Los increíbles consejos de un naturópata sobre la vida sexual

Un curioso libro brinda consejos para resolver los problemas de la intimidad de la pareja rigurosamente casada. Mirá sus inefables láminas instructivas.

Literatrónica

El doctor Vander fue un visionario: se lo reconoce y aún celebra como uno de los pioneros del naturismo (o naturopatía) durante la espinosa España de la dictadura de Primo de Rivera. Su prejuiciosa visión del hombre y, sobre todo, de la mujer, brilló durante la larga dictadura de Franco en la que catolicismo y fascismo eran sinónimos.

Adrian Van Der Put Vermuden (que simplificó en Adrian Vander para los amigos), nació en Holanda en 1890 y murió en Barcelona en 1973; estudió en Alemania y comenzó su práctica profesional como “naturópata” en esta ciudad en 1923 expresamente autorizado por el mismísimo Primo de Rivera.

Entre sus más de 40 libros de divulgación naturopática, todos ellos “didácticamente” ilustrados, destaca uno titulado Enfermedades y trastornos de la vida conyugal en el cual brinda consejos para resolver los problemas de la intimidad, leáse, sexualidad de la pareja rigurosamente casada y bendecida por todos los curas, santos y jesuses disponibles, por supuesto.

Editado en 1961, el libro pretende ayudar a resolver con “tratamientos médicos científicos” los desencuentros de los cónyuges a la hora del fornicio, es decir, del sexo.

El volumen resulta ser una verdadera enciclopedia de prejuicios de género de todo tipo, un manual repleto de estereotipos respecto de los roles de los hombres y de las mujeres que destila machismo en cada página.

En el mismo registro que la Guía de la buena esposa publicada en España en 1953, el doctor Vander milita la idea de la mujer como dueña y señora del hogar, como “ama de casa” y como vientre de fertilidad obligada, único lugar en el que podía encontrar su "realización" y alcanzar el cielo de las escobas y los pañales.

Así, Vander ofrece un compendio de sexismo que, señala por ejemplo, que si una mujer tiene ideas de emancipación, muestra un erotismo "exagerado" y usa pelo corto es lesbiana; mientras que si tiene afición a las tareas del hogar, tiende a la obediencia y predominan en ella los sentimientos sobre la razón es totalmente femenina.

En consonancia, si un hombre es elegante y coqueto, algo tímido y comparte las tareas de la casa está irremediablemente perdido y necesita tratamiento; si demuestra valor, inteligencia y éxito, Vander dictamina que las mujeres caerán rendidas a sus pies, bah, a sus pantuflas.

Obviamente, considera que las mujeres "masculinas" y los hombres "femeninos" padecen de una enfermedad que urge ser curada.

Convencido, afirma que las mujeres no piensan: ellas se sustraen al "mundo de los sentimientos", es decir, el amor maternal, el cariño y la religión; en cambio, los hombres no sólo dominan el mundo de la razón, sino que pertenecen al de los instintos básicos. Sin encontrar ninguna contradicción teórica en su postulado "científico" asevera muy suelto de cuerpo y con varios enmascaramientos verbales, que las virtudes masculinas son comer, coger y correr, léase huir.

Aquí, algunas de las inefables láminas del doctor Vander. Para llorar de risa y de rabia, al mismo tiempo. No te privés de nada: respirá hondo y leé los textos que figuran al pie de las láminas. ¿Vos qué pensás?

Patricia Rodón

Opiniones (1)
10 de Diciembre de 2016|15:00
2
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10 de Diciembre de 2016|15:00
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  1. Papáaaa, que pedazo de forro este Vander!
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