Eventos como el de La Plata serán más frecuentes
Se trata de fenómenos extremos relacionados con el cambio climático. Los especialistas señalan que pueden prevenirse. Las enfermedades que trae la inundación.

Los científicos ya han dado el alerta hace tiempo y le han puesto un nombre que la clase política parece apelar sólo ante situaciones de crisis como la ocurrida en Capital Federal y La Plata. Hablamos del cambio climático, ese proceso en el que los argentinos vamos a experimentar fenómenos extremos cada vez más frecuentes.

Así lo advierte -una vez más- el reconocido científico mendocino Ricardo Villalba. "Cuando uno habla de calentamiento global, lo asocia a un aumento paulatino de la temperatura planetaria, pero la comunidad científica tiene en claro que está asociado al aumento de eventos climáticos extraños", definió el científico que trabaja en el Ianigla, organismo que funciona en el Conicet.

Como se sabe, Villalba es uno de los que ha pasado los últimos años registrando los paulatinos cambios en el ambiente a nivel global y, particularmente, cómo ha afectado éste a los glaciares ubicados en nuestra cordillera, las usinas naturales de agua de las que disponemos los mendocinos. El fuerte temporal desatado en el principal núcleo urbano del país, que trajo precipitaciones a gran escala, forman parte de este proceso ambiental. Y lo ocurrido en febrero pasado en Mendoza, con los aludes en alta montaña debido a lluvias intensas, no están lejos de este contexto.

Así, los modelos científicos que previenen estos eventos indican que "en un mundo más caliente, vamos a tener una atmósfera más dinámica, por lo que estos fenómenos extremos van a ocurrir con más frecuencia".

A estas precipitaciones -más de 150 mm en pocas horas-, pueden sobrevenir sequías extremas, a medida que los países no planifiquen una reducción de los llamados gases invernaderos. 

Y otro factor que agrava la situación. Las ciudades, explica Villalba, están diseñadas para evacuar una determinada cantidad de agua. Pero cuando precipita por encima de los registros históricos, la infraestructura pronto es colapsada por la tormenta.  

Eventos que superan los drenajes urbanos

Sin embargo, para Jorge Maza, resulta difícil medir cómo ha funcionado el sistema de drenaje pluvial de estas grandes urbes ya que se trata de eventos extraordinarios.

Estos fenómenos anómalos, "no tienen la frecuencia necesaria para diseñar un drenaje fluvial, que se diseña con probabilidad de ocurrencia", explicó el ingeniero que es titular del Centro Regional Andino del Instituto Nacional del Agua.

Si bien la infraestructura de la Ciudad de Buenos Aires pronto fue colapsada por la gran cantidad de agua que precipitó, el diseño de sistemas para estos eventos extremos serían costosísimos, fundamentalmente porque no hay registros científicos que detallen cuándo fue la última vez que llovió de esta manera. 

Pese a todo, el profesor en hidrología e hidráulica de la UTN consideró que la posibilidad de prevenir estos fenómenos hay soluciones estructurales y no estructurales.

Las soluciones a las inundaciones no son sólo de tipo estructural. También se pueden implementar sistemas de alerta o de defensa civil para atender a la gente", afirmó. 

Entre estas alternativas, figura un proyecto de la Nación para construir radares meteorológicos que cubran gran parte del país, permitiendo hacer un pronóstico en tiempo real. En Mendoza, ya funciona el radar de la lucha antigranizo que permite ubicar de esta manera a las tormentas denominadas convectivas -es decir, intensas-.

Para Maza, a diferencia de otras zonas como el Litoral, Mendoza todavía no recibe el impacto de estos fenómenos vinculados al calentamiento global. Pero remarcó en que lo sucedido en la CABA también puede prevenirse con educación ciudadana: una buena parte de lo que se vio flotando era basura. 

Lo mismo se evidencia cuando llueve en Mendoza y las acequias se rebalsan porque se han convertido en depósitos de plásticos y papeles.

Lo que viene después: las enfermedades  

Cuando las aguas bajen en las zonas afectadas, no concluirán los problemas para porteños y bonaerenses. Y el alerta de los sistemas sanitarios tendrá que focalizarse en las posibles epidemias que  suelen producirse por la combinación de bajas temperaturas, agua fría y residuos cloacales.

En lo inmediato, los riesgos de la inundación ya se han observado a partir de la cantidad de decesos producidos. Pero luego, según explicó la epidemióloga Cristina Mollar, los problemas son otros y se verá en el aumento de la demanda en los centros de salud y hospitales.

El corte del agua potable, el enfriamiento de la población, el derrame del agua cloacal, tiene sus consecuencias días después con el aumento de enfermedades gastrointestinales o infecciones respiratorias", explicó.

Mientras se hacen públicas las historias de supervivencia de los vecinos en medio de la inundación, que evidencian la falta de respuestas del Estado sobre todo en tareas de rescate, la funcionaria del Ministerio de Salud recordó que en Mendoza existe el comite de emergencia encabezado por el gobernador, los ministros, las áreas de defensa civil y las empresas de servicios públicos.

Una de las primeras preocupaciones consiste en la reactivación de los servicios como el agua potable y la eliminación de la basura para reducir la posibilidad de contraer diarreas y neumonías.

"Hay tres A que deben respetarse: una adecuada alimentación; un adecuado abrigo y una adecuada ingesta de agua", indicó Mollar.

No serán las únicas afecciones. Las pérdidas materiales y humanas tendrán otro impacto, psicológico, en los damnificados. Las escenas vistas a través de la televisión, con las cámaras ingresando en las viviendas anegadas, la lenta recuperación de los cuerpos y de familias que han perdido sus pertenencias, marcan este aspecto. 

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1 de Agosto de 2014|02:44
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