"El Príncipe" que lleva 5 siglos haciendo ruido

Mauricio Llaver recuerda, en esta columna, el cumpleaños de la obra de Nicolás Maquiavelo que tiene mucho que ver con el presente.

John Maynard Keynes decía que todo pensador era prisionero, consciente o inconscientemente, de algún pensador del pasado.

En este año 2013, el mundo está registrando los cinco siglos de la escritura de un libro que desde su aparición influyó en las decisiones de todos los gobernantes. Es El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo, que en el imaginario colectivo se instaló como una suerte de manual para conseguir y preservar el poder.

La historia de El Príncipe es extraordinaria por una multitud de razones.

Una es que, a pesar de haber sido escrita en 1513, la obra no fue publicada hasta 1532, cinco años después de que Maquiavelo muriera. El autor nunca pudo sospechar el impacto que tendría su escrito y vivió amargado por el fracaso en captar la atención.

Otra razón está dada por el momento y la forma en que fue escrita, que revelan un pragmatismo y una urgencia nacidos de la desesperación. Porque el florentino —que había caído en desgracia política— interrumpió la escritura de una obra mayor para escribir El Príncipe, como una suerte de manifiesto para aplicar en el momento y unificar a Italia.

La obra mayor eran los Discursos de la primera década de Tito Livio, donde puede verse al Maquiavelo republicano (con estándares del Siglo XVI, obviamente), para quien no había como las buenas leyes para mejorar la vida de las personas.

Pero fue el manifiesto menor, al cual tituló De Principatibus, que lo puso en la historia y en el ojo de la tormenta. Allí, con un pragmatismo brutal (podría decirse que "maquiaveliano"), dedicó su tratado a Lorenzo de Medici, miembro de la propia familia que lo había exiliado políticamente. Considerando que el libro ni siquiera se publicó durante su vida, es fácil deducir que no tuvo éxito.

El Príncipe es revulsivo por varias cuestiones, entre ellas porque sus propuestas desarmaban dos andamiajes esenciales de la Edad Media que se estaban dejando atrás. Uno eran las ideas de los santos Agustín y Tomás de que la política y la ética (cristiana) debían estar indisolublemente ligadas. Otro era que, al proponer ejércitos nacionales formados por hombres de todos los principados, terminaba con el feudalismo, en el cual cada hombre debía servir a su señor feudal (depositario de la confianza de Dios) en lugar de servir a otro ente más abstracto (como podía ser un Estado).

Maquiavelo escribió ese tratado en unas condiciones personales lamentables. Solo y exiliado pasaba sus días entre gente de la mayor ignorancia. En unacarta que le escribió a su amigo Francesco Vettori (diciembre de 1513), contaba las condiciones en que vivía. Allí le adelantaba que había escrito "un opúsculo" llamado De Principatibus y le relataba, bellamente, cómo había hecho para escribirlo: "Avanzada la tarde, vuelvo a casa y entro en mi despacho. Y en el umbral me despojo de mis vestidos cotidianos, llenos de fango y lodo, y me visto con ropas nobles y curiales. Entonces, dignamente ataviado, entro en las cortes de los hombres antiguos, donde, amablemente recibido por ellos, me deleito con ese alimento que es solo para mí, y para el que yo nací. Y no me avergüenzo de hablar con ellos y de preguntarles por las razones de sus acciones. Y ellos, por su humanidad, me responden".

El Príncipe ingresó al índice de libros prohibidos por la Inquisición Católica. Y desde entonces obtuvo los más amplios y contradictorios adjetivos, desde los más excelsos hasta los más abyectos. Sólo por eso vale la pena adentrarse en sus poco más de 100 páginas, tan disruptivas que todavía siguen haciendo un ruido maravilloso.

(*) Mauricio Llaver es director de la revista Punto a Punto en Mendoza. Esta columna fue publicada por El Sentinel en los Estados Unidos.

Opiniones (1)
9 de Diciembre de 2016|10:37
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9 de Diciembre de 2016|10:37
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  1. A veces, los grandes autores viven su fama y su gloria gracias a obras menores, le pasó a Erasmo de Rottherdam con su famosa "Elogio de la locura", él mismo se sorprende de la trascendencia de esa obrita que, según él, había escrito por puro divertimento. "El Príncipe" de Maquiavelo es modestamente genial, sus observaciones son sencillas pero profundas y, sobre todo, muy acertadas. El drama del hombre es universal y eterno; en todas las épocas y en toda circunstancia el drama humano se repite, con pocas variantes. Por eso, me parece, esta obra se mantiene y se mantendrá vigente, porque lo que relata es, sencillamente, lo que pasa. En un gran estado poderoso, en una pequeña comunidad rural, en un aula, en una oficina. La gestión del poder, el ejercicio del liderazgo, son situaciones universales. En definitiva, el hombre solo hace dos cosas en toda su vida, hace el amor y hace la guerra y a veces las hace simultáneamente. Cabe acotar, como comentario anecdótico, que en un momento de su vida Maquiavelo estuvo a punto de destruir el único manuscrito de « El Príncipe » que existía. Por fortuna no llegó a hacerlo. Excelente nota, gracias. Saludos
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