Leé los cuentos que vos escribiste en el Día de los Enamorados

Publicamos la totalidad de los relatos que recibimos. Son más de un centenar de buenas historias de encuentros y desencuentros que tienen como tema el amor. Leete.

Estos son los cuentos que vos escribiste para el Día de los Enamorados. Recibimos 104 relatos. Algunos no se ajustan a las características del microcuento pero los publicamos igual.

Aquí están todos los relatos que recibimos hasta las 18 del miércoles 13 de febrero.

El orden de publicación, es decir, la aparición de un cuento después de otro, no implica ningún tipo de jerarquía ni de evaluación crítica; es aleatorio, puesto que los fuimos sumamos a medida que llegaban a nuestro correo electrónico o como comentario de la nota de invitación al concurso.

Aclaramos que muchos de los cuentos no tienen título; se lee en todos los casos, el texto enviado y a continuación el nombre o seudónimo del autor; en la edición final tuvimos que suprimir los puntos y aparte por la gran extensión de la nota y no corregimos errores de ortográficos, gramaticales ni tipográficos.

Gracias a todos por participar.

En las cenizas de su pasión alcanzaron a escribir un signo.
Omar Berón

De noche me levanto y miro las estrellas, ellas arden muy lejos. Con vos es igual.
Alejandro Laparra

Aunque ya era invierno supo que había llegado. La espera cobró sentido. Sonrió.
Elena Leal

Aunque ya no la veo, la amo.
aerosame

Ya vuelvo
"Ya vuelvo", dijo él. "Ya vuelve", repite ella hamacándose en el sillón del asilo.
Ángel "Lito" Magistris

Desbaratadora
Le sonrió. Luego, siguió su camino. Él sonrió, pero ya no pudo retomar el suyo.
Florencia Fernández

Dijo:- Cuando me necesites no voy a estar. Cumplió su palabra.
Elena Leal

Celos
Sé del sortilegio de las mujeres arañas. Al coincidir los tres en el ascensor, me aferré a su brazo cual bandera de un país perfectamente delimitado. La muy ladina no se dio por vencida y salió al ataque. Mi presa  sudaba, la zoosemiótica hacía efecto. En afán de interponerme entre ambos, descuidé la retaguardia y en un astuto movimiento sugerente, lo envenenó. Temblaba como una hoja, era claro que en su interior se desataba una poderosa lucha de instintos. No tuve opción, apunté mi aguijón y se lo enterré en el pecho por varios segundos para garantizar los efectos. Funcionó, él quedó inmovilizado, aturdido y a mi merced. Al descender pude saborear el triunfo, pero mi paz duró muy poco, a escasos metros revoloteaba con su oscura vestimenta una mujer buitre, y esas nunca comen solas.
Caro Fernández

Tormentas
Dicen los brujos del sur que en el ojo de los huracanes habita el amor de nuestra vida. Entre mate y mate, al borde de la espuma, yo les refuto sus leyendas contándoles las infinitas y sangrientas batallas que mis versos han librado en tus pupilas. Robándote, a veces, una sonrisa más peligrosa que la peor de las tempestades.
Fher Echenique

El mejor paisaje del mundo
Sobre un banco de la plaza, dos ancianos miran el atardecer. Ella recuesta lentamente su cabeza sobre el hombro de él; mientras ambos se aprietan fuertemente las manos. Desde el otro lado del globo, el sol observa el mejor paisaje del mundo.
Juan Manuel Montes

Amor
El amor nocturno posee el don de retroceder el tiempo. Las frescas caricias erizan la piel en un beso tímido y los amantes juegan a abrazarse mientras la espalda del otro se les diluye entre los dedos, y ríen, ríen despreocupados. Se enamoran de la noche que pasa como una pluma mientras se ahogan con los ojos en ellos mismos. A la mañana siguiente los amantes salen a columpiarse en las plazas y sus labios se juntan en el agua de un mismo bebedero.
Juan Manuel Montes 

Verano `97
¡Cuánta pasión encendida, quedó anidada en su vientre…!
Amalia Manrique

El origen
Tu cuerpo a mi lado al despertar activó la línea de recuerdos, ya convertidos en símbolos; un reloj, el olor del bar junto al mar elegido, el mensaje de tu mirada proyectando este futuro compartido.
Mines

Crónica de un amor
La primera vez que nos vimos, en la sala de enfermería del viejo hospital, estabas embarazada, no cerraba tu bata el vientre, y de repente te diste cuenta que te miraba y bajaste los ojos!!!
Mercedes Bazán

T9
No puedo ofrecerte risitas estúpidas, ni ositos de peluche dibujados en una tarjeta. Suerte que elegimos no cumplir con la norma, y yo sólo quiero regalarte palabras. Y vos – como se designan las cosas en las películas–  querés aceptarlas. Elijo las palabras y ellas sedimentan, y se vuelven como un enfisema en el inconsciente, y después de un rato le decimos amor.
Clayton

Se amaban a pesar de su diferencias, mientras que el inminente rey sonreía de verdad a su lado la futura reina lo hacía pensando en sus ausentes padres. 
Santiago Selva

Delicioso
Su madre le enseñó los secretos de la buena cocina y a Laura le apasiona agasajar a sus amores con las mejores preparaciones. Ya no recuerda cuántos pasaron por su corazón. Hoy está con Andrés, a quien conoció en el parque un año atrás. Había quedado deslumbrada con su cuerpo armónico y cuidado. Él quedó cautivado por su forma de cocinar y festeja sus platos dulces y salados por igual. Hoy es su aniversario y seguramente Laura ha preparado algo especial. Lo que no sabe Andrés es que hoy será su última cena: ella detesta a los obesos.
baco_mza

Adicciones trasnochadas
El borracho
Abrió los ojos trasnochados de juerga. Buscó en la ventana la primera luz del día, que se tardaba en venir. Se envolvió en las mantas, el frío del alba le revolvería el estómago, mientras repetía una retahíla convenciéndose a sí mismo de que esta sería la última vez.
La mujer golpeada
Abrió los ojos trasnochados de llanto. Buscó en la ventana la primera luz del día, que se tardaba en venir. Se envolvió en las mantas, el frío del alba le revolvería el estómago, mientras repetía una retahíla convenciéndose a sí misma de que esta sería la última vez.
El amante arrepentido
Abrió los ojos trasnochados de sexo. Buscó en la ventana la primera luz del día, que se tardaba en venir. Se envolvió en las mantas, el frío del alba le revolvería el estómago, mientras repetía una retahíla convenciéndose a sí mismo de que esta sería la última vez.
Ana Laura Touza

Ojos culpables
Ellos tenían el mismo color de ojos, por eso percibían la vida de igual manera. Cuando ella veía la belleza de un niño, de un árbol o de la luna, él asentía en silencio. Cuando se contemplaban el uno al otro se producía un fenómeno extraño: ella podía distinguir el reflejo de sus propios pensamientos en los ojos del amado. Él, por su parte, descubría en la mirada de ella casi, casi el universo entero, o al menos ese universo que a él le importaba ver. Los dos sabían con solo sondearse,  los secretos y los miedos del alma del otro. Tanto, que a veces, las palabras se iban a otros sitios porque allí estaban de más. Pero ese día fue diferente. Cuando ella lo miró no pudo ver nada. Él tenía los ojos opacos, como si un velo se hubiera corrido entre ambos. Confundida, llena de dolor, ella lo escudriñó y un interrogante se dibujó en su rostro. Él la observó solo un instante con profunda tristeza y, sin una palabra, bajó la vista. 
Victoria Luna

Negocio redondo
En un boliche de Dorrego organizan el mejor baile de máscaras de San Valentín. El éxito se debe a que las parejas son alquiladas para esa única noche. Los interesados deben inscribirse con anticipación y, previa aprobación, la agencia se encarga de buscarles la compañía perfecta. Se garantizan besos, expresiones de amor, halagos y caricias. El bufé es de primera, sin olvidar la banda en vivo y los fuegos artificiales. Aunque los gastos son altos, se amortiguan con el costoso valor del servicio. La mayoría no se percata de que los compañeros alquilados también pagaron un importante caché para vivir la espiritual experiencia. Ninguno sabe que bajo la máscara  se encuentran sus esposas, maridos, novias, consortes…
Caro Fernández

Discusión
Me dijo que me amaba como nadie había amado en este mundo. Le contesté que no era justo que se apropiase de tal condición, ya que yo lo amaba más. Me contradijo, alegando que mi belleza era muy superior a lo que objeté argumentando que él poseía muchos más atributos que yo. Finalmente cortamos por lo sano, y nos separamos.
Caro Fernández

De un archipiélago, al sur
Cuento 1: En la ruta
Lo conocí en una peña el día del trabajo: grande, instintivo y con mucha imaginación. Bastante extraño para ser del interior: no le gusta ni el Tango, ni Borges, pero si el maridaje del blanco con los quesos. En algo más de 15 minutos logró hacerme reír, llorar y hasta putiar. Me contó parte de su historia y logró traer a mi memoria, el dulce Murakami, “Ver a la chica 100% perfecta en una mañana de abril”. Me sorprendió. Presiento que empezaré a sentir,  de nuevo.
Cuento 2: Días wee
Ese día telepáticamente, estuvimos de acuerdo en que la gente trabaja mucho, come mucho, habla mucho, miente mucho, promete mucho y no deja tiempo para entender y hacer cosas realmente importantes: mimar el alma, la propia y la ajena. Esa mañana surgió el café. Estuvo todo dispuesto para tomarlo, escuchar blues y mimar las almas.  Me gustaría continuar mimando el alma y poder incluir todos los demás sentidos por muchas vidas más. Te quiero.
Cuento 3: Quitasueño*
Hablan los sicólogos, sobre los "Hombres Tóxicos". Extraña clasificación, como casi todas las clasificaciones de los estudios de estos tiempos. "(...) Son de varias clases: los mentirosos manipuladores; los controladores abusivos; los pobres diablos autodestructivos; los yo-yo narcisistas y los eternos huidizos (...)" Afortunadamente mi Quitasueño, no clasifica en ninguna de las anteriores. Te amo.
*Quitasueño es un cayo que hace parte del archipiélago de San Andrés y Providencia, en el caribe colombiano. Su compañera es "Roncador"
Tathiana Montaña

Ahí te vas Elina
Ahí te vas Elina, con mis sueños y mi corazón en tu bolso, con nuestros proyectos, como una instantánea, de la que fue tu mejor foto. Que encuentres la felicidad.
Pablo Rodriguez

