Deportes

Así es correr una ultramaratón de montaña

Un mendocino cuenta la experiencia de recorrer paisajes bellísimos, y las dificultades de transitar 84km por un ultra trail de montaña.

Por Claudio Pereyra Moos

Como dije acá un día antes de la carrera tuve que competir en los 84K ya que había llegado tarde a las inscripciones y se habían agotado los cupos de los  100K. “Si el año pasado corrí 100 este año a los 84 los saco de taquito”, me dije convencido.

Gran error el mío  porque cada ultramaratón de montaña es un mundo aparte y por fortuna impredecible.

¿No me creen? Vamos a correrlos juntos…

La experiencia fascinante de correr de noche

Con puntualidad, largamos a las 2 de la mañana del 13 de abril desde el Regimiento de Coraceros de Montaña 4, en las afueras de San Martín de Los Andes. El cielo, despejado y sin luna, dejaba ver plenamente las estrellas. El frío, que calaba los huesos, se mitigaba con el entusiasmo y la adrenalina, que estaba a full, me ayudaba a olvidar los clásicos nervios de la previa.

Partí como me aconsejó mi profesor Sergio Furlán: “trekear” rápido en las subidas, trotar en los planos y correr en las bajadas. Esa sería una parte de la estrategia a la que me ceñiría mientras las fuerzas me lo permitieran. La otra era la nutrición: un gel cada 45 minutos pero intercalando con la alimentación de los puestos de abastecimiento, siempre con mucha agua y bebida isotónica.

Emprendí el primer tramo de 21 km en 2 horas 49’, que incluyó  el ascenso al filo Lolog y que culminó en el tercer puesto de abastecimiento, El Colorado (los 2 primeros los obvié porque con los geles y la mochila hidrante fue suficiente). Todo iba según lo planeado.

El frío era terrible, por lo menos hacían -5º C, por lo que en el puesto tomé 2 vasos de caldo con fideos, recargué con agua el “camel bag” de la mochila y cambié las pilas de mi linterna frontal. Parto, en soledad, rumbo a lo más difícil: la trepada al Cº Quilanlanhue (1672 msnm). Previo trecho plano de 4 km arremeto la subida en compañía de, entre otros, mi amigo Eduardo Arroyo (que corría los 100K). Fue durísima porque era muy empinada, porque el frío recrudecía y ya había tenido que meter los pies en el agua para atravesar varios arroyos, porque el piso de arena volcánica, mojado por las lluvias y nevadas de los días previos, hacía más pesado el camino.

Peligro

El ascenso era tan difícil que acudo a un palo para improvisar un bastón. En la mitad del ascenso pasa algo que me conmueve: acurrucado al lado de un árbol, envuelto en una capa térmica, veo a un runner con principio de hipotermia. Me detengo, grito que hay alguien que está mal, atino a ponerme a su lado y otro me dice: “no hagas lo mismo porque sino te va a pasar a vos”. Por eso emprendo la subida lo más rápido que puedo y paso la voz para que avisaran a alguien de la organización. Afortunadamente a los 700 u 800 mts ya bajaba una persona de seguridad para atender al damnificado. Subo tranquilo hasta la cima y bajo 2,5 km con un desnivel de 700 mts que me demandan un exigente trabajo en las piernas (especialmente los cuádriceps). La oscuridad hacía todo muy peligroso.

Agua y barro

Luego de 10 km de marcha desde el punto de detención anterior llego en 2 horas al cuarto puesto de abastecimiento (Quilanlanhue), donde le doy con muchas ganas a las empanadas de jamón y queso, a las papas fritas y al caldo caliente.  Tomo bebida isotónica y sigo. Agarro por una huella que era puro barro y agua. El chapoteo era terrible. 3 km para llegar al borde de un río que había que atravesarlo con agua hasta las rodillas. Ya eran las 7 de la mañana y seguía todo oscuro y me tuve que adentrar en un bosque… ¡Espectacular!

