Arte tecnopoético argentino: una experiencia única

Videoarte, fotografía experimental, tecnoescena, ciberliteratura son algunas de las prácticas en las que destacan Oliverio Girondo, Marta Minujín, León Ferrari, Emilio Petorutti y Xul Solar.

 
A lo largo de la historia, los artistas han interpelado, cuestionado y retratado al mundo que ha sido transformado por la tecnología. Ese cruce entre arte y técnica es el objeto de análisis de la investigadora de CONICET Claudia Kozak.
 

La investigación publicada en el libro Tecnopoéticas Argentinas (archivo blando de arte y tecnología), publicado por Caja Negra Editora, realizada por la investigadora Claudia Kozak y su equipo de trabajo, recorre la relación a lo largo de la historia argentina entre arte, ciencia y tecnología.

Videoarte, bioarte, fotografía experimental, tecnoescena, ciberliteratura, futurismo, remix, son algunas de las prácticas destacadas, en las que se entrelazan artistas de la talla de Oliverio Girondo, Marta Minujín, León Ferrari, Emilio Petorutti y Xul Solar.

¿Qué son las tecnopoéticas?

En principio es un nombre sugerente para hablar del cruce entre arte y técnica. A veces la tecnología se asocia a lo más contemporáneo, a la novedad, pero todas las sociedades tuvieron a lo largo de la historia su modo de operar técnicamente en el mundo y en esos modos se involucra aquello que, desde la Modernidad al menos, llamamos arte. Damos el nombre de tecnopoéticas a las prácticas artísticas que en su propio hacer se hacen cargo de esa relación entre arte y técnica.

¿Qué tecnopoéticas se destacan en la actualidad?

A partir de los ‘90 hay un boom de la informática en relación con la vida cotidiana. Todas las variantes de arte electrónico se hacen más visibles. En la actualidad se destacan también artistas que vinculan el arte con la biología en lo que se denomina bioarte: un diálogo que a partir de la manipulación de genes, células, tejidos, desde el arte ponen en tensión las ideas acerca de qué pueda llegar a ser lo viviente en un futuro cercano.

¿Y en la Argentina, cuáles fueron las creaciones u obras que sentaron precedente para las prácticas locales actuales?

Muchas. En los ‘50 ya existían manifestaciones de música electrónica. En las artes visuales, desde los ‘60 se hace arte electrónico analógico y digital, como lo hizo Marta Minujín con sus experimentaciones y ambientaciones con circuitos cerrados de televisión. Obras como las de Edgardo Antonio Vigo muestran que el arte tecnopoético experimental puede ser parte de una mirada alternativa sobre el mundo: van de la construcción de artefactos desviados de su funcionalidad, a los que llamó “máquinas inútiles”, a poemas matemáticos barrocos, y de allí al arte correo, una deconstrucción de la tecnología social implicada en el correo postal.

¿Cómo fue el desembarco de las tecnopoéticas en la Argentina?

En el libro explicamos que esto se inicia con la llegada a la Argentina del primer manifiesto futurista del poeta italiano Filippo Marinetti en 1909, conocido, entre otras cosas, por su fuerte tecnofilia. Ese podría ser un comienzo porque se plantean ya distintas posiciones respecto de ese manifiesto. En la década del ‘20 las vanguardias latinoamericanas reinterpretan a las europeas con impronta propia. La revista Martín Fierro publica en 1924 su propio manifiesto, redactado por el poeta Oliverio Girondo, posicionándose en una mirada nueva sobre el mundo. Se habla allí de mirar con “ojos actuales”, y se destacan los nuevos paisajes tecnológicos de las grandes ciudades.

¿En qué periodos se hace más notoria en la Argentina la relación entre arte, ciencia y tecnología?

En nuestra investigación se establecen en Argentina tres grandes momentos. Los ‘20, los ‘60 y los ‘90 con proyección al presente. Fueron etapas en las que la sociedad occidental en general, se vio conmovida y atravesada por un desarrollo tecnológico cada vez más acelerado y por fuertes imaginarios de modernización. Por ejemplo en 1966 en la revista Diagonal Cero que Vigo dirigía en La Plata, se publica el que quizá sea el primer poema digital argentino, titulado IBM, de Omar Gancedo. Era una serie de poemas que combinan palabra e imagen, utilizando una perforadora modelo 534, Tarjetas IBM y una Card intérprete. Los textos producto de este procedimiento aleatorio de perforación e interpretación automática se ven como una tarjeta perforada en código binario, decodificada y traducida luego a la lengua natural.

¿Ese cruce existió siempre?

Las diferentes civilizaciones humanas tuvieron modos particulares de utilizar la tecnología de su época, para habitar, para construir, para vivir y para sobrevivir. Pero en la Modernidad se inaugura en Occidente un modo en donde la tecnociencia guía el desarrollo de las sociedades de manera diferenciada respecto de la premodernidad. De allí quizá que habitualmente se piense ese cruce como más cercano a nosotros.

¿Qué aspectos de la relación se modifican con la llegada de la Modernidad?

Desde sus inicios, la tecnociencia parece ser única guía del desarrollo de la sociedad. Incluso en el siglo veinte, a pesar de que luego de las Guerras Mundiales, los genocidios, el ideario de progreso pierde prestigio, hay al mismo tiempo una “promesa de felicidad” encarnada en los artefactos. El arte se posiciona en esa relación. El movimiento dada, por ejemplo, que surge en el contexto de la Gran Guerra sostiene una mirada que politiza críticamente ese desarrollo científico tecnológico. Sin embargo otras vanguardias como el futurismo, tanto italiano como ruso, vieron en el desarrollo tecnológico una utopía liberadora de viejas tradiciones.

¿Los tecnoartistas son necesariamente críticos al desarrollo tecnológico?

Lo que se sostiene en el libro es que las tecnopoéticas asumen el mundo técnico y operan en ese sentido. Implican una toma de posición que puede ser crítica o no, hay quienes van con la corriente, sobre todo en períodos de gran prestigio tecnológico. No siempre plantean una mirada contraria a los sentidos hegemónicos. Pero como muchas veces los artistas ocupan un lugar de negación de lo dado con vistas a hacer ver otras posibilidades de existencia, la mirada “desviada” respecto del desarrollo tecnológico de su época suele aparecer.

Fuente: Prensa Conicet

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