La vislumbró en la plaza. Todo su cuerpo temblaba. No sabía si cruzar la calle y seguirla, o esperar que el destino hiciera de las suyas. Se decidió por lo primero. Corrió como loco entre autos y transeúntes. Tras él, una joven corría llamándolo a los gritos. La alcanzó. Le ladró. Le gimió. Se olieron, se lamieron y menearon los rabos felices. Al mismo tiempo, el destino tejía una nueva trama entre sus dueños.
Juanae

Un amor de primavera marcó el final de esa flor....
Ivanprime

Hoy me acorde de usted. ¡Cómo olvidar sus grandes gestos de ternura! Cómo no recordar sus muslos relucientes después de cada ducha, el pelo que se adhería a su piel, sus pequeños senos en plena postura erecta, los desayunos de cada mañana, los silencios, los miedos, el aura de la ventana, el sabor acre de las discusiones... En fin, usted fue quien me mostró la felicidad en la vida, porque mi vida sin su compañía no vale demasiado. Por eso le suplico a quien esté leyendo estas líneas: si la ven, por favor avísenme; si no la ven, por favor no piensen que es delirio simplemente fue otro intento por encontrarla.
Americademza

Mientras caminaba como todas las mañanas, taciturno, hacia mi trabajo, las voces de asombro y ¡qué calamidad! me distrajeron de mi dosis diaria de ensoñación. Los ojos de sermón de domingo, los labios finitos de juicio final y los índices inquisidores de las vecinas me obligaron a despegar la mirada de las baldosas que conozco desde siempre. En la pancarta decía ?Carlos, gracias por tantos años de amor. Siempre tuyo. Roberto?. Ese día volví a creer que el amor es más fuerte.
Harmony

Fermín construía su mejor amor, pero él no lo sabía . Verónica igual junto a él, los dos tuvieron su mejor experiencia. El tiempo los separó, aún no saben porque , ... Debió ser tan absurdo el motivo, que las nuevas sonrisas borraron todo reclamo cuando ayer se encontraron otra vez , habían pasado 12 años .Aquello que una vez los unió hoy les apareció igual de inmenso soberano y mágico , pero eso es tan grande que hoy eso no entraba juntos con sus hijos, esposa y esposo ... El final... , el final quien sabe no ? se quedaron mirando en silencio construyendo hermosos puntos suspensivos.
Cubito

Corriò la blanca e impoluta cortina, saliò al balconcito y sintiò que todo daba vueltas: no podìa moverse ni retroceder, se agarrò con fuerza de la baranda? en què piso estaba? mìnimo en un piso trescientos por la altura de los otros edificios y por còmo se veìa la playa, una delgada lìnea clarita, lo demàs era mar de un color intenso, como el del cielo, surcado por algunos vehìculos y constelado por esas pequeñas plataformas plateadas que servìan para cambiar de lìnea?. ya repuesta volviò a la habitaciòn: la nena sonreìa, se ve que la pelìcula que veìa con sus anteojos panoràmicos era una comedia .. tuvo que traerla porque no encontrò a nadie que se la cuidara... sus compañeras de trabajo -amigas no, amigas no tenìa- con quienes recìprocamente podìa contar tenìan distintos problemas, todos entendibles? pero no era un inconveniente mayor? Emilio era cmprensivo y la nena sabìa que cuando le pidieran que se fuera tenìa que subir y bajar en el ascensor hasta recibir la orden que podìa volver a la habitaciòn... sabìa lo que sucedìa en su ausencia, todos los niños de su edad lo sabìan, era algo natural? por suerte a la tarde las asistentes del hotel la llevarìan, junto con otros niños, a la playa. Kaela mirò su inmensa valija -le había costado cerrarla- le pareciò que habìa abusado un poco con la cantidad de ropa pero la tentaciòn era grande: ella era la ùnica en su trabajo que usaba prendas confeccionadas con telas lavables? sus compañeras, que debìan vestirse con ropa descartable, le tenìan un poco de envidia y decìan que habìa tenido suerte al encontrar a un hombre tan rico que podìa permitirle ese lujo y daban por descontado que en esa relaciòn el interès tenìa su peso. Pero no, no era asì, ella lo querìa mucho, sentìa una sensaciòn de bienestar cuando estaba con èl, unos deseos de abrazarlo y ser abrazada? sentìa que el hecho de poder estar juntos una vez a la semana en un hotel le permitìa tocar el cielo con las manos? Emilio era tan cariñoso, tan distinto a los otros hombres, hasta habìa conservado el nombre que delataba sus humildes orígenes? podrìa habèrselo cambiado como hacìan todos pero no, èl era asì de sencillo, ganaba mucho dinero tenìa un pequeño imperio pero nadie lo hubiera sospechado? asì que le perdonarìa haber llevado una valija màs grande que de costumbre porque èl sabìa el placer que significaba para Kaela poder usar las prendas de su abuela...por la escasez de agua, el lavado de ropa no estaba permitido... esta operaciòn solamente se podìa hacer en los hoteles de 7 estrelllas para arriba que contaban con unos lava-secarropas de gran tamaño. Kaela sintiò el leve ruidito de la tarjeta en la ranura y Emilio entrò, con un pequeño bolso, vestido con un anticuado pantalòn pinzado oscuro y una camisa blanca (sabìa que a la playa no iban a ir)... le sonriò y ella sintiò que estaban en la antesala del paraìso ... pensò en que lindo era estar enamorados y se alegrò de que el amor, aunque escaso, no hubiese desaparecido del todo....
Buelaetrusca

El .dieciseis años ... Ella....tan solo quince...Caminan descalzos en la playa , hundiéndose en la arena generosa que ofrece su blandura. Para ellos , el mundo entero esta hecho de arena .Caminan con las manos y las almas unidas . Me gustan tus ojos que tienen el color tibio del horizonte .Me gusta tu sonrisa ... que se prende a mi carne . Me gustan tus brazos ..que borran mis dudas y temores . Se acercan , con sus ricos silencios compartidos ,hasta el borde del mar y de si mismos El mar lame la arena que lo recibe mansamente, Con fuerza viril se deshace en espuma y la cubre cumpliendo con el rito milenario. Lentamente sus bocas se unen , con el afan urgente de beberse sorprendidos , confusos ,acaso en busca de si mismos Como pueden tus manos vivificar mi cuerpo en ecos infinitos? ¿Cual es este misterio que nos da y nos exige, que nos alegra y nos angustia , que nos envuelve sin tiempo ni espacio ni frontetra ? O tan solo nos muestra el camino hacia la luz eterna ? Estan tan juntos que proyectan tan solo una sombra en aquel atardecer de rosas y dorados . EL ,ha señalado el sendero y el universo ha movido nuevamente sus fichas .Acaba de iniciar una nueva partida y , como todo inicio, solo esta lleno de renovadas esperanzas.
maestro burlado

El amor no es cosa de macho
La perra lo abandonó, arrastraba las cadenas que él le colocó. El callejero siempre atento encontró el atractivo que lo incitó a montarla, no hubo amor, fue forzada como muchas y mas luego sólo quedó el dejarse para no sufrir, aunque el comentario es que ella lo disfrutó. Hoy su dueño busca al culpable, a la perra la hace responsable de escapar en busca de un macho. El dueño de esa perra está agotado de ver a las hembras huir de sus manos. Marta se fue hace un año, harta de ser perra, sus senos le exigieron no ser tocados antes de tiempo, la lubricación no era la misma y una frase no era suficiente, ella necesitaba el poema entero. Ni el título de propiedad le sirvió a su dueño para que volviera, Marta no tuvo variedad en el tema y degustó un postre bien preparado, el vecino la ascendió a reina y ella lo coronó sin tanto protocolo. La vecindad ya tiene dictamen: ella puta. El vecino, un manso engatusado. El propietario de la perra preñada y exmarido de Marta es considerado la víctima. De un total de varios, el grueso de los que opinaron eran damas, que no son machos porque sus dueños no lo permiten.
Tiquito

Una llamada llega, entonces, como una agradable brisa trayendo paz y consuelo.
Otravista

Esa noche partió dandole un beso a su amada,nunca imagino que ese beso era su despedida ,esa misma noche ,la lluvia caia como lagrimas en su rostro. El destino hizo que en un accidente el muriera..Ella lo resivio,en un ataud ,pero el tenia una sonrisa marcada en sus labios ,el murio pensando en su amada y ella pudo recordarlo sabiendo que su amor siempre la amo.
Mariana41

Amor inmarcesible
Y descubrí que la eternidad no me alcanzaba para entregarle el amor que está en mi corazón.
edith61

La fría llovizna de otoño, le recordó el último beso de su amada, antes de partir hacia la guerra.
letka2011

Pese a estudiar Medicina, recién supe dónde tenía el corazón cuando te conocí.
pampa

La besó, y mientras su perfume embriagaba sus sentidos, sintió el frío acero perforando su corazón.
alfacruz

La leyenda cuenta que sus ojos viven en el universo, pero mi corazón sabe que solo son historias sin sentido. Ya nada cuenta, sin sus manos cálidas el amor que aún siento duele en lo más profundo. Por más que la vea en sueños, al despertar otra vez siento el vacío .Nadie me explicó lo que era la muerte. Te amo vieja. Mucho se ha escrito de las distancias, mucho se contará de las experiencias, pero cada uno sabe de sus padecimientos.
Gabriel

Un soneto
Cuando el tiempo cumpla su cometido Y los años nos hayan devastado Entonces vos verás que yo te he dado Mil veces lo que había prometido. Seguro me hablarás de sinsentidos Palabras y tonos descuidados? Los miedos y terrores retratados En el triste latir de un cuore herido. Entonces mostraré mis argumentos Quizás dejes de verte malquerida Sabrás del llanto junto a tu partida Sabrás de lunas soles y lamentos Y ya no repetirás que te hice cuentos Si prometí un amor, te dí la vida.
Evan

La plegaria del centurión
Como una bella espada roma, el amor es cuando alguien roba eso, que cuore le dicen en Roma; y que ya estando perdido, aun sabiendo quién es el bandido, dejamos a nuestro corazón libremente ser blandido; ya que más vale la pena entregarlo y poder tal vez salir herido, que atesorarlo para nosotros mismos, y vivir sin dicha y sin olvido, sabiendo que no fuimos capaces de haberlo compartido.
Jevilauda

“Mis fantasmas hoy , por fin estàn en paz! Asi dice la cancion que te trae a mi mente ... Sacudiste mi apatìa , despertaste mis sentidos ... Te disfrute con todo mi cuerpo , mi alma y mi intelecto... Felizmente descubri cuando dormias que existia ese hombre que tanto habia imaginado , que creì que solo era producto de mis fantasias ... Tristeza la que ahora me toca aceptar ... una distancia enorme que nos separa ...tu realidad "imponente " me grita que " soy yo la que sobra en esta habitacion".
Unamendocina

nos miramos, nos conocimos, alli surgio un amor ...a primera vista? no lo se ,eramos pequeños ,el momento nos separo, cada uno hizo su vida llena de alegrias ,hijos y muchas cosas mas , tal vez fue asi ? no lo se ,despues de 27 años, nos volvimos a encontrar nos miramos, sonrisa de por medio y un abrazo interminable, resurgio el amor entre los dos; la piel ,la quimica que hubo ese año 85 se volvio a encender, las mismas caricias, los mismos besos, renacio todo de nuevo como aquel dia , hoy somos felices fundiendo el amor de los dos que empezo ese 85 volvio despues de 27 años y terminara no se sabe cuando hasta la eternidad?, me di cuenta que el amor existe y esta dentro de nuestros corazones fue lo que mejor nos paso en la vida, un amor del que nunca me olvidaré.
fede64

Las bocas que se amaron
Erase que un día, no se cuándo, ni como, ni por qué, dos bocas que discutían puntos de vista y cuestiones de género, rozaron sin querer sus labios en el candor de la encendida peña. En ese mismo instante, un silencio carnal se apoderó de sus voluntades y en un mudo torbellino húmedo de sabores y encantos, comenzaron a amarse.
hugo pontis

Taciturna y solitaria, luchadora y enamorada, valiente y apasionada; tuviste un coraje formidable al soportar mis días de melancolía, en definitiva quienes nos rodearon alguna vez no tienen la culpa de nuestras poquísimas facultades sociales. También creo que si has formado parte de mi vida, fue para no sentirme tan marginado del mundanal ruido. Por eso imagino que no te fuiste a ese lugar de donde nunca se vuelve, porque necesito de tu esencia más que nunca. Te amo, me faltas, te quiero.
Americademza

Frente al espejo se observa. Los ojos le brillan de una manera especial. El corazón le estalla en el pecho en acompasado sonido que recorre su interior. Lo desborda el amor. Sobre la mesa los pinceles esparcidos. Suavemente como en un ritual va pintando sobre su piel la rayas de la camisa. Resuenan sus pasos en la acera. Solo faltan minutos para verla. Maquillada perfecta, vestida a la moda, su cabello irradia. La roja sonrisa atrae las miradas. Las luces se encienden... La vidriera resplandece.
Mirta Porro                

Todo es una cuestión matemática. Durante la vida cruzamos muchas diagonales y quizás caminábamos en forma paralela…  siempre juntos pero sin encontrarnos. Las estadísticas decían que en el viaje de egresados debíamos coincidir pero la ecuación no fue exacta y una de las variables los modifico todo. Cada uno seguía su recta sin encontrar un punto en común.  Pero un día la intersección se produjo…  nuestros planos formaron un universo.
Carolina Andrade

Tu atractivo desconoce el tiempo y las aventuras de lo infinito. No sabe de amores ni prohibiciones, rencores ni guerras. Guarda en si algo que necesito y me busca aunque niegue su encuentro.
Leo Rapali

Sólo quiero que tus ojos brillen de felicidad por el amor que cada día te voy a dar.
Nano

Cuando Él murió, vivió el Amor para siempre.
María Corzo

Se despertó a primera hora, presintiendo que no seria un día más, pues hoy se cruzarían sus caminos y ya nunca más se separarían.
Laura Martínez

Ella simplemente lo vio, apenas joven conoció el amor y supo que ese sentimiento duraría el mismo tiempo que su corazón.
Florencia Di Marco

Él serio, de traje y corbata subía al micro a las 6:32, se sentaba en el último asiento para verla caminar insegura por el pasillo. Ella con enormes ojeras, y una carpeta llena de dibujos. Así estaban, según el hombre, 17 minutos juntos y la bella muchacha de ojos llenos de vida y pantalones Oxford bajaba saltando del micro, y sus cortos cabellos contra el viento matutino quedaban sumamente revueltos. Él la miraba por la ventana, como la joven se iba caminando despacio hacía vaya saber dónde. Ella miraba cómo se iba el colectivo, con ese hombre que cruzaba miradas todas las mañanas, una mirada tan triste e insegura que el corazón se le oprimía.Y así fue, meses y meses de un sutil amor profundo, enfrascado en miradas inocentes y un silencio complaciente.
Vera Jereb

Ese muchacho no podía ver la hermosa sonrisa de su amante. Ese joven, no podía mirar los hermosos ojos de su mujer. Ese buen hombre, no podía tener la bella vista del cuerpo de esa querida chica. Y aun así, el la amaba. Y  aun así, ella lo amaba. Y aun así ellos se amaban. Porque el amor no se basa en el exterior de una persona. Se basa en el interior. En el corazón. En el alma.
Sofía Vargas

Apenas supe que existía, me enamoré. Amé desde ese minuto su presencia en mi vida. Supe que jamás sería igual, que mi mundo había cambiado para siempre. Que mi mano jamás soltaría la suya. Me di cuenta que el amor infinito y puro llego con él. Creí que había amado, pero sólo había imaginado lo que era el amor. Desde que nació vivo el amor todos los días. Enamorada estoy del fruto de nuestro amor.
Rosyna

Puedo decir con exactitud que en aquellos años comenzó mi vida, los años anteriores solo fueron un entrenamiento para lo que habría de venir. Lo nuestro fue muy difícil… Mis padres habían olvidado su niñez en el baúl de los ayeres y, con ella, enseñanzas tan simples como que los niños nos enamorábamos tal como ellos. A su vez, ninguno de los dos tenía un temperamento manso, y no era fácil encontrar coincidencias. No compartíamos la edad, ni el tiempo, ni los gustos siquiera; ¡Pero eso que importa! ¿El amor no es algo mágico acaso? ¿No es la tan escrita magia, que no fenece con el tiempo ni con la historia, sino que nos acompaña más allá de la vida? Entonces, ¿Por qué nunca nos entendieron?
José Melis

¿Es mala la distancia?
A veces, maldigo a la distancia por hacer que no podamos mirarnos a los ojos. Otras veces, la maldigo por no poder susurrarte esas cosas al oído que tantas veces quise. Otras veces, la maldigo simplemente por no dejarme escuchar el sonido de tu voz, o por no dejarme observarte a lo lejos. Pero después me doy cuenta que es gracias a la distancia que nos conocimos. Si siempre hubieses estado aquí, a mi lado, jamás hubiésemos hablado. Si estuvieses a mi lado, jamás te hubiese mirado. Por eso, me di cuenta que la distancia no es tan mala después de todo. Después de todas las cosas que nos dijimos, sé, que nada va a ser igual. Después de tantas cosas, tantas canciones compartidas, ya no podemos volver atrás. Y lo único que sé, es que jamás sabré como expresarte todo lo que me haces sentir. Todas las cosas que me pasaban mientras te miraba a lo lejos, tantas cosas que siento cuando me escribes. Por eso gracias, por todas esas mariposas, esas sensaciones inexplicables en lo más profundo de mi corazón, y eso, que estoy segura, es amor.
Caminante Soñador

Arquitectura de los cuerpos al decir adiós
Salgo de mi casa. Saludo a una señora. Miro el semáforo. Cruzo la calle. Doblo a la izquierda. Me detengo. Toco el timbre. Abrís la puerta. Me recibís nostálgicamente invitándome a entrar en ese espacio vacío que existe entre tus brazos extendidos y mi espalda, legitimo toda una construcción antropoarquitectónica guiando con mis manos tu nuca hasta poder apoyar el mentón sobre tu salvaje cabellera. Temblás como las gotitas en el cristal antes de empezar a resbalar, al mismo tiempo que voy dejando que el aire penetre fríamente por los huecos que voy abriendo, al separarme de vos, entre nuestros cuerpos. Pronto la construcción se desarma, ya no es tus brazos en mi espalda, mis manos en tu nuca, mi mentón en tus cabellos; ni mi nada en tu todo; porque el aire y el agua y la noche y el tiempo ya cruzan tormentosos y perennemente crueles entre las lágrimas que brotan de tus ojos y las palabras que se estancan en mi boca. Buscás, por alguna razón buscás, con tus ojos los míos y durante segundos tendemos un puente de corazones fisurados sostenido por cuatro pupilas húmedas. Imposible para la frágil belleza de tus ojitos enrojecidos hacerse viga de todo el peso de las promesas sin cumplir, los recuerdos a desechar y las fotos por quemar. Descansás tu mirada en mi cara por última vez, pestañeás pegajosamente y mirás para el otro lado de la calle, mientras se derrumba el puentecito y cae pesado en las uñas pintadas de tus pies descalzos.  Luego del estallido de los pedacitos al romperse en más de mil esquirlas, noventa y seis “te amo” trece “nunca me dejes” y un “tenemos que hablar”, noto que nunca atravesaste el umbral de tu puerta, y que en este momento estás más para adentro que para afuera, más con vos que conmigo (como deberá ser nuevamente y a partir de hoy). Posás tu mano sobre mi pecho dulcemente y en silencio percibo un caudal de sentimientos y emociones encontradas, para mis adentros me das pena, me duele que te resistas a entender que todo terminó; pero siempre fui tan ciego que tardé en comprender que, lejos de asemejarse a una caricia, tu palma abierta en mi cuerpo indicaba una sola cosa: que retrocediese unos dos pasos así podías cerrar la puerta. Y así lo hiciste. Y vi de reojo la numeración de tu casa, mientras empezaba a caminar. Doblé a la derecha. Ignoré el semáforo. Arrastré mis pies por la calle. Insulté a un perro con correa que me ladraba. Entré a mi casa.
Mauricio Luis Serra Alsina

