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Handball: España se consagró campeón del mundo en su casa

El equipo español se consagró campeón del mundo tras derrotar 35 a 19 a su par de Dinamarca.

España se consagró hoy en casa campeona del mundo de balonmano por segunda vez en su historia gracias a una paliza por 35-19 sobre Dinamarca, una de las mayores potencias de la especialidad.

El equipo ibérico jugó en la final en Barcelona uno de los mejores partidos de su historia y así se pudo coronar ocho años después de haberlo hecho en el Mundial de Túnez 2005.

El equipo dirigido por Valero Rivera disputó el encuentro jamás imaginado y borró literalmente del mapa al que hasta hoy había sido el mejor conjunto del torneo, por diferencia.

Dinamarca, por su parte, se volvió a quedar con las ganas de llevarse su primer título en Mundiales o Juegos Olímpicos y tuvo que conformarse con la tercera medalla de plata de su historia.

A base de una defensa impenetrable y un contraataque letal, su firma a lo largo del torneo, y de otra inmensa actuación del portero Arpad Sterbik, el equipo español pudo cerrar el torneo soñado: campeón, ante gradas repletas de miles de aficonados desaforados y exponiendo un balonmano tan perfecto como inimaginado.

Para jugadores como Alberto Entrerríos fue la mejor despedida posible del combinado nacional. Para otos, como Aitor Ariño fue el primer título de trascendencia en el inicio de una carrera prometedora y para los Valero Rivera, padre e hijo, fue la posibilidad de ser protagonistas de un encuentro bisagra para la historia de este deporte.

España logró hoy nada menos que la mayor diferencia de goles en una final en la historia de los Mundiales. Hasta el momento había sido la victoria de Suecia por 22-12 sobre Checoslovaquia en 1958.

Unos minutos después de las cinco de la tarde hora española, el equipo anfitrión comenzaría a disputar un parcial que sería histórico para su balonmano.

El equipo de Rivera supo capitalizar el clima caliente que bajaba de las gradas del Palau Sant Jordi, mientras que los daneses hicieron todo lo contrario: entraron en una vorágine de nerviosismo y olvidaron todas las razones por las que fueron el mejor equipo del torