El misterio de la Biblioteca Nacional

Se calcula que tiene entre tres y cinco millones de piezas. Un nuevo software solucionará el inconveniente.

La Biblioteca Nacional es el principal centro bibliográfico de nuestro país, donde descansan enormes cantidades de libros, periódicos, manuscritos y demás archivos. Sin embargo, esa enorme mole de hormigón armado, con un claro estilo de arquitectura brutalista, tiene una grave falencia: no se sabe cuántos libros alberga.

El sitio de noticias porteño Infobae realizó una excursión por el impresionante edificio, diseñado por Clorindo Testa, Francisco Bullrich y Alicia Cazzaniga de Bullrich en 1960 e inaugurado en 1993. Allí se supo que no hay un inventario general sobre cuántos libros hay y de que tipo son. De todas formas, se calcula que la Biblioteca alberga entre tres y cinco millones de piezas (libros, archivos de la Hemeroteca, objetos del Tesoro, etcétera).

Pero las autoridades de la Biblioteca Nacional están implementando un nuevo sistema que solucionará este problema: se trata del sistema “Aleph”, un software que costó 850 mil pesos y con él se podrán digitalizar todos los procesos bibliotecarios. Este software también permitirá cuantificar los libros que ingresan y tener un proceso más estricto de estadísticas.

Con respecto a la digitalización, es otro de los grandes problemas que acarrea la Biblioteca. Actualmente, un lector o investigador que necesite recurrir a un libro argentino en su formato digital deberá utilizar los sistemas de las bibliotecas extranjeras. Esto comenzará a ser innecesario a mitad de este año, cuando comience a funcionar el nuevo sistema.

Por ahora, si uno desea pedir un libro en la Biblioteca Nacional, deberá realizar el siguiente circuito: En el quinto piso, luego de realizar una autoconsulta en una computadora disponible, el visitante hace su pedido en la mesa principal. Allí, se imprime un ticket con los datos del texto y se envía la información al depósito, lugar donde descansan los libros.

Unos quince o veinte minutos más tarde, el libro solicitado sube a través de un montacargas en un diminuto ascensor, y es entregado de manera temporal al lector.

El depósito de libros se encuentra en el segundo subsuelo, a nueve metros debajo de la recepción de la Biblioteca, no posee ventanas y, por tanto, está iluminado exclusivamente por luz artificial. Veinte trabajadores por turno, recorren parte de los 19 mil m2 que forman parte de los tres sectores del depósito, que conforman una gigantesca ciudad de libros.

Los libros, que están ubicados de acuerdo al orden cronológico de su llegada a la Biblioteca, están acomodados del siguiente modo: nivel, sector, batería, frente y estante. Tras la devolución del libro, éste baja por el montacargas y es reacomodado en su lugar. Sin embargo, si llega a terminar en un sitio incorrecto, se corre el riesgo de perder el libro durante años, décadas o tal vez para siempre.

Por otro lado, la humedad está siempre presente en ese enorme sitio bajo tierra. Pero no sólo significa una molestia para los trabajadores o los visitantes casuales, si no que los libros deben soportar, además del deterioro que produce el paso del tiempo, el que provoca la humedad.

Otro de los elementos presentes en el depósito son decenas de canastos con viejos libros y objetos sin un sector específico, que deberán ser recatalogados, restaurados y conservados. Uno de los empleados le mostró al periodista una carpeta con afiches titulada “Les Maîtres de l'Affiche”, que encontró en dichos cestos: “Hice la investigación y vale mucho”, dice. “Esto tiene que estar en el Tesoro”, admite.

Justamente, cuando se refiere al Tesoro, habla de la llamada Sala del Tesoro, donde se encuentran las publicaciones, manuscritos o partituras consideradas como las más relevantes, por su significado, antigüedad o rareza por la institución.

En dicho lugar habría mil piezas, incluyendo 21 textos considerados incunables (libros publicados antes del siglo XV).

Parte de la colección personal de Juan Domingo Perón fue destinada a la Biblioteca Nacional en el año 1957, entre los que se destacan el Libro encadenado, un manuscrito del siglo XV: Filosofía natural, de Jean Buridan, con tapa de madera recubierta en gamuza y una cadena con argolla de hierro, La Biblia, un rollo en pergamino junto a una Biblia en hebreo y el Martín Fierro en guaraní, de 1951, de José Hernández.

Entre otros textos destacados que posee el Tesoro se encuentran: Del contrato social o principios del derecho político, de Jacques Rousseau (prologada y curada por Mariano Moreno), La Divina Comedia, de Dante Alighieri, de 1487, y el Archivo de Indias, de Gaspar García Viñas.

Por último, como otra rareza, se pueden mencionar los manuscritos originales de varias figuras de la literatura del Siglo XX como Leopoldo Lugones, Oliverio Girondo, Julio Cortázar, Alfonsina Storni y Ernesto Sábato, entre otros.

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