Nadie mira dentro del escote de una flaca
“Roma 152”, dice el recibo; me apersono, toco timbre; mujer cincuentona aparece, desarreglada, los pelos, el vestido, como si viniera de un lugar con mucho viento; más descripción: chata de tórax, también de pompis; más: agreta e irónica; más más: me encantó, a pesar del batón. Abierta la puerta, las palabras de su boca empezaron a salir: —ahí está el aire acondicionado, hace una semana llamé, ¿Vienen desde China también los técnicos? ¿Entiende usted español? ¿Qué se me queda mirando? Se creen que porque una es sola y mujer. Yo pagué y bien que me costó, ahora no anda. Yo no la oía, simplemente observaba sus gestos y ademanes y veía cómo éstos, con el fervor del monólogo, le coloreaban sus mejillas. Divina. —¿Pero qué mira? El que me encuentre sola no quiere decir que no me han amado, al contrario, he tenido siempre para elegir. Estuve largo rato haciendo como que me ocupaba del problema, lo cierto es que no sabía cómo cortar y dirigir el monólogo hacia otros terrenos. —Pero es irremediable: todos los hombres siempre van donde hay carne, nadie mira dentro del escote de una flaca. Y como ve: una termina quedándose sola, diríamos que para completar una cadena donde se nos vende el electrodoméstico defectuoso. ¿Le falta mucho? —Terminé señora, quedó como nuevo. —¡Es nuevo! dijo ella. —Cualquier problema me llama. El aparato aún está en garantía. Hechas las salutaciones, me fui ofuscado y ansioso por saber cuándo fallaría el termostato, producto de mi treta, para volver a verla.
Nuevo Román

Final absurdo para una historia de amor que no fue
 -¿Nos volveremos a ver?- dijo con voz ansiosa. Retuvo su mano el mayor tiempo que pudo antes de que ella descendiera del auto. -Nos hablamos- obtuvo por toda respuesta. Ella caminó los instantes que la separaban de la puerta de su casa. Al mismo tiempo que lo hacía, recordó su atractivo rostro -mezcla de niño y hombre-, su sonrisa espontánea y perfecta.  Él la vio perderse entre las sombras y se marchó. Siempre hay un maldito "pero". No tenía suerte en el amor. Ya en el umbral, buscó en su abrigo el celular para agradecerle el gesto de traerla a casa y pedirle que le hiciera saber si había llegado bien a su hogar. Quiso enviarle una esperanza. Introdujo sus manos y…, en lo que dura un pestañeo, su rostro pasó de la incertidumbre a la tristeza. No había nada en sus bolsillos: no habría una próxima vez.
Karina G. Alaniz

El amor hace nueva todas las cosas
Hace tiempo que Juan vive en un hogar de ancianos. Un enfermo alcohólico grave, tembloroso, incontinente, violento, tanto, que no podía participar del comedor comunitario. Los profesionales pensaban enviarlo nuevamente al Hospital, aunque ya se había fracasado en varios intentos. El 14 de febrero del 2010, Juan conoció a Juana (él 75, ella 70 años), pocos días después, vivían un amor intenso, paseaban por los patios del Hogar tomados de las manos, conversaban, reían, se besaban. Pronto Juan comenzó a socializar con los otros residentes, lucía limpio, amable, alegre. Hasta el día de hoy, Juan nunca más volvió a tomar alcohol. Es que el amor hace nueva todas las cosas. Esto no es un microrrelato, es una historia verdadera.
Oscar “Kacho” Bustamante

Amor, primera vista
Volé, crecí, viví. Vi pasar la vida ante mis ojos, antes sus ojos. Soñé, creí. La sentí tan cercana. Un roce. Una mirada. Una explosión.  No hizo falta más nada. Entendí que existe, que es posible. Supe quién era ella, y en sus ojos, leí que ella supo quien era yo.
Agustina López D'Ambola

El novio
Ardía febrero. Aprovechó la hora del almuerzo para reclinarse a la sombra de un árbol. El murmullo de sus compañeros de obra se fue perdiendo en el aire mientras alisaba con su mano la tierra. Escribió un nombre y sonrió. Despacio, en calma, alisó la tierra nuevamente. Es que ese día volvió a estar de novio con su novia de toda la vida.
Chaveli

Cada 14 de Febrero
Cada catorce de febrero su corazón palpita, las mariposas hacen estragos en su estómago, su cuerpo emana un perfume especial, ya llega Él.... Como cada 14 de febrero, como cada día... para hacer ciertas todas las cosas.
Amelia Del Carmen Dean

Suceso
No hubo mucho de qué hablar. De hecho, estoy casi seguro que no pronunció palabra. Si hubieras visto, si te hubieras fijado como la ciudad se iluminaba con su presencia… ¿Y le llamas amor? ompletamente. Amor. Profundo enamoramiento por a aquél suceso, aquella presencia, aquél aura suprema. Y lo más curioso es que si hubiese sido una persona, el sentimiento probablemente hubiera sido menos impactante. Quizás no comprendas, pero aquel otoño me hizo sentir  vivo otra vez.
R. Olarte

Verdadero y loco amor
…¡Te la corto! Le dijo. El supo de inmediato que ella hablaba en serio, pues minutos antes se habían amado con intensidad. Ella es radical, ama con fuerza y cela con locura. Ea noche fue triste se dio cuenta al besarlo que algo no estaba bien. La idea del engaño, que tanto la perturbaba, se cristalizaría dos días después por la mañana. Un mensaje de voz donde una mujer y un hombre narraban la historia más triste, desató la tragedia. Seis horas desesperadas de llanto y decisiones tomadas pasaron hasta que se escuchó el auto en la cochera y sus pasos entrando a la casa. Ella se asomó a la puerta de la habitación con la cara empapada y una sonrisa forzada, y le dijo no sabes! Quiero que escuches esto… mientras comenzaba a sentirse mareada, como entre nubes… deja correr el mensaje con el volumen al máximo. El con su cara desfigurada empieza a entender, sabe que es él haciéndole el amor a otra mujer… sale corriendo avergonzado gritando perdóname, se va, se aleja… ella se desvanece las pastillas hacen efecto, cierra sus ojos sabiendo que jamás volverá a verlo… triste… feliz… porque el dolor de la traición desaparece lentamente.
@Violettaqp

Esta es una historia de amor como todas así es que pueden ir cerrando el libro si esperan algo mágico o diferente aunque sí puede haber un cambio en cuanto un poco al final tal vez. Pregunto. ¿Alguna vez les pasó mirar a una persona del sexo opuesto y sentir que no podes dejar de mirarla y no saber por qué? Dicen que el amor eterno existe y si no porque no contar lo que sucedió tiempo atrás  entre Uma y Esteban. Ellos eran la pareja más enamorada de todos los tiempos así se decían entre ellos y se reían al unísono. Planeaban todo juntos e iban a todos lados juntos, era muy raro verlos separados tal vez cuando cada uno realizaba las tareas que le correspondía  como hombre y mujer, pero hasta parecía verlos apurados en los quehaceres para estar de nuevo juntos, parecía realmente no haber otra pareja más enamorados y felices que ellos, pero el tiempo y lo finito que es la vida misma terrenal acabo con ellos…. (Silencio)… (Suspiro) Gracias por la espera porque en realidad tuve que tomarme un tiempo prudencial para entender y poder explicar que su amor transcendió las reglas de todo mundo físico y terrenal y que pasaron las épocas y ellos siguieron naciendo y encontrándose en cualquier parte del mundo o tal vez del cosmos hasta que una vez no pudieron encontrarse y se buscaron y se llamaron en las oraciones pero no se encontraban y fue así que probaron con otras personas pensando que se habían encontrado pero fracasaban en sus intentos y ya sin ganas de seguir buscándose decidieron vivir solos y sin amor. Y tal vez  quiso el destino (frase vulgar que sirve para explicar lo que no entendemos) que se encontraron en una fila no se para que o en realidad no lo quiero decir para que no sea simple y poco romántico el encuentro pero la verdad es que se miraron y no pudieron dejar de hacerlo sentían que se conocían aunque en realidad no, pero esa sensación extraña de que si y que querían estar juntos ¿Dónde? No se. ¿Cómo? Tampoco. ¿Cuándo? Si Ahora.  Lo demás se supone que paso y si lograron estar juntos tal vez los tiempos de juventud ya se habían ido pero les queda mucho tiempo por vivir o no. En realidad lo único que se sabe es que otra vez el finito tiempo terrenal los sucumbió pero paso algo inesperado y hasta tal vez divino o si en realidad fue un regalo divino. A él lo dejaron ser Río y a ella Roca para que así pudieran estar juntos eternamente y eternamente el río acariciara sus aristas.
Pablo Garcia Millán

Amores pasajeros

Se viste rápidamente, enciende un cigarro y toma su cartera de raras pertenencias. Se dispone a salir, vuelve la mirada, no, no olvida nada. Pero algo la detiene, no sabe si quedarse o irse, después de todo él no dijo  nada. Cierra la puerta; atrás quedan vagos aromas, sábanas revueltas, la colilla de cinco cigarros y uno a medio terminar; atrás dejó algo que, aún caminando por la calle, sonriendo a quien la mira, saludando a caras conocidas, escuchando el cantar de las pájaros, aún no comprende qué dejó. Cansada se sienta a mirar desde algún banco de alguna plaza cómo los niños juegan, cómo la gente camina, cómo las parejas se enamoran. En un destellar los recuerdos comienzan a naufragar por su mente. Recuerdos no muy lejanos, recuerdos de esa tarde. Una mueca se dibuja en sus labios, sonríe, se desvanece. Siente sus manos suaves aún acariciando su cuerpo, enredándose en sus cabellos. Pensamientos perturbadores desfilan por esa plaza, alguna plaza...sus besos, sus palabras, su voz inconfundible, eso de sentirse mujer a su lado...mujer amada, mujer deseada. De compartir ese momento con alguien gritaría que ama a ese hombre, su cuerpo, sus manos, el sentirse chiquita abrazada a su cintura.  Otra vez a la realidad, está sola ya nadie camina por la senda, los pájaros callaron y el sol muestra sus últimas luces antes de desaparecer. Era tarde debía regresar y hundirse en papeles y más papeles. Luego acostarse sola, nuevamente sola...y recordar que decidió amores pasajeros para su vida luego de uno o dos desengaños. Pero hoy sintió algo diferente, algo nuevo, algo único; dejaba algo en ese departamento…el labial, el perfume...no, nada de eso. Se levantó y caminó por las mismas veredas que horas antes la vieron pasar, pero las miradas y las caras ya no eran las mismas.  Tomó las llaves, entró. Todo seguía igual, pero algo había cambiado dentro de ella. El perfume de él, aroma irrepetible; su figura mirándola, sus ojos, inquisitivos, esperando una respuesta. La angustia del silencio mudo que siguió luego de una pregunta. Por qué no? por qué no intentarlo? Ese hombre de pié, que la miraba, la amaba y ella? Ella lo comprobó hoy. Lo abrazó, lo besó y dijo: "Basta de amores pasajeros. Sí, acepto. Acepto ser tu mujer"
Ana

