De la mística a la cábala: la danza de los números

En su nueva columna, "Literatrónica", Patricia Rodón desarrolla los fundamentos de la cosmología de Pitágoras y su enorme influencia en todas las épocas.

Literatrónica

Matemático y filósofo, místico y empírico, los talentos de Pitágoras de Samos (ca. 580 a.C. – 495 a.C.) se multiplican como sus innumerables apetitos intelectuales. Sus enseñanzas, transmitidas de manera oral en los más diversos escenarios –escuelas, ágoras y teatros- abarcaron múltiples áreas del conocimiento, desde el arte de la educación al arte de la política, de la consecución de una vida virtuosa a los placeres de la ciencia y de la cosmología a la transmigración de las almas.

El llamado “padre de la aritmética y de la geometría” fundó numerosas escuelas que estaban regidas por reglas de conducta muy estrictas, eran mixtas y sus estudiantes pertenecían a diferentes razas, religiones y estratos sociales.

Su sistema de educación, su paideia, proponía una formación integral del ser humano;  su sistema se basaba la gimnasia, la matemática y la música y eran estrictamente vegetarianos.

Sus discípulos dilectos, llamados pitagóricos o mathematikoi, sostenían un entusiasmo casi místico por los números. Para ellos el número era el arché, el arquetipo, el principio elemental del universo.

Para otros filósofos presocráticos el arché era el agua, el agua, la tierra o el fuego; los pitagóricos estaban convencidos de que los números, sus propiedades y relaciones conducían al conocimiento de las leyes de la naturaleza, de la realidad, de todo lo que existe. De ahí que el número fuera para ellos un cosmos y quien los conociera y manejara tendría la llave del universo.

Los pitagóricos llamaron década a los diez primeros números y más allá de la aritmética desarrollaron sus propiedades místicas, cabalísticas y mágicas al establecer para cada número una serie de cualidades y atributos.

Un Tetractys masón.

El número 1 o mónada es la verdadera esencia de todas las cosas, el principio y fundamento de todo cuanto existe. Es el símbolo de la razón suprema, asociado a lo divino. “El uno es el padre de los seres, padre y demiurgo del mundo, artífice de la permanencia de las cosas”, escribió Filolao, el pitagórico más citado.

El número 2 o díada es el símbolo de la diversidad, de la opinión, de la contraposición y del contraste, puesto que en la naturaleza todo se presenta como dualidad, hombre-mujer, día-noche, frío-calor, etcétera.

El número 3 o tríada representa la armonía, la perfección y el tiempo; es igual a la suma de la mónada y la díada.

El número 4 es la ley universal e inexorable, clave de la naturaleza y del hombre.

El número 5 simboliza la conjunción de lo masculino y lo femenino, es decir, del matrimonio. Además, comprende al Pentalfa o estrella de cinco puntas, el pentagrama místico pitagórico, que contenía numerosos significados entre ellos el de poder reconocerse como miembros de la comunidad.

El número 6 representa la procreación y el primer número perfecto.

El número 7 es el símbolo de la virginidad, de la salud y de la luz.

El número 8 involucra la amistad, la plenitud y es el primer número cúbico.

El número 9 es el símbolo de la gestación.

Y el número 10 representa a Dios y del Universo, por lo tanto el de mayor carga simbólica.

Un Tetractys de la imaginería de los
Rosacruces.

Los pitagóricos representaban esta década, verdadera guía de la vida terrestre y espiritual, con un anagrama al que llamaron Tetractys (diez puntos dispuestos  bajo la forma de un triángulo equilátero) y su importancia simbólica era tal que por él se juraba en las ceremonias y ritos iniciáticos.

El pensamiento de Pitágoras atravesó los siglos no sólo por su famoso teorema, sus estudios sobre la armonía musical o sus principios matemáticos, sino por su compleja cosmología que influiría a filósofos, templarios, masones, arquitectos, rosacruces, cabalistas, artistas, músicos, escritores y astrónomos de todas las épocas. Y por supuesto, a hordas de charlatanes convencidos de ser magos, astrólogos y practicantes de diversas “mancias” espúreas.

Patricia Rodón

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5 de Diciembre de 2016|11:10
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5 de Diciembre de 2016|11:10
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  1. Excelente. Siempre es bueno aprender, conocer el origen de las cosas. El hombre es la base de todo, en base al hombre existen los números, las proporciones se han sacado en base al hombre. Pitágoras, así como también Vitruvio y cuántos otros genios, nos han dejado un legado que día a día siguen develando misterios y paradigmas y los hombres haciendo descubrimientos gracias a sus bases. Muchas gracias Patricia por tu aporte.
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