Alborada, amanecer y “almuerzo”…

Espero ansioso la alborada para contemplar la belleza de mi Patagonia y llega a las  7:30 aproximadamente. El cielo, afortunadamente, estaba cubierto de nubes, lo que permitió que la temperatura no bajara más.

Trote en las bajadas y “trek” en las subidas. Sigo con el plan y me da resultados: hago casi 10 km en menos de 70 minutos junto a la brasilera y amiga Daiane Louise Zouza y concluyo en el puesto Quenchuquina (km 40). Me reabastezco de agua, como frutas, tomo bebida isotónica y caldo y continúo rumbo al lugar que más me gusta: el costering al lago Lácar. Previo debo tomar por una senda y un hermoso bosque de pinos, donde mi amiga Daiane (segunda de los 100K) se me escapa.

En el km 42 veo que ya llevaba 6 horas y 24 minutos de carrera. Pienso que la segunda mitad de la carrera la hago en 5 horas y media y llego a la meta en 12 horas. Error.  A esa altura me alcanza la chilena Marlene Flores (a la postre ganadora de los 100 K) con quien mantengo un breve diálogo y se va… Sigo con mi ritmo hasta llegar al Lácar donde mi alegría era inconmensurable: ¡qué bello lugar!

Troto un tramo con un joven chileno a quien no le puedo seguir el tranco y se me escapa. Me adentro de nuevo en el bosque de pinos y regreso a la base del Quilanlanhue, previo paso por otro puesto de hidratación donde me quito la linterna porque ya la luz natural era plena. Ese fue un tramo de unos 10 km durísimos, a pura subida por bosques, donde me alcanza mi compatriota Sofi Cantilo (a la postre 3º de los 100K). Llego al Quilanlanhue de nuevo cerca del mediodía y, harto de los geles, “almuerzo”: le entro a las empanadas, a las papas fritas y de postre a una banana. Me reabastezco de agua por última vez y encaro los últimos 25 km con las energías netamente menguadas…

Lágrimas y corazón…

Por suerte la mañana estuvo nublada y no subió la temperatura (13ºC aproximadamente) lo cual me permitió no tener que perder tiempo en sacarme la calza larga para reemplazarla por unos shorts. Pero el paso se hace cada vez más lento. La estrategia inicial ya no puedo seguirla porque el cansancio y un persistente dolor en el tibial anterior de la pierna derecha me juegan una mala pasada. Así, el trek ya no sólo lo aplico en las subidas sino también en los planos, dejando el trote sólo para las bajadas. En mis manos llevo una caña que rescaté del suelo para usarla de bastón. Me doy cuenta que no podré cumplir el objetivo de terminar la carrera en menos de 12 horas. Me fastidio. Agacho la cabeza y sigo. A los pocos km me encuentro con mi gran amigo y compañero de numerosos entrenamientos  Aníbal Sánchez, quien circulaba en sentido contrario ya que el corría los 63K. Sólo pudimos chocar los cinco y yo, ante su pregunta, le digo que voy agotado.  A seguir solo…

En un momento dado comparto el trayecto con Luis Acuña, un porteño con el que mantuve una charla amena que me ayudó mucho a pasar el rato. Un kilómetro antes del penúltimo puesto de asistencia, a 17 km de la meta, al costado de la ruta 48, una familia espera a un runner que es saludado por su hijo. Ahí se produce un quiebre: pienso en mi hija que no pude traerla. Lloro. Me pregunto “¿qué hago acá?”, ¿habré pegado contra “el muro?”,”¿podré terminar?”. Caigo en la cuenta que desde ese momento cuento con una sola cosa: el corazón, porque las piernas apenas si responden. Tengo que terminar sino ¿qué le diré a mi hija?, ¿cómo hago correr a los lectores de Mdz esta maravillosa carrera?

La alegría es brasilera

Así las cosas paro en el penúltimo puesto, como una empanada y bebo abundante líquido. Todavía quedan 16 km y el objetivo que me puse fue terminar la carrera en menos de 13 horas. Salgo sin la compañía del porteño Luis, a quien perdí de vista, pero al rato me alcanza y supera.