Sos
Sos una batalla, que se imposible de ganar, pero a la cual voy con todas mis armas preparadas. Sos una búsqueda en sí misma. Sos el horizonte. La estrella que dibuje desde siempre, la inalcanzable. La que tanto odie, la que tanto deseo. La que mas cuesta, la que mas vale. La única flor entre flores. El río mas frío del sur, el lago mas espejado, misterioso, milenario. El bosque borgeano que siempre intente describir. La oscuridad. La luz. El miedo. La verdad. Los ojos que me reprimen, los labios que me liberan. Tus oídos mis hojas, tu alma mi tinta, tu mano mi pluma, tus palabras los libros que no leeré. No se si te quiero, solo que te encontré. Ahí, inmóvil, esperando. Agua de glaciar. Mortal aventura. Doloroso camino. Lejana, distante, pasada. Espectral, imperfecta, futura. Mujer. El cuento que imagino, la poesía que no recuerdo. Alma de mar. Guía. Sueño, pesadilla. Angustia. Tiempo. Letras, arte. Acorde de juventud, armonía barroca. Montaña al sol naciente. Blues, jazz, Silvio. Nieve en la cordillera, arena de playa. Beso. Lágrima, risa, sexo. Sos el despertar que quiero, la que nombrare en recuerdos. La que espera. La que será. El Aleph. La revolución, la guerrilla, una guitarra. Sos Juventud, vida, felicidad, tristeza, olvido, muerte. Nacimiento, razón, encuentro. Continente, Siete Lagos. Neruda, Borges, Cortázar, Arlt. Sos literatura en mi biblioteca. Sos la que amaré, la que olvido, la que escribo.
Juan J. Sovarso

Todavía en espera
Noche y día y al día siguiente espere a esa dulce niña. La conocí el verano anterior, con toda su magia pudo domar mi rebelde corazón, penetrarme el pecho sin rozarme y llegar al centro de mi alma. Me convertí en su súbdito, en un esclavo martirizado por el tiempo, el tiempo que prolongaba la esperanza de que me diera su amor. Esperanza de que abriera su universo para dejarme fluir en él. Desesperado marque los amaneceres para contarle la trama de mis suspiros. Mi táctica fue enamorarla, conocerla y quedarme en sus recuerdos. Hasta que él día llego, y me abrí ante sus ojos analíticos. Ella estaba lista para replantearme mis sentimientos, para negar mi locura romántica y admitir que el amor eterno no existía. Y es ahí que recogí pedazo a pedazo mi ilusión, quizás para recomponerla, en un tiempo, o quizás para recordar lo frágil que soy.

Leandro Giacani

Instrucciones para escribir una tarjeta de amor
Colóquese de espalda a la puerta para evitar cualquier intrusión y cerca de una ventana para no asfixiarse con la tinta dulce de sus palabras. Ahora bien, proceda a elegir un papel, aquella pasta de fibras vegetales en donde plasmará una oda a Eros, Afrodita y hasta a su querida Lucrecia. No obstante, procure que el café que ahora tintinea en su mano izquierda, mientras revuelve el azúcar, no se derrame en la hoja; pues ella podría interpretarlo como un desinterés hacia su persona. Una vez concluida la cuestión del soporte, elija una pluma para representar ese remolino de letras, recuerdos que repiquetean en su cabeza cansada mientras las sigilosas agujas declaran las doce.[1] Pues bien, finalizados estos asuntos fútiles, ya está listo para escribirle a su amada. Intente recordar lo que siente cuando está junto a la señorita. ¿Acaso consulta su reloj de pulsera esperando que llegue quince minutos por adelantado para compartir con ella unos minutos más antes de despedirla en lo oscuro del porche a la hora de la Cenicienta?.  ¿No siente  que la muchacha es algo suyo, pero que no es su cuerpo? ¿Es que no lo invaden unos celos locos cuando otros ojos negros se posan en su esbelta figura? ¿Tartamudea, trastabilla o derrama jugo en su camisa cuando ella camina columpiándose en sus caderas de una forma tan  particular? ¿Y qué ocurre cuando habla? Yo diría que la naturaleza se detiene a escuchar, el grillo deja de cantar, el cielo se sonroja con timidez y usted en sus labios se quiere perder. En conclusión, si usted ha contestado que sí al interrogatorio anterior y experimenta esas sensaciones, debo confesarle que está completamente enamorado, ni siquiera la Sibila lo pudo prever.  En  estos momentos, se encuentra más brillante que el alba, bajo la necesidad de conquistarla todos los días para que siga siendo suya. Las musas le han regalado la poesía, pero también el miedo a perderla, a que se la roben. ¿Quién diría que volaría a una tierra donde la princesa, el dragón colosal y el hada madrina existiesen?
[1] Recomendación: No caiga en el desasosiego a la hora de optar por el color de la tinta, cualquiera es oportuna si usted es un buen escritor y un romántico entusiasta.
M. Dafne Gonzalo

Te vas a Mendoza
“La empresa abre una sucursal y vos sos una de las personas que tenemos pensadas para ir…” me dijeron. Yo ya sabía desde hacía un tiempo de los planes de expansión que tenían en mente, pero nunca creí que me iban a convocar. Pero cosas de la vida, estaba yo allí con mis superiores dándome la buena nueva. “Es por tres meses; vas vos y otras personas más a tomar las entrevistas laborales, armar el equipo de trabajo y volver para las fiestas de fin de año” me dijeron. Y les creí. A los cordobeses nos gusta Mendoza… A este cordobés le gusta Mendoza! Salvo en algunas cuestiones del clima, existen muchas similitudes entre ambas provincias. Así que no me costó adaptarme y las primeras semanas se me pasaron volando.
El día: 28 de Septiembre
La oficina en la que me habían instalado estaba en 9 de Julio y Espejo; era muy chica, daba a la calle, no tenía ventilación, ni armarios y tampoco cortinas. Mis entrevistas eran las informativas, es decir el primer contacto con el candidato. Recibía a grupos de cinco o seis personas, los disponía en semicírculo y yo me colocaba de frente para poder verlos a todos. Ese día comencé mi jornada de manera totalmente normal, y justo al entrar el tercer grupo de postulantes, un rayo de sol que se reflejaba en las ventanas del edificio de enfrente entró con todo su resplandor a mi oficina iluminándola solamente a ella. Hasta ese momento, Marisol solo era una candidata más entre las muchas personas que yo veía por día. Pero en ése instante no pude dejar de asombrarme el destello de su imagen: su pelo relucía con tonos dorados, sus ojos café eran ahora color miel, y su tez, blanca y rosada, parecía como de una muñeca. Etica profesional aparte, fue tal el arrebato de ocurrencias que osadamente le dije: el sol te está matando no? Porque no te sentás de este lado? (al lado mío, obvio!). Y así fue como nos conocimos.  Las entrevistas eran varias. Después de la que yo tomaba, había una segunda, una tercera y una capacitación de 10 días. Por supuesto que hubiere sido incapaz de forzar algún resultado con mis colegas. Sin embargo nadie podía impedirme que consultara con inquieta curiosidad si ella había pasado a la próxima instancia. Una vez que cumplió con todas las etapas de incorporación, me animé a invitarla a salir (me hice el galán, pero creo que ella ya se había dado cuenta de lo que yo tenía en mente) y así comenzamos una historia que hoy ya tiene algunos años.
… por estos días
Amor de mi vida. Nos pusimos de novios, alquilamos un departamentito en el centro, después nos cambiamos a otro más grande y aún hoy la seguimos remando con todos esos sueños que nos llenan la cabeza de ideas. Cada vez que pienso la manera en la que se suscitaron las cosas, no puedo sino pensar en algo ocurrido como por capricho del destino. Días después de tu entrevista estudié con minuciosidad el trayecto del haz de luz que entró por esa ventana y nunca volvió a resplandecer de ése modo, ni iluminar en el mismo lugar, ni a nadie por igual. Fue un instante, apenas un momento exquisito, y nos acertó a los dos. Sos todo lo que tengo y sos todo lo que quiero. Hoy leí algo sobre un concurso de historias de amor. Creo que la nuestra tiene cierta coincidencia que merece ser contada. Y si sigo con suerte, este relato se va a publicar y  reafirmaré (solo para satisfacción nuestra) que vos estabas aquí, y yo te tenía que encontrar.
Marcos Pedetta

La maldición
Maldito por de oráculo de una pitonisa diabólica, me encontraba acongojado, y sin rumbo. Herido en mi ser profundo, me mantenía adherido a sus hórridas palabras que desde su púlpito de mentira y calumnia, habían marcado mi vida.  Ella, con su boca torcida y su gélida mirada, había vaticinado el desastre. Ella con su voz melodiosa y envenenada había dictado el veredicto. Que fuera mi  vida, corta o larga, yo acabaría solo, rodeado de unos trastos viejos y mi corazón sangrando, en la mano de aquella en que yo posara mi amor verdadero, y así dejara brotar mi sangre hasta lo más profundo. Pérfidas palabras que retumbaron en mi conciencia y en mi ánimo, grabadas perenes en mi alma. Sediento de calor, y reñido en lo profundo, sabiéndome maldito, y sin esperanza evité cobijarme bajo ningún árbol.
Evité el escarnio y la burla, proyecté una vida larga y fecunda; pero prevenido de las consecuencias de la maldición, no di ni pizca ni muestra de amor verdadero a ninguna, evitando el conjuro que tanto me atormentaba. Sabia cura, pero esta  me mantenía sólo y triste. Lastimado, y sin respuesta suficiente para apreciar el color de la vida, los albores de la mañana, o el tierno beso de la agonía del amor, mis negros días se sucedían. Falsamente alegre alardeaba, pero inmóvil permanecía hasta ese umbral, que la maldición había fijado. No amar. Y así huía rápidamente de cualquier asomo o promesa, que me llevara a las garras de ese límite improrrogable. Amor no, nunca, para nadie, y en ningún caso. Pero los años, que nos dan sabiduría e inteligencia, pero pereza en el alma, me doblegaron un medio día de marzo. Cuando el calor sutil del comienzo del otoño, me obnubiló, y arrancó de mi las más alocadas expresiones de alegría, y las más insegura de las sensaciones, siendo incapaz de ver el peligro que se me cernía. Arriesgué mi velamen, y prorrogué mi promesa para acercarme a la costa, sólo para ver un poco más, para acercarme a sus dulces palabras y sus gestos de cariño. Sus promesas de mantenerme indemne, y su fidelidad fueron dejando a un costado la previsión y el cuidado que hasta ese día había mantenido. Creyó mi alma, y creyeron mis manos, tanto que no dejé espacio para la huída, que no ahorré para pagar mi viaje de vuelta, confiando en la marejada, y en los labios que tenuemente dejaban escapar atisbos de una sonrisa. La mañana, en la que alejado de todo, dejé descansar mi pecho, fue suficiente para suspirar profundamente, ya por el cansancio de tanto tiempo de cuidar el daño, ya por sentir que no tenía nada que temer. Tibia y redonda, una gota de sangre corrió por mi pecho, y sin entender que pasaba la seguí hasta su destino lejos de mi, en el piso. E hipnotizado, absorto, comprobé que mi corazón ya no me pertenecía. Indoloro, dulce y frío quedé musitando, la maldición está cumplida.
Alejandro Jofré

