Pregúntale al oráculo: los griegos clásicos y la economía

¿Qué consejo darían para superar los problemas financieros globales? El libro "Los griegos y lo nuevo: novedad en la imaginación de la antigua Grecia" da las respuestas.

Armand D'Angour, profesor de la universidad de Oxford y autor del libro Los griegos y lo nuevo: novedad en la imaginación de la antigua Grecia, analiza en el siguiente artículo los grandes problemas económicos por los que atraviesan muchas economías europeas.

Explica qué dirían los griegos a través de la lectura de textos clásicos de filosófos, dramaturgos y científicos y de antiguas tradiciones.

1. Deuda, división y revuelta. Noticias del siglo VI, directo desde Atenas

A principios del siglo VI a.C., Atenas estaba agobiada por las deudas, la división social y la desigualdad, al punto de que campesinos pobres estaban dispuestos a venderse como esclavos para alimentar a sus familias.

La revolución era inminente, pero el aristócrata Solón emergió como un mediador entre ricos y pobres. Abolió la esclavitud por deudas, limitó la propiedad de la tierra y dividió el cuerpo social entre clases con diferentes niveles de riqueza, a cada una de las cuales asignó obligaciones financieras.

Aunque fueron atacadas desde todos los frentes, las medidas se adoptaron y allanaron el camino para la eventual creación de la democracia.

El éxito de Solón demuestra que los grandes estadistas deben tener el coraje de implementar soluciones impopulares en nombre de la justicia y la estabilidad.

2. ¿Qué va a pasar? El Oráculo de Delfos

La antigua Delfos era la sede del oráculo de Apolo, que se creía insipirado por el dios para decir verdades. Sus aseveraciones, sin embargo, eran inintelegibles y tenían que ser interpretadas por sacerdotes, quienes generalmente las convertían en profecías ambiguas.

¿Cómo enfrentarían los dioses del Olimpo al Fondo Monetario Internacional y los mercados de bonos?

En respuesta a la pregunta de, pongamos, "¿debe Grecia abandonar el euro?", el oráculo podría haber respondido: "Grecia debería abandonar el euro si el euro ha abandonado a Grecia".

Esto hubiera desatado, sin duda, una pelea entre simpatizantes y detractores de la medida sobre lo que querían decir tales palabras. Escuchar al oráculo debe haber sido parecido a prestar oído a los economistas modernos. Al menos el oráculo tenía la excusa de haber inhalado los vapores de hojas de laurel ahumadas.

Consejos más sabios se habrían encontrado en las frases escritas en el templo de Apolo en Delfos, que llamaban a la moderación y el auto conocimiento: "Conócete a ti mismo. Nada en exceso", dicen.

3. Nada nuevo bajo el sol: Pitágoras, el sabio

Si los griegos, chipriotas y españoles de hoy, entre otros, se sienten apabullados por los problemas financieros, podrían encontrar algo de alivio en las palabras de Pitágoras, en el sentido de que "todo regresa al mismo punto, nada es completamente nuevo".

Pitágoras de Samos era un místico del siglo VI a.C. que creía que los números estaban detrás de todo en el universo, y que los eventos cósmicos se repiten en forma idéntica en un ciclo de 10.800 años.

Su doctrina fue recogida por el autor del Eclesiastés bíblico en el siglo III a.C., en el que la frase "no hay nada nuevo bajo el sol" se repite más de 20 veces.

4. Podría ser peor: Odiseo y el aguante

"Aguanta, corazón, tú has soportado peores sufrimientos", se exhorta Odiseo a sí mismo en La Odisea, de Homero, que data del siglo VIII a.C.

Después de haber batallado los elementos hostiles y los aterradores monstruos en su regreso a casa, a través del mar, y hacia los brazos de su esposa Penélope en su amada Ítaca, Odiseo trata de no arriesgar la posibilidad de lograr el éxito final por culpa de la impaciencia.

El mensaje es que, sin importar las circunstancias, uno debe reconocer que las cosas pueden ser, y han sido, peores. La humanidad ha enfrentado y superado desafíos más difíciles, con inteligencia y fortaleza.

5. ¿Estás seguro? La pesquisa incansable de Sócrates

"Una vida no examinada no merece la pena ser vivida", dijo Sócrates. A través de un profundo examen de la gente corriente, el filósofo buscaba llegarle al corazón de preguntas complejas como "¿qué es la justicia?" y "¿cómo debemos vivir?" Con frecuencia no obtenía ninguna respuesta clara, pero Sócrates insistía en que siguiéramos haciendo preguntas.

