"Tu nombre me sabe a hierba": cuando el saber es sabor

A partir de una celebrada canción de Joan Manuel Serrat, la lingüista Nené Ramallo explica los usos correctos de los términos "saber" y "sabor".

En mis años jóvenes, me gustaba tararear una canción entonada por Serrat, cuya letra viene ahora a mi memoria:

“Porque te quiero a ti,
porque te quiero,
cerré mi puerta una mañana
y eché a andar.
Porque te quiero a ti,
porque te quiero,
dejé los montes
y me vine al mar.

Tu nombre me sabe a hierba
de la que nace en el valle
a golpes de sol y de agua.
Tu nombre me lleva atado
en un pliego de tu talle
y en el bies de tu enagua.

Porque te quiero a ti,
porque te quiero,
aunque estás lejos
yo te siento a flor de piel.
Porque te quiero a ti,
porque te quiero,
se hace más corto
el camino aquel.

Porque te quiero a ti,
porque te quiero,
mi voz se rompe como el cielo
al clarear.
Porque te quiero a ti,
porque te quiero,
dejé esos montes
y me vine al mar”.

Al evocarla y entonarla, inmediatamente leo en los ojos de mi interlocutor la pregunta: ¿qué significa “me sabe a hierba? La respuesta es amplia: el verbo ‘saber’ proviene del latín sapere y tiene hoy diversos valores. En primer lugar,  -se encuentra allí la respuesta al significado que posee en la canción-, ‘saber’ es “tener sabor a alguna cosa”. Cuando toma este valor significativo, el verbo se construye con la preposición ‘a’: Ese jugo nuevo sabe a limón con frutos rojos.

El uso mayoritario de ‘saber’ tiene que ver con el conocimiento, pues significa “tener noticia de algo o estar informado de ello”. Si funciona como verbo transitivo, llevará su objeto directo en forma de sustantivo o de proposición encabezada por ‘que’: Ya supo toda la verdad. He sabido que mañana habrá asueto administrativo. Si funciona como verbo intransitivo, significa “tener o recibir noticias de alguien” y llevará un complemento encabezado por ‘de’: Nada sé ni quiero saber de sus infidelidades  y aventuras amorosas.

Otro valor significativo que puede tomar es, delante de un infinitivo, “tener habilidad o capacidad para hacer algo”: Es hábil pues sabe decir la palabra justa para engatusar a la colaboradora de turno.

En algunos lugares de América, incluida la Argentina, el verbo ‘saber’ se usa como equivalente de ‘soler, acostumbrar’: Sabe llegar cerca del mediodía. El Diccionario argentino de dudas idiomáticas, de nuestra Academia Argentina de Letras, aconseja, en usos cultos, utilizar ‘soler’ y no ‘saber’, para indicar hábito.

Finalmente, hay una locución nominal masculina, muy usada por todos nosotros: ‘saber hacer’, con la cual se quiere señalar la habilidad para desenvolverse con tacto en cualquier situación; también, esta locución indica el conjunto de conocimientos y técnicas acumulados, que permiten desarrollar con eficacia una actividad en el ámbito artístico, científico o empresarial: Su claridad en las explicaciones y un saber hacer acumulado a lo largo de una vida docente le han permitido conquistar el reconocimiento de centenares de alumnos.

¿Y nunca hemos tenido a nuestro lado a alguien, antipático porque siempre hacía alarde de sus conocimientos y de su aparente infalibilidad? Seguramente, todos recordamos a algún ‘sabiondo’, persona que presume de sabia sin serlo. La forma originaria es ‘sabiondo’, pero por influjo de ‘hondo’, ha surgido ‘sabihondo’, que va desplazando, en el uso culto actual, a la forma de origen.

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.

Opiniones (1)
10 de Diciembre de 2016|04:35
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10 de Diciembre de 2016|04:35
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  1. Bellísima canción que rememora mi infancia. Excelente la explicación, como de costumbre. Interesante la palabra "bies" (sesgo o diagonal), quizás merecería también una mención. En cuanto al uso que le da a ese verbo el criollo, hay que decir que está lleno de poesía. El habla florida del paisano argentino, especialmente el cuyano, ofrece verdaderas perlas del idioma, como las calificaba el gran Draghi Lucero (a él le gustaban especialmente los arcaísmos hispánicos). Voy a citar (textualmente hasta donde alcanza mi flaca memoria) una alocución que escuché de labios de un baqueano de Tunuyán, en la zona de La Quebrada, en Villa Seca, no lejos del Manzano Histórico. Contó este señor: "Sabe venir crecido el Arroyo Grande, hay que cruzarlo de mañanita. Una vez lo encaré con la mula oscura pero no quiso entrar, se devolvió. Dimos la vuelta, lo encaré de nuevo y la invité con las espuelas, ahí le gustó y cruzamos, pero casi nos lleva la crecida. El agua me pasó por sobre de la montura hasta que alcanzamos salir del otro la'o. Perdí solamente el poncho, menos mal". Invitar con las espuelas me parece una metáfora de una delicadeza realmente deliciosa. Saludos
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