Amantes
“Como lobo en el desierto olvidando en el tiempo, alejado de la manada, va en busca de su amada. Amante de luna llena. Tu instinto es la pasión que devora el corazón”. En el camino se encuentra con la furia de un maleante que destroza su ilusión, arrancándole la vida,  en ese mezquino afán de no poder enfrentar sus propios miedos,  en su mente asesina, que no tiene espacio para razonar, afiebrado en el delirio de una locura enferma que lo impulsa a matar sin culpa alguna que lo acompañe, sin encontrar ninguna otra fortuna que  no sea mas que un bombón como regalo a quien lo espera, y  un par de billetes sueltos que no suman mas que dos dígitos. En la esquina pactada, nerviosa espera la amante que oculta una lágrima, mientras el tiempo pasa y el hombre no aparece. Solo un diario matutino, le hará saber Dios mediante, que le quitaron la vida a ese ser tan amado, que compartió con ella un amor clandestino. No podrá llorar su dolor sobre su tumba, porque lo prohibido, no está permitido exponerlo ante el dolor de los que papeles de por medio,  dicen ser su familia. Así lo llorará ella, aferrada a la almohada confidente de su cama.
Kely Jolie

Más que dos
¿Por qué voy a juzgar tu amor? Tus besos. Tus caricias. Uff, si ese detalle. Que se hace gigante cuando no estás. Tan grande que mi amor inmediatamente se convierte en ira. En pulsión, y salgo a buscarte y ahí está tu Citroen, rojo como ese puto color carmesí que pasean tus labios sexys. ¿Y es que cómo no sentir esto? Es mi hermano el que te tiene cada noche, y soy yo el que recojo las migajas de su pasión. Que cada día pareciese más voraz. Salto el cerco y me acurruco al  lado de su ventana, ustedes hacen el amor como animales salvajes. Mi corazón explota y no se como logro quedarme ahí, inerte sintiendo la furia de sus besos.  Amanece, normalmente se ducha y prende un cigarro, se pone una camisa rayada. Arranca su auto, un viejo gacel que suele dejarlo varado. Y se va, por fin se va. Detrás de sus paso ingreso a su casa, y te encuentro allí desnuda, con tu sonrisa maquiavélica que me enciende. Vuelvo a desgarrarte el sudor, hago mía tu desnudez y dejó de ser yo. Soy tuyo. Han pasado unas horas desde que calmamos nuestros cuerpos. Es una rutina odiosa, oírlos de noche cual voyeur en tu ventana. Un morboso… Y de mañana un ladrón sin escrúpulos. Encendés tu cigarro y me mirás, sonreís, y me derrito. -Déjalo, te amo, en serio. - Calma mi niño, que yo los amo a los dos.
Nahuel Quiroz

La esencia de tu nombre
Un dialogo de la antigüedad, en el que se adivinan los primeros pasos de la lingüística y la etimología, que tuvo a Hermógenes y Crátilo como activos protagonistas y a Sócrates como mediador en la disputa de éstos, sería compilado por el discípulo de éste como regalo a la posteridad. Regalo que fue honrado por un docto hombre de letras argentino, quien, por la obcecación asnal de la vida por el romanticismo, sería privado de la vista pero no de las letras ni de las palabras. En bello verso escribe, tomando del folclore hebreo, sobre aquel ser que deambula entre humanidad y bestialidad, y que de la tierra, al igual que el hombre, fue labrado. Su primer verso merece ser expuesto: “Si (como el griego afirma en el Crátilo)/ El nombre es arquetipo de la cosa,/ En las letras de rosa está la rosa/ Y todo el Nilo en la palabra Nilo.” Me pregunto y me respondo sobre el alcance de tal idea, si la palabra posee la esencia de la cosa. Encuentro aquí un anhelo y pongo en práctica aquello que Crátilo y el Poeta sugieren. Si en las letras de tu nombre estás contenida, amada mía, luego no existe diferencia entre tu nombre y tu persona, y mirarte sería igual que nombrarte. Entonces, respiro hondo, en la soledad de mi casa y en el silencio de mi cobardía pronuncio tu nombre. Te tengo aquí conmigo. A viva voz relato, casi como un cuento, ya poético, tan singular encuentro y celebro con satisfacción tener una nutrida imaginación. En mi jardín descansamos y, esta vez, soy capaz de divertirte; repito casi hasta el infinito tu sonrisa, tu sincera risa. Te miro a los ojos y sin correr la vista te recito de memoria una poesía. Mi narración continúa y sonrojándome te beso sin timidez. Compartimos un silencio. Te rodeo dulcemente con mis brazos y con ternura poso mi frente en tu sien. Te ruborizas y con gentileza te acerco a mí. Concluyo mi relato, abruptamente, por un debate conmigo mismo. ¿Acaso debería prolongar la narración hasta agotar los diccionarios o gritarme ¡valentía, valentía! y correr a tu encuentro? ¡Oh, amada mía!
Rodolfo Arias

Las cosas del alma
Teresa era de esas mujeres que todos quieren. Sencilla, bella, gentil, amable. Sonriendo, siempre sonriendo. Caminaba apurada y con pasos cortitos. Inteligente. Buena amiga. Carlos era el típico atorrante del barrio. Vivaracho. De ojos chispeantes. Bastante vago para los libros. Pero noble. Se miraban como al pasar. Apenas se saludaban. Había muchos prejuicios. Un día se pusieron de novios. Sus rostros brillaban. Pasaban horas juntos. El tiempo para ellos, había desaparecido de sus vidas. A Carlos lo llamaron para la colimba. Lo mandaron bien lejos. Se escribían seguido. Se prometían fidelidad, confianza, espera, casamiento, muchos hijos… Pero las cartas comenzaron a venir devueltas. “Paradero desconocido”, decía el sobre con el sello en tinta roja del correo. Llegó el invierno. Varios. Los ojos de Teresa se ensombrecían con cada uno. Pero no quiso perder las esperanzas y comenzó a comprar cosas como si la vuelta de Carlos y el casamiento estuvieran a la vuelta de la esquina. No importaba qué: ropa, enseres, vajilla, colonia para baño, repasadores, ajuar… Los placares comenzaron a llenarse. Compró otros. Pasaron muchos años sin señales de Carlos. El rostro de Teresa se apagaba cada vez más. Los vecinos la saludaban y, aunque evitaban preguntarle, ella les brindaba una tibia sonrisa y terminaba con: “Ya volverá, gracias”. Después de casi treinta años, una amiga psicóloga, viendo lo atiborrado de su casa le dijo: “Tere, tu alma está tan llena de dolor como de cosas inútiles tus placares. ¿Por qué no hacés lugar? La energía está bloqueada. Quién te dice que al vaciarlos…” Y Teresa comprendió que tantos años de acumular habían sido un engaño. Procuraba tapar el agujero de su dolor infinito con cien mil cosas finitas. Pasó una semana embalando y etiquetando y donando y regalando. Entre tantas cosas reapareció una foto, la primera, en la que ellos estaban tomando mate en el patio de la casa de Teresa. Recordaba el momento como si apenas el tiempo hubiera pasado. Se preparó unos con cascarita de naranja y se dispuso a sacar la última caja de cosas para tirar. Sonó el timbre y Teresa salió apurada, con sus pasos cortitos como siempre y el mate en la mano. “¡Uy, qué justo, yo traía bizcochitos de grasa por si tenías ganas de tomar unos mates!”, dijo Carlos. Quién sabe cuánto duró el abrazo. El beso. No hubo reproches ni demasiadas explicaciones. Pero Tere comprendió el valor de aquella frase que había leído: “El Universo aborrece el vacío”. Mientras le cebaba otro mate a Carlos, pensó que qué bueno que se hubiera llenado de él.
Ángel "Lito" Magistris

Un amor con Historia
Un 17 de Agosto,  en Rosario, provincia de Santa Fe, Milena ponía al fuego el agua para el mate, mientras se disponía a estudiar para un parcial. Estaba ofuscada, aburrida, cansada de estudiar, y se sentía sola. Para colmo de males, intentaba entenderse con la computadora que le habían comprado hacía solo un mes. Esperando que el agua calentara, Milena abrió  su cuenta de Facebook. Alguien le había enviado una solicitud de amistad, pero ese alguien era un desconocido. Dudó en aceptarlo, pero lo hizo finalmente. Acto seguido, ese nuevo amigo recientemente aceptado, también estaba sentado a su computadora en ese preciso momento, y la saludaba por el chat: -Hola ¿cómo estás? Mucho gusto...Soy Martín, ¿qué hacías? -Hola, yo soy Milena, estaba preparando unos mates para sentarme a estudiar. -Ah, bueno entonces no te molesto. -No, no me molestas, todavía no arranco. -¿Qué estudias? -Profesorado en Letras -¿En la de Cuyo?-Mmmmmm, no, en la UNR. -Y esa ¿cuál es? -La Universidad Nacional de Rosario, Facultad de Humanidades y Artes, ¿no la conocés? La que está en la calle Entre Ríos... -¡¡¡¡¡¡¡¿Sos de Rosario?!!!!!! -Mmmm, bueno, en realidad soy de Pergamino, pcia. De Bs As., pero estudio en Rosario ¿vos? -¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Soy mendocino!!!!!!!!!! Se produjo un profundo silencio  virtual que fue interrumpido por el ruido de la pava hirviendo, en Rosario. Milena se levantó de la silla para quitar la pava del fuego, y ese gesto le sirvió para rebobinar y poner la mente en blanco. Ninguno de los dos sospechó que se trataba de personas que vivían en distintas provincias. Los medios de comunicación entre ellos fueron evolucionando: pasaron del chat de la computadora, a la video llamada, y luego al teléfono, del cual se colgaban horas. No fue todo color de rosas. No fue nada fácil. Hubo momentos malos, duros, de extrañarse, de necesitarse y estar muy lejos el uno del otro. Hubo momentos en los cuales la distancia hacía sus jugarretas, y ambos se encontraban mareados, enredados y cansados. Hubo momentos de dudas, en los que ambos pensaron si valía la pena seguir con esa relación. Pero también hubo momentos de mucha gratificación, y como ‘el que no arriesga, no gana’, decidieron dar un paso más: El 25 de Mayo de 2012, se mudaron juntos, porque decidieron que no querían estar más separados ¿Dónde viven? En Mendoza, la maravillosa, donde la energía del sol y de la montaña hace que todo sea más intenso. Día a día comparten alegrías  y tristezas. Discuten, como todas las parejas, pero también se aman, y de aquí en adelante, lo que resta, me lo guardo para mí...porque una de las protagonistas de esta historia, soy yo.
Melina Sánchez

Iluzio
Te habías vuelto una obsesión para mí, siempre cometí locuras por amor pero tus ojos me perdieron, nunca antes me había visto así desde que tenía uso de razón, nunca me había comportado de esa manera. Día a día, noche a noche rememoraba la manera en la que te había conocido y me convencía a mi misma que esta historia no terminaría aquí. Buscaba y estudiaba minuciosamente todo lo que te rodeaba. Te vigilaba, te seguía latente, esperaba agazapada y tan fugaz como entraste en mi alma, si aparecías, te desaparecías… Tanto te hable de mis pasiones… y en secreto te invocaba… Te soñaba, te pensaba, te imaginaba… te adoraba en silencio, rogaba con todas las fuerzas que tu mente se acordara de mí, me pensaras como yo a ti. Los amaneceres y anocheceres me encontraban anidándote en mi mente, te buscaba en cada rostro, en cada despertar, en cada vuelo de pájaros. Las rutas que transitaba día y noche tenían tu nombre… Y tu? En donde estarías…? con quien…? Pensaba una y mil veces que hubiera sido de mí un siglo antes, si ya era difícil encontrarte, si así todo te escabullías entre rosales, acaso habría muerto de tristezas escribiendo infinitas cartas? Mientras más recursos tenía, más lejos y más difícil se me hacía verte, hablarte, gritarte con el corazón que por algún motivo eras la razón de mi alma… Pero los días se iban agotando… mi corazón presentía el final, tenía esa amarga sensación, esa fría hiel como sangre recorriendo el cuerpo, te buscaba sentada en las plazas, caminado en la calle… tratando de recordar tu rostro, tu sonrisa, pensando si en realidad existías o solo habías sido un sueño…  Callada me confundía y pensaba si eras real… o mi mente te imaginaba o inventaba, tal como te deseaba, tan inmenso, tan eterno, tan irreal… Sola, una mañana, gire por la sombría esquina y descubrí que no ya no existías… Inexorablemente la gente recuperaba su rostro, la vida seguía su rumbo, pero yo estaba en otro tiempo del cual me desprendía  y veía como un desconocido te alejabas de mi mirada y borrosa la fachada de aquella imagen  desgastada, quemaba, al fin, mi alma ilusionada…
María Florencia Socías

Claro de luna (una despedida)
¿De qué hablar más que de las nimiedades de la vida? Cómo estás, que hiciste todo este tiempo, que hermoso día (el sol brilla pero hay una ventisca suave, si…) ¿te recibiste, formaste familia? Qué lindo verte, que hermosos recuerdos. Pero los recuerdos eran intocables, y si a caso tuve la necesidad de volver a abrir mi corazón con ella, fugué la idea con triste resignación: habían pasado cuarenta largos años y el tiempo había consumido los restos que quedaban del primer amor. De Araceli. De sus delicadas y rápidas manos que se movían como inquietas ramas de olivo al viento; de sus labios finos por los que salía una voz con ritmo de lluvia, de silencio, de tormenta, de abrazo reconfortante, de rechazo inminente. Todavía queda el tenue recuerdo de los detalles de este amor tan sincero, tan puro: como cuando nos sonreíamos cómplices y ocultábamos la mirada, tal vez con vergüenza, en los encuentros largos y tiernos de la plaza de nuestra infancia. O aquellas veces en que ella se aferraba a mi brazo con miedo, y yo sentía que era mi deber protegerla y demostrarle que a mi lado nunca estaría en peligro. O los besos prohibidos en la soledad de nuestras habitaciones, el juego que era mirarnos sin decir nada y al mismo tiempo estar diciéndonos todo. Éramos jóvenes llenos de pasión, de locura, dispuestos a entregar cada pedazo de nuestros corazones. Pero nos alejamos, rompimos lazos y aunque el deseo de volver a vernos siempre estaba latente nunca se concretó y cada uno terminó siguiendo su camino, comprendiendo aquella aventura como un suspiro de nuestras ajetreadas infancias. Admito que igual, si tuviera que caer en la profundidad de esos recuerdos me quedaría corto de palabras: ella me maravillaba, y veía en su cara todo el futuro que necesitaba para ser feliz. Aún ahora que las arrugas florecían en su rostro siempre liso, que sus manos se conformaban con movimientos más pausados menos nerviosos, ahora que su sonrisa mostraba todo el remordimiento de una vida que cayó, que agonizó, y que se levantó muy a pesar de lo que deseaba sin opción alguna, a pesar de todo ella seguía siendo hermosa, y en sus ojos brillaba esa muchacha positiva, alocada, mística, de buen amor, de esa viveza con la que se nace, se perdura y se acaba en la muerte.  La vi caminando  por la calle Corrientes de esa ciudad dormida y la reconocí al instante: con la sorpresa con la que un niño observa un espectáculo de magia o de títeres, nuestros ojos se encontraron y mientras caminábamos al encuentro tuve toda la necesidad del mundo de besarla. Sé que si me hubiera dejado llevar por mis instintos más animales la habría rodeado con mis brazos fuertemente (“hasta sentir que nos fundimos” como ella decía en nuestros largos abrazos adolescentes), hubiera aspirado todo su olor, la esencia de su cuello, el perfume de sus cabellos… no hubiera resistido el impulso de mirar sus ojos negros infinitos y de dejar caer todo mi ser en esos abismales huecos por los que hace ya mucho tiempo atrás habría dado mi vida para verlos brillar de felicidad. Pero el saludo fue formal y cordial, me sorprendí de mi propia fortaleza de no caer en la tentación que para mi ella significaba. Hablamos mucho, pero de cosas triviales que a ambos no nos interesaban, y cuando tocábamos temas profundos o del pasado notaba como se escapaba de los sentimientos que los recuerdos o la locura pudieran despertar en ella tales anécdotas. Yo solo me concentraba en mirar su expresión siempre tranquila con uno que otro desliz de sorpresa y vergüenza de sus ojos bajos (disfrutaba observar como ella revolvía con la cuchara el café, una, dos, tres vueltas) y en un punto de la conversación fue necesario el silencio para poder decirnos cosas con la mirada. Ella empezó a hablar despacio, con cautela, haciéndome recordar sin lugar a duda su franqueza, su forma a veces quizás fría de mostrarme la verdad. “Yo crecí, cambié, -dijo con voz de ensueño- el tiempo me enseñó a aceptar que el pasado quedó atrás, enterrado y que no debe entorpecer los pasos del presente ni los deseos para el futuro. Pero nadie nos va a poder quitar el amor que sentimos Antonio: la felicidad de nuestros encuentros; el dolor de las despedidas; las horas, meses, los años de sentir el corazón vacío y un nudo en la garganta al recordar el nombre del otro. “¿Pero sabés qué? –Su voz entristeció pero no dejó de mostrar un tono apasionado- ya no podemos volver atrás, porque de nuestro amor algo se quebró y murió para siempre… ahora somos casi unos desconocidos que por fortuna nos une algo mágico, algo que si bien no brilla como lo hizo hace ya tantos años, todavía es una luz guía para nosotros en este desierto que puede resultar la existencia: brilla todo el pasado, la certeza de que fuimos e inevitablemente seremos víctimas de las más hermosas ataduras del amor, y podremos morir sabiendo que al menos una vez en la vida fuimos esclavos del sentimiento más necesario, más bello…. Podremos morir en paz.” Pienso que alguna que otra lágrima se deslizó por mi mejilla ante aquellas palabras de despedida y quizás por eso ella estiró su cuello y me besó con suavidad la comisura de los labios. Rápidamente se levantó y comenzó a perderse entre la multitud de gente ajena en la calle. Tuve el impulso de levantarme y correr hacia ella, intentarlo de nuevo, olvidar los años perdidos y comenzar de vuelta como si fuéramos de nuevo aquellos jóvenes de sueños resplandecientes. Pero me detuvo una corazonada. Ella volteó un segundo y me miró con una sonrisa tranquilizadora, dándome a entender que nunca más la volvería a ver, y que sin embargo no pasaría un día sin pensar en ella.
María Luisa Luque

Fatum (Destino)
Me tomó por sorpresa, no entendí nada de nada. Agitaba el puño, saltaba y revoleaba la remera, “Solo eso, solo eso, que mas puedo esperar solo eso!!!!”, de repente…”ding-dong, ding-dong”. ¿Timbre? ¿En el recital?, Cayó la ficha, el Chizzo se transformó en el ringtones de mi celular y el flamante chateau carreras en el interno 14 cartel 74 judicial. -La puta madre! Seguro me pase.- Despegué y mire por la rendija del ojo, adelante una cabeza morocha, bastante tupida, rulada; a mi derecha, nada, izquierda, nada. Apunté la vista al frente, plena calle San Martín. Lugar exacto: -Ni idea!!! - Me incorporé de poco, esperé que se fuera el calambre de la derecha (y…tanto salto en el campo me dejó un poquito fane), avancé al fondo en busca del timbre, de por medio tropecé con una bolsa, la alfombra, y una merrel (Algo común para tremendo despistado y volado). Me tomé del pasamanos con la izquierda y en la derecha, anaranjado y negro, el timbre del Bondi. A 40 metros de San Martín y Godoy Cruz me prendí al aparato. Cuando llegó a la esquina y amagó a doblar, rojo. Si pudiera volver a ese momento tendría que felicitar al que sincronizó el tránsito, y no poner cara de…justo che! Como puse. ¿Porque digo esto? Porque de momentos como esos uno vive el día a día, porque el futuro juega raro, misterioso, cómplice. Al mirar al fondo divisé La Alameda, pero grande fue mi asombro al bajar la vista y apuntar al asiento del medio de los cinco del fondo. Me acaloré enseguida, adrenalina pura, el bombeo acelerado, sudor en las manos. Agudos ojos azules, cejas perfectamente delineadas y arqueadas, labios tenues, vivos, postura timorata. La brisa por la ventana simulaba un pelo de publicidades, de back Light. Una remera tramada blanca cubría uno de sus hombros, el otro al descubierto, con una docena de pecas y tenue bronceado hacía pensar en los días de un enero caluroso. El morral cruzado, abultado y bien sostenido dejaba notar que venía o se aproximaba a un viaje. Fueron 3 minutos en la realidad, pero en mi mundo parecieron 2 horas admirando una princesa, un diamante en bruto. La voz del colectivero sonó fuerte y concisa desde el principio del Bondi  –¿Nene, que hacés? ¿Bajas querido?. No tengo todo el día.  – ¡¡¡Eh, a ver, no, no!!! Dos paradas mas allá me bajo, me confundí maestro perdón eh! Las dos paradas se convirtieron en cuatro pasando toda calle Godoy Cruz, doblando por Patricias mendocinas y varando en plaza Independencia y el principio de la peatonal. Por varias cuadras fui con mirada atenta, postura tiesa y brazo firme repasando el final del colectivo (obviamente bajando cada medio nanosegundo el ojo a la belleza de piernas cruzadas sentada en el medio de los cinco asientos). Las cuadras se volvieron nuevas, raras, observé, divisé, estudié cosas que en otros momentos no veía, de seguro estaban hacia meses esos edificios privados, antenas de cable y locales de comida rápida para un transeúnte…digamos normal por no poner atento y despierto, pero para mí, debido a la gran …virtud/defecto que poseo (sí, lo pienso así porque de momentos me deja en ridículo ante el circulo de pares o familia, pero en lo personal, en la soledad de mi rutina me abstrae de cosas sin interés propio, sino es de mi ronda de pensamientos…..desechado entonces) eran cosas recientes. Mi concentración era tal que mi perdida mirada no captaba, no resolvía las constantes frenadas del colectivo. Gire el cuello, apunte al final mis rayos X y ¡Bum! ya no estaba, como una bomba de humo desapareció, se esfumo, ¿pero en que momento me volví tan abstracto, distante de la realidad? ¿cuándo? Yo y mi cabeza… Toqué el timbre y baje en dos pasos los tres escalones del colectivo. Me encontré en  medio de la plaza Independencia, a metros de artesanos, vendedores de pochoclo, maní, bueh en fin ahí. Menos mal que tenía que ir a crack Sports (pensé) y lo único que me salió fue reírme, reírme solo como pavo, como si volviese a tener 14 años, donde todo lo que pasa por tu cabeza te hace reír, sí, la edad del pavo (bueno, en verdad mi presente no dista mucho de mi pasado pavo). Cruce la calle, esquivé dos perros  y una señora e ingresé a peatonal por el lado de la legislatura, ¡Por dios que se cae a pedazos esta mierda! ¡qué cuesta arreglar la fachada! bahh…pero si es una metáfora perfecta de nuestra realidad, pensé). Como siempre que bajo por ese lado miré la camioneta que se incrustó en un edificio (digo porque parece que pasan todos locales distintos que no tienen nada que ver unos con otros y la chata esa sigue ahí metida). Muñequito quieto del semáforo, stop entonces, ¿que habrá pasado con esta chica? ¿Tan rápido, fugaz, efímero el sentimiento de visión?, muñequito en marcha, crucé los adoquines de la calle España, escuché un acorde de Alejandro Sanz, mmm me gusta, la voz deja bastante que desear en cuanto al parecido original pero el toque es impecable, 2 mangos al bolso y devolución de sonrisas parodiando un gracias del barbudo músico. Comenzó a correr una tenue brisa que ayudo bastante al insoportable calor mendocino, pegaba fuerte el sol, ni una pizca de nube que cubriera. La arbolada típica la verdad que se justifica en la ciudad en días como estos. Giré por nueve de julio con dirección a calle Las Heras, casi volvía a olvidar el propósito de mi visita al concentrado centro. Caminaba con mi cabeza gacha, me cruce en media baldosa con unas zapatillas de lona blanca, delicadamente sucias, caminadas, jeans claros y pisados. Subí lenta la mirada, recorrí los centímetros de tela seguidos por centímetros de piel y luego mas tela. Mi corazón se detuvo, una mueca de sonrisa se dibujo en su cara, un pocito diminuto apareció en su pómulo, en mi cabeza lo único que podía sonar era The way you look tonight, pero no la versión de Tony Bennet sino la de Peggy Lee y Benny Goodman, cortina musical de “The Notebook”. Las miradas se buscaron, se encontraron, conversaron en su idioma unos segundos. El amor se puede encontrar a la vuelta de la esquina dicen, o al cruce de la calle Nueve de Julio y peatonal pensé. - Hola. - Su voz era soñada, nunca esperable, su tono no era mendocino, de Córdoba o tal vez Rosario no se, la verdad que no lograba pensar.
- Hola respondí. - Al minuto imaginé, quiero creer que fue un segundo de distancia sino fue desastroso. -Tomamos un… -Si… -Acá en… -Bonafide si. Si todo lo que había pasado parecieron semanas, si todas las veces que la miré en el bondi, en el mismo cruce de la calle fue largo, eterno, esta caminata al café fue fugaz, de un momento al otro estábamos sentados adentro en el primer piso junto a la ventana que asoma sobre la misma calle. ¿En qué momento llego el café? ¿Cuándo pedimos? ¿Quién pidió? Todos los planetas alineados al momento, engranajes perfectamente aceitados funcionando para la cometida conspiración. Pasaron las horas y el lugar se fue vaciando, la conversación era apasionante, risas, historias, anécdotas similares, en fin…magia. - ¡Uh! - Miró su reloj. - Me tengo que ir sino no llego a la terminal y me quedo sin cole. - ¡Pará! nunca nos dijimos los nombres, direcciones, destinos, nada.- Mi mirada atravesó la suya, debe haber seguido un grito desesperado de ojos para que se clavara en seco. Pensó por momento, varios segundos transcurrieron mientras con la ceja derecha arqueada, la mirada perdida y la lengua a un costado elaboraba alguna maniobra. -Ya se.-dijo enérgica.-Vamos a hacer lo siguiente…¿Tenés un billete a mano? - ¿Para que? - Vos decime ¿Tenés un billete a mano? A parte sino ¿Como pensás pagar los cafés? – Rió con vehemencia. - Si, si tengo, ¿Te sirve uno de cinco pesos? - Es fantástico de cinco pesos. Bueno vos vas a anotar en el billete tu nombre, apellido y dirección. Yo ahora salgo, me acerco a alguna galería y saco de mi mochila el libro de “El amor en los tiempos de Cólera” de García Márquez, anoto mi nombre, apellido y dirección y lo vendo en algún local de libros de segunda mano que ahí hay. Cuando el billete vuelva a mi voy a saber tu nombre y dirección, y cuando vos logrés encontrar donde está el libro vas a saber mi info. Se hizo un silencio eterno, anónimo, nos miramos, nos miramos y las carcajadas no tardaron en llegar en demasía. Estuvimos varios minutos riendo sin intercambiar palabra, las miradas achinadas por la risa era el único contacto, mientras los dos pensábamos… - Hola soy Clara. Soy de Santa Fe pero vivo en La consulta. - Hola soy Claudio de Mendoza y vivo en capital.
Lucas Colombano

Café
Ella pide café con crema. Siempre igual. Con el sobrecito de azúcar, que seguramente dejará en el plato. El olor al rimmel de los ojos le molesta. Sobre todo ahora, al anochecer, cuando todo parece más viejo y desgastado, ...cuando todo molesta. - Ya le traigo, señora- contesta el mozo. Un sobretodo negro toca la puerta mojada del Café y él empuja para entrar. El viejo dueño lo observa desde la caja, y ojea para ver si queda alguna mesa vacía. Sólo dos.  Una al fondo, demasiado lejos de ella. Otra, al lado. - Whisky, por favor- murmura el hombre mientras pasa cerca del mostrador, señalando la mesa de la ventana. - Ahora nomás... Ella mira la nada, por entre las gotas del vidrio. Sus ojos se pierden en la calle mojada, sin mucho más que hacer. Son muchos sus recuerdos. Demasiados para poder ordenarlos. Prefiere mirar sin mirar, y deja que las imágenes de la memoria aparezcan solas, cuando quieran.  Ahora, por ejemplo, se detiene en aquella tarde gris en que lo vió por primera vez, cuando cada cosa era nueva para sus años nuevos. Se le escapa una leve sonrisa. Jamás olvidará ese encuentro en la plaza del pueblo. " Un encuentro, y mi vida que cambia para siempre",- se resigna en silencio. " Un encuentro. Tan azaroso y peligroso como un encuentro. Una puerta que se abre, en vez de no abrirse...es algo increíble..."- piensa con miedo. El la observa, ya con el whisky entre los dedos. No piensa acercarse, porque su historia tampoco ha sido fácil. La memoria insiste con un perfil rubio y largo que se ha ido para siempre, y que no puede soportar. El dueño del bar parece verlo todo desde su lugar de privilegio. Cree que los verá hablar en sólo unos minutos. Las demás mesas no existen ya para él. Sólo observa ese cuadro que tiene delante: un hombre a la izquierda, lleno de oscuridad y sombras, envuelto en su sobretodo; una mujer a la derecha, que se pierde en una mirada húmeda. Y el reloj de pared en el medio, como último testigo. Los minutos pasan. Muy rápidamente para ella, por haberse perdido en sus pensamientos. Lentamente para él, que espera interminables ratos para verla cambiar de gesto y volver a recorrerla entera. Finalmente, el hombre decide acercarse, después de un largo tiempo de dudas. Empieza a correr su silla lentamente, pensando cada movimiento. Pero en ese instante ve que se acerca el mozo, y decide sentarse otra vez.  Ya no volverá a intentarlo, lo sabe desde adentro del alma. Piensa que si el mozo se acercó a interrumpirlos, fue porque así tenía que ser. Baja la mirada.
Su soledad es ya para él una compañera de viajes. Deja unos billetes al lado del vaso y se va del bar, para siempre. Ella sigue, entre la ventana y la lluvia, esperando casi con lágrimas por algún nuevo encuentro. - Disculpe, señora...con crema, me dijo? - insiste el mozo. - ...sí, por favor... - Bueno...ahora le traigo. - Gracias.
Luis Fontana

Patricia Rodón

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