Los atenienses se sintieron tan ofendidos por el escrutinio socrático de sus convicciones morales y políticas que votaron en favor de ejecutarlo en el año 339 a.C., con lo cual lo convirtieron en un mártir eterno de libre pensamiento y la pesquisa moral.

Sócrates le heredó a la humanidad el deber de seguir pensando con integridad incansable, aún cuando -o particularmente cuando- es poco probable que se obtengan respuestas definitivas.

6. ¿Cómo fue que esos payasos terminaron estando a cargo? Aristófanes, el comediante

El más inventivo de comediógrafos, Aristófanes, no tenía ningún reparo en mofarse de los políticos atenienses de todos los tamaños y colores. También fue el primero en acuñar una palabra para "innovación".

Su comedia Las ranas, del año 405 a.C., que incluía la primera representación de una guerra aérea, contiene un consejo sentido y directo para sus inconstantes conciudadanos: escojan buenos líderes, o se quedarán "clavados" con los malos.

7. ¿Deberíamos hacer lo mismo que la última vez? Heráclito, el pensador

"Uno no puede bañarse dos veces en el mismo río" es una de las frases de Heráclito, acuñada a principios del siglo V a.C. Con ello quería decir que el flujo continuo de agua hace que el río sea diferente cada vez que uno se baña en él.

Un discípulo avispado apuntó que "en ese caso, uno no puede bañarse en el mismo río una vez", pues si todo está en constante flujo, también lo está la identidad del individuo que mete el pie en el agua.

Mientras que el cambio es constante, diferentes cosas cambian a velocidades diferentes. En un ambiente de incesante transformación, es importante identificar elementos de estabilidad y aferrarse a ellos.

El mundo de los mercados de bono, deuda y rescates debe identificarse con este desafío.

8. Dígame lo peor, doctor. Hipócrates enfrenta los hechos

Las bases de la medicina occidental se remontan a Hipócrates, del siglo V a.C., y los médicos todavía pronuncian el "juramento hipocrático". Un amplio conjunto de antiguas observaciones médicas detalla el progreso de los pacientes al ser tratados con remedios como dieta y ejercicio.

Lo que es excepcional en el pensamiento antiguo acerca de la salud y la enfermedad es la clarividencia en el reconocimiento de que los doctores deben hacer observaciones precisas y guardar registros escrupulosos, aún cuando los pacientes mueran en el proceso.

La cura no se produce mágicamente, ni a fuerza de sólo desearla. Únicamente la observación honesta, exhaustiva y empírica puede aspirar a revelar lo que funciona y lo que no.

9. Aprovechar la oportunidad. Clístenes y la democracia

Los antiguos griegos estaban muy conscientes del poder de la oportunidad o kairos, como se dice en griego. Saber aprovechar la ocasión -en oratoria, atletismo o en batalla- era admirado y considerado como una habilidad.

En muchos casos, la innovación temporal, nacida en el momento, se convertirá en algo más duradero, en especial si innovadores subisiguientes construyen sobre sus bases.

Cuando los tiranos de Atenas fueron depuestos al final del siglo VI a.C., el líder Clístenes tuvo en sus manos la tarea de crear una constitución que acabara con las estructuras y las alianzas de poder existentes.

Clístenes concibió con una rapidez sorprendente un sistema de gobierno electivo, en el que todos los ciudadanos (la palabra demos en griego significa "el pueblo") tenían un solo voto, el primer principio de la democracia.

10. A problema grande, baño largo: Arquímedes el inventor

Cuando se le pidió que determinara si una corona estaba hecha de oro puro, el griego siciliano Arquímedes (siglo III a.C.) se rompió la cabeza en busca de una respuesta.

Cuenta la historia que un día, cuando tomaba un baño, se fijó en cómo subía el nivel de agua cuando su cuerpo se introducía en la bañera. Entonces se le ocurrió que la densidad relativa de un objeto se podía medir con la observación del agua desplazada: el oro desplazaría menos líquido que un material menos denso.

Estaba tan contento con el descubrimiento que saltó de la bañera y corrió desnudo por Siracusa gritando ¡Eureka!, la expresión griega para "¡Lo tengo!".

Encontrar la solución a un gran problema requiere pensar mucho. Pero la respuesta frecuentemente aparece cuando uno está "desconectado" y toma un largo baño.

Fuente: BBC Mundo

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10 de Diciembre de 2016|23:21
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