La alpargata: del campo a los museos

Soldados, curas, agricultores y mineros las han usado por su pragmatismo y comodidad. Salvador Dalí, el papa Juan Pablo II y estrellas de Hollywood también.

El poeta Miguel Hernández sentado en una roca, descalzo. A su lado, sus alpargatas.

Desde que los labriegos de la Corona de Aragón utilizasen las alpargatas como una zapatilla ideal para el trabajo en el campo hasta su salto a las pasarelas, este calzado ha cambiado mucho.

Salvador Dalí recurrió a la tienda catalana Manual Alpargatera para calzarse; le gustaba la alpargata de "pinxo", recuerda Tasies y, además, se las regalaba a los alumnos por los que sentía "más simpatía", dice.

El pintor también acudía a otra fábrica catalana, Mauné Sabaters, en Figueras, para adquirir las alpargatas de "pinxo"; le solía acompañar "su querida" Gala, a quien también le gustaba este tipo de calzado, rememora uno de los dueños, Juan Prats.

Entre los clientes de esta tienda, regentada en la actualidad por la sexta generación de la familia, se encuentran muchos turistas que acuden llamados por la originalidad de estos zapatos, que han saltado a la calle y se llevan en muy distintas ocasiones.

Manual Alpargatera fue una de las primeras empresas que apostó por diseñar piezas más elaboradas y femeninas con tacón y bordados.

Las alpargatas de Dalí se exhiben en varios museos.

El Papa Juan Pablo II era también su cliente. El Máximo Pontífice se decantaba por el modelo "manchester" y era la envidia de algunos peregrinos por su peculiar calzado.

Jack Nicholson se ha convertido también en un mecenas de la alpargata y, además de ser "un buen cliente", recomienda la tienda a sus amigos y conocidos, explica uno de los gerentes, Joan Carles Tasies.

Antes herramienta de trabajo, ahora tendencia, lo cierto es que las alpargatas 'pisan fuerte' en cualquier terreno. Las esparteñas tienen su origen, al parecer, en la sandalia egipcia y existen documentos del siglo XIV que ya se refieren a ellas.

Soldados, curas, agricultores y mineros las han usado aprovechándose de su pragmatismo y comodidad. También forman parte de la tradición de algunos países de América del Sur, como Argentina, donde se aludió a ellas en los lemas peronistas a favor de las leyes laborales como "Libros no, alpargatas sí".

Los campesinos araban las tierras en condiciones muy duras y, por ello, elegían vestidos livianos y alpargatas para desempeñar su trabajo. En los años 70, diseñadores como Yves Saint Laurent transgredieron el origen humilde y labriego de la alpargata y la introdujeron en los vestidores más refinados; en la actualidad, Burberry, Tory Burch y Armani las incluyen en sus colecciones.

En la gran pantalla, Grace Kelly y Scarlett Johansson se han paseado con ellas y en películas como "Jamón, Jamón", de Bigas Luna y "Volver", de Pedro Almodóvar, se pudo ver a la Penélope Cruz más castiza calzada con alpargatas negras y con lazos.

Lejos de los focos, la alpargata mantiene su cariz folclórico y forma parte del traje regional en Aragón, Cataluña, País Vasco, Valencia y Murcia, así como en el sur de Francia. Además, es el zapato habitual de los costaleros andaluces durante la Semana Santa.

Diseñadores internacionales acuden a firmas españolas para inspirarse en la creación de nuevos modelos de alpargata acordes con los mandatos de la alta costura; Yves Saint Laurent encargó a la popular casa Castañer la primera alpargata con cuña de la historia y, desde entonces, la marca española ha seducido a otros diseñadores como Louis Vuitton y Chanel e incluso crea alpargatas para novia.

Salvador Dalí, coqueto.

Lo que distingue unas alpargatas de otras son los detalles. Las más aclamadas en las pasarelas incluyen pedrería y encaje, como las creadas por Valentino, mientras que en España, se rematan con producto nacional, como la firma Payma, que personaliza las alpargatas con elegantes motivos de piel de Ubrique (Cádiz), trabajadas por artesanos.

También hay quien experimenta con nuevos materiales, como el grupo Paez, muy responsable con el medio ambiente, que ha creado la "alpargata 3.0". Ha sustituido la suela de esparto por una composición de caucho y goma eva más flexible y ha redondeado el contorno para evitar el desgaste y así conseguir un producto más duradero.

Calzados Pilmer, en La Rioja, ha conservado el proceso artesanal en la producción de alpargatas, aunque en algunas fases se ayudan de máquina cosedoras. Las telas proceden de Alicante y en esta fábrica las cosen a la suela, trenzada con un hilo llamado yute, de forma "totalmente manual", explica una de sus responsables, Pilar Pascual.

Pilmer exporta a países como Australia, Nueva Zelanda, Japón, México y Tailandia; los "mejores" clientes, en Europa, son Italia, Alemania y Suiza, comenta Pascual, quien asocia el salto de las alpargatas a la moda urbana con un precio "asequible" que convierte a este calzado en un complemento "para todos los bolsillos".

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