No obstante doy con un par de brasileras, entradas en años y kilos, que corrían los 21K. Eran dos mujeres maravillosas, simpáticas y alegres. Cantaban “Brasil, Brasil brasilero…” y reían a carcajadas. Me levantan el ánimo. Las supero. Mientras tanto había que seguir atravesando arroyos. Paso a paso llego al último puesto de asistencia. ¡¡¡Sólo quedan 7 km para la llegada!!!

El entusiasmo me embarga y pienso en la meta. Subo el ritmo. Corro a 6 minutos por km. Veo mi reloj y calculo que termino la carrera en 13 hs. Bajo por un bosque, salgo a una ruta, agarro un camino de tierra y llego a la ciudad de San Martín de Los Andes para emprender los últimos 2 km, los únicos asfaltados.  Llego a la avenida principal, San Martín, y al fondo veo chiquito el arco de llegada. La gente me saluda y aplaude. Calculo poder terminar antes de las 13 hs. Veo el reloj de llegada que marca 12hs. 59 minutos y corro con lo que me queda. Cruzo la meta en 12 hs 59 minutos y 45 segundos…

El futuro

La alegría del objetivo cumplido me hace olvidar los dolores y pensar en el futuro: volver en agosto a la selva misionera a correr los 90 km de Yaboty; en octubre ir a Tilcara a correr los 100 km de la Pachamama y retornar a San Martín de Los Andes el 30 de noviembre a correr el Patagonia Run de Primavera. ¿Podré? Ojalá, así corren Uds. de nuevo conmigo.

Los corredores elite del Patagonia Run

Los 100 K masculinos del Patagonia Run los ganó el chubutense Sergio Trecaman, quien hizo un tiempo de 10 horas 58 minutos 40 segundos. Una hora después llegó Rodolfo Diaz (Chile) y 12 minutos más tarde Manuel Lago (Brasil). El favorito, el neuquino Gustavo Reyes, culminó octavo por problemas físicos.  En mujeres llegó primera la chilena Marlene Flores (13:33:15), segunda la brasilera Daiane Souza (14:06:17) y tercera la porteña Sofi Cantilo (14:21:13).

Los 84K fueron de nuevo para el rionegrino Nelson Ortega ( 09:04:24) seguido por los argentinos Cristian Castillo ( 9:17:22) y Sebastián Ezcurra (9:37:55). En mujeres el podio fue para las compatriotas Laura Muñoz (11:20:58); Guadalupe Gomez (11:22:07) y Haydee Torres (11:22:07).

PASTILLAS DEL PATAGOIA RUN

-          6 distancias: 10Km, 21km, 42km, 63km, 84km y 100km. Todas en formato non-stop, lo que genera un continuo de largadas y llegadas a lo largo de 23 horas.

-          En total, participaron 2650 corredores: 300 en los 100K (20% de abandono); 170 en los 84K (30% de abandono); 230 en los 63K (10% de abandono); 600 en los 42K (14% de abandono); 900 en los 21K (14% de abandono) y 450 en los 10K (16% de abandono)

-          El evento implicó que visitaran San Martín de Los Andes más de 6.000 turistas que colmaron la capacidad hotelera.

-          25 millones de pesos de ingresos para la localidad patagónica.

-          Economía total generada por el evento de más de 10 millones de dólares considerando pasajes aéreos, hotelería, gastos en indumentaria, transportes, alimentación, etc.

-          Más de 30.000 unidades de hidratación (botellas de bebida isotónica, agua y gaseosas)

-          Cerca de 100kg de cintas demarcatorias

-          500 personas trabajando entre contratados directos e indirectos

-          Una comunidad entera viviendo este evento durante cinco días consecutivos, desde el miércoles 10 de abril, cuando se inició la acreditación, hasta el cierre con la premiación, el sábado 13 por la noche.

-          La fiesta seguirá el 30 de noviembre, cuando se realice el Patagonia Run Primavera.

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18 de enero de 2018 | 01:11
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