Los diez errores más comunes de la lengua

No es lo mismo escuchar que oír, ni mirar que ver. Aquí, José Antonio Pascual, vicedirector de la Real Academia Española, te desburra.

José Antonio Pascual, vicedirector de la Real Academia Española, publica No es lo mismo ostentoso que ostentóreo. La azarosa vida de las palabras (Espasa) para contribuir, desde la ironía y el buen humor, a una mejor comprensión de algunas palabras del español en cuyo uso tropezamos una, dos, tres, cuatro, cinco... e infinidad de veces.

"La lengua no es una enemiga a la que debamos combatir", plantea el especialista. El libro puede considerarse también "un manual de autoayuda". Los problemas que afectan a algunas palabras no terminan en el diccionario, que Pascual considera "una especie de servicio de urgencia de la lengua, para salir del paso; una guía de teléfonos". La clave para solucionar todos estos problemas "está en la lectura, lectura, lectura", subraya.

Ofrecemos una decena de ejemplos de los errores más comunes.

1. Líbido/livido

"Lo he oído a varias personas cultas que hablan francamente bien: se trata del empleo de la líbido, acentuada así, en lugar de la libido que le corresponde, porque, tratándose de una palabra que no es de uso corriente, se contamina por el adjetivo lívido, que tampoco es una voz que empleemos a menudo".

2. Enjugar/enjuagar

"He oído también cruzársele a alguien enjugar una deuda con enjuagarla. (...) "Enjugar procede del latín ex-sucare (sacar el jugo), que es como si dijéramos que a uno le exprimen cuando se ve obligado a pagar una deuda. Tengo la impresión de que los bancos prefieren que enjuguemos nuestras deudas, es decir, que las saquemos, a que les lavemos la cara (a las deudas, claro está), haciendo como que las pagamos".

3. Destornillarse/desternillarse

"¿No habrá oído el curioso lector alguna vez destornillarse de risa pordesternillarse?, en una imagen en que se piensa que de tanto reírse a una persona se le salen los tornillos, en lugar de relacionarlo con la ternilla".

4. Ostentoso/ostentóreo

"Si tomamos en consideración contaminaciones como las anteriores no debería sorprendernos que una persona mezclara los adjetivos ostentoso y estentóreo, manteniendo el significado del primero: “que hace ostentación” (derivado de ostentar); no era ostentoso una palabra rara, a diferencia de la otra, desconocida para la mayor parte de la gente, que se trata de una voz exclusivamente literaria, creada en el Barroco como una derivación adjetiva de Esténtor, un personaje de La Ilíada, cuya voz era tan fuerte como la de cincuenta personas juntas. Ortega y Gasset fue más lejos, adoptando como sustantivo el nombre del héroe griego: “Un ujier, con voz de esténtor...”

5. Escuchar/oír

Un error que cometen muchísimas personas: utilizar «escuchar» con el significado de «oír». Es tan frecuente que caen en ello escritores como Vargas Llosa, Benedetti, Ricardo Piglia, Pérez-Reverte, Miguel Delibes, Juan Marsé, Rosa Montero o Manuel Vicent, y el libro contiene ejemplos de todos ellos.

6. Mirar/ver

Idéntico error que los autores que confunden mirar y ver: «Mirando llover por los vidrios», escribe Piglia.

7. Detentar/retener

Detentar es otro verbo que induce a error. Significa «retener y ejercer ilegítimanente algún poder o cargo público», y no se puede decir por tanto «detentar una cátedra». El error está tan extendido que el catedrático pide que se incluya en el diccionario el significado que le da ya tanta gente.

8. Aderezar/enderezar

Hoy se «adereza» una ensalada, pero en el Quijote se podía «aderezar» una lanza que estuviera estropeada, o «aderezar» a un niño para que saliese presentable a la calle, comenta el experto Pascual.

9. Acarrear daño/felicidad

Algunos verbos de la lengua española han perdido el rasgo negativo o positivo que tuvieran, aunque hay «combinaciones imposibles», explica José Antonio Pascual, como «sufrir mejoras» o «conseguir derrotas», y tampoco conviene olvidar que se acarrea daño, no felicidad, y se propina una paliza, pero nunca aplausos.

10. Contraer enfermedad/méritos

Hay que recordar que se contrae una enfermedad, no méritos; se incurre en un error pero no en mal comportamiento; se perpetra un crimen, pero no negocios; alguien está plagado de heridas, pero no de triunfos. No se puede tachar de honesto a alguien ni tampoco se perpetra un accidente. «Y al contrario pasa lo mismo: se atesoran cualidades, no desgracias; y se celebra la victoria, no la muerte. No es correcto por tanto «celebrar el trigésimo aniversario de la muerte de Kennedy», subraya José Antonio Pascual.

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10 de Diciembre de 2016|12:19
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