"El libro -cuenta- es el resultado de un programa que diseñé cuando estaba al frente de la Dirección General de Cultura en Coyoacán con la intención de dar elementos desde el arte para entender que somos transformadores y creadores y que podemos recuperar el rumbo de la existencia, tanto personal como social".

De hecho este mismo taller lo dictó en su país natal, de allí la experiencia gratificante de ver cómo la gente cambió su rumbo. "Si volteas para donde quieras, te das cuenta que en el mundo hay mucha gente indignada e inconforme con el rol que le ha tocado vivir, pero la pregunta que hay que hacerse es: ¿cómo dejo de ser víctima de un sistema, de una pareja o de uno mismo?"

"Puse este libro al servicio de la gente para que tenga una herramienta para recordar, analizar quién es uno, hacia dónde va y cómo dejar de ser lo que se es e imaginar un mejor papel.Estamos atravesando una crisis que nunca antes en la historia se había visto. Tenemos devastación ecológica, millones mueren de hambre, vivimos un momento crítico, debemos tomar conciencia y corregir el rumbo porque estamos en riesgo como especie.Somos una sociedad con problemas graves, pero no hemos recurrido a quien en verdad es una fuente de solución: la única manera de acabar con esto está en nosotros y hay que desarticular eso de si me castraron, castro; si me violaron, violo", explicó.

La autora mexicana dijo: "Me indigna que se diseñan sistemas económicos que van en contra del ser humano. Que no se tome en cuenta a la gente, que pensemos erróneamente que estamos separados y tenemos que competir para velar sólo por nuestro bienestar. Vivimos en una ignorancia brutal de lo que somos y de lo que es el mundo. Me indigna el hecho de negar que estamos interconectados y que el dolor o el daño que causo a alguien me lo estoy haciendo a mí. Cada quien tiene sus respuestas y este libro de dramaturgia personal es para que cada uno lo haga en su intimidad".

"La condición de víctima es cuando el mundo determina que lo soy, pero uno es también generador y creador. Lo que percibo es una proyección mía y el juego es darse cuenta que la película que estoy viendo ya la proyecté y puedo cambiarla. Albert Einstein decía que si seguimos repitiendo, vamos a tener el mismo resultado", ejemplificó Esquivel.

"Me niego a pensar que el ser humano es malo por naturaleza, no creo que forme parte de la condición, todos los horrores provienen del miedo y de una violencia que se origina en una relación causa-efecto que tenemos que romper", reflexionó. "No puedo creer que haya seres humanos que delinquen y que quieran hacer eso, nos venden la idea que hay seres sin remedio. Pero si vamos atrás en la historia, como en el caso de la organización criminal Maras en Guatemala, ves cómo aniquilaron comunidades indígenas, fueron torturados, violados, separados. Sólo la gente fragmentada puede hacer eso", dijo.

"Me pregunto cómo se sentirán estos seres a los que condenamos a morir de hambre, el profundo dolor que deben sentir la gente marginada, segregada y menospreciada por generaciones. Los mexicanos decimos "Pintamos al demonio y luego nos asustamos de él". En un mundo interconectado, la vibración que mandes te la vas a encontrar a la vuelta de la esquina, entonces ¿por qué aventamos el odio?", se preguntó la mexicana.

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