Una novela de Paul Auster convertida en puro teatro

El autor de la Trilogía de Nueva York no sólo no la ha negado, sino que ha dicho haber sido siempre lector del autor de Esperando a Godot.

El enrarecimiento de la acción, la apuesta por las zonas ambiguas del texto, el desplazamiento de los personajes hacia lo absurdo y cierta combinación entre lo sensible y lo metafísico, caracterizan tanto la obra de Auster como la de Beckett. Pero donde esa relación es más estrecha es en La invención de la soledad, texto de Paul Auster cuyo tema central es la figura del padre, y en La música del azar, novela que Gabriela Izcovich ha llevado a escena con admirables resultados.



La música del azar cabalga entre Beckett y Kafka. Nelson Barrientos y Jack Pozzi no tienen nada que perder cuando se encuentran. Nelson vaga por las rutas con su auto sin rumbo fijo, mientras que el único interés de Jack es jugar al poker. El primero ha sido abandonado por su mujer y está gastando el dinero que le dejó su padre, mientras que Jack se presenta casi como un huérfano dispuesto a todo con tal de ganar un poco de plata. Los dos esperan que algo ocurra en sus vidas, como Vladimiro y Estragón, que aguardan a Godot. Pero Godot nunca llega. Nelson y Jack soportan algo peor que los personajes beckettianos: se ven compelidos a construir un muro con las piedras que dos excéntricos millonarios han traído de un remoto castillo europeo. Entre lo absurdo de El proceso y la crueldad de En la colonia penitenciaria, ambas obras de Kafka, transcurren las existencias de estos  condenados a trabajos forzados por un delito que no cometieron.
 
Ahora bien, ¿cómo llevar al teatro una novela de la complejidad de La música del azar? La respuesta no es sencilla. Y en ese sentido Gabriela Izcovich ha realizado un trabajo impecable. Encontró los núcleos del texto y los supo plasmar en el espacio Samsung, un lugar muy atractivo para una puesta en escena que necesita desplegarse en varios escenarios. Porque la confusión en la que se cae a menudo es la de creer que adaptar una novela al teatro supone únicamente construir un texto dramático. Y de lo que se trata es de hacer teatro, no literatura. Es decir, plantar en el espacio escénico personajes que resulten creíbles. Contó, es cierto, con un elenco de actores extraordinarios: Alfredo Martín, Juan Barberini, Germán de Silva, Ariel Perez  De María y Cristián Jensen. Son ellos quienes sostienen el espectáculo desde la actuación. Por momentos provocan risa, mientras que en otros se impone el tono sombrío y siniestro del relato.

Gabriela Izcovich tiene una vasta experiencia en adaptaciones teatrales: Intimidad y Cuando la noche comienza, de Hanif Kureishi; Nocturno Hindú, de Antonio Tabucchi;  Terapia, de David Lodge; El último encuentro, de Sandor Marai, y La venda, de Siri Hustvedt, la mujer del mismo Auster. En todas sus adaptaciones está presente su olfato teatral, lo que la ha convertido en una especialista en llevar a la escena textos literarios. La música del azar, en la mirada de Izcovich, es puro teatro.

¿Qué sentís?
0%Satisfacción0%Esperanza0%Bronca0%Tristeza0%Incertidumbre0%Indiferencia
Opiniones (0)
7 de Diciembre de 2016|09:21
1
ERROR
7 de Diciembre de 2016|09:21
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes