Amalita, a quien "nada de lo humano le era ajeno"

Las autoras del libro "Amalita", Marina Abiuso y Soledad Vallejos, descubrieron una empresaria con rostro humano. Dialogaron con MDZ.

Cuando el general Videla se arrogó la presidencia, apenas habían pasado dos meses de la muerte de Fortabat; Amalita estaba ocupada: tenía que descubrir exactamente de qué era dueña, cuánto había heredado, trasladar el cuerpo de su marido, ponerse al frente de las empresas. Quedó al frente de más de cinco mil obreros en las fábricas de Olavarría, Barker, San Juan, Zapala y Frías. Loma Negra S.A. producía 9.500 toneladas diarias de cemento.

Así lo cuenta Amalita, el libro de Marina Abiuso y Soledad Vallejos que acaba de lanzar Sudamericana, en uno de cuyos capítulos el viernes anticipó MDZ.

Amalia Lacroze de Fortabat, La Dama del Cemento, pasará a la historia como un personaje emblemático de la Argentina. Millonaria a los 54 años, le tocó navegar en las sucias aguas de la dictadura y hacerlo, a fuerza de billetes, conexiones, y por qué no, talento y carisma.

Sus amoríos, sus contactos con la política, el deporte, los negocios son las facetas más buscadas de Amalita. Sin embargo, a las autoras de su biografía, no les resultó difícil descubrir un fuerte rasgo humano en ella. 

"Nos sorprendió -le contó Marina Abiuso a MDZ sobre su trabajo de investigación junto a Soledad Vallejos- descubrir que a Amalita nada de lo humano le era ajeno".

En ese punto, señaló que "ya viuda dividió su atención entre la empresa y los intereses más diversos: apoyó las artes, financió un club de fútbol, coqueteó con la política, se abocó a la acción social y se inventó a sí misma como personaje mediático".

"Amalita -completó la idea Vallejos- en realidad no se había formado para esto. Era una chica de familia bien que no había terminado el secundario y se crió para desenvolverse en actividades de sociedad. Su matrimonio con Alfredo Fortabat y su muerte la transformaron en una figura pública singular y una de las mujeres más poderosas de la Argentina".

Abiuso y Vallejos explicaron el camino recorrido al escanear a Amalita:

¿Fue realmente quien condujo el imperio económico o la cara visible de la empresa?

- Alfredo Fortabat murió un sábado y el miércoles siguiente Amalita presidió su primera reunión de directorio en Loma Negra. Conservó a los más cercanos colaboradores de su marido y fijó el rumbo a seguir. Era una dueña exigente. Estaba en lo macro y en lo micro. Durante la dictadura aprovechó una exención impositiva para levantar una fábrica en un lugar inhóspito de Catamarca, pero no dejó de imponer su impronta: exigió que se inaugurara el día de su cumpleaños y hasta esperó que los canteros de la entrada rebosaran de flores. En un mundo de empresarios, su management destacaba.

¿Hasta qué punto se interesó por la política en tiempos de Menem? 

- Menem fue el primer presidente que consiguió que Amalita aceptase un cargo público: primero fue embajadora plenipotenciaria y luego sumó la dirección del Fondo Nacional de las Artes. Amalita actuó como una suerte de abrepuertas internacional para Argentinos ante los ricos y poderosos del mundo. Amalita apoyó a Menem como candidato y reforzó su aval tras la asunción. Se mostraba seducida por su estilo de ejercer el poder y encarnó un modelo de empresaria que fue signo de época.

¿Qué creen que aporta este libro a la memoria sobre Amalia Fortabat? 

- Amalita era una figura multifacética y a la vez perdida. No murió en su apogeo y fueron muchos los factores claves de su personalidad que quedaron ocultos e ignorados en las crónicas sobre su muerte. Llevaba cinco años retirada de la vida pública, había vendido su empresa y sus herederos no detentaban poder. Esta biografía suma los fragmentos para construir una Amalita cuyos 90 años de vida pueden entenderse como una historia de la Argentina. 

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10 de Diciembre de 2016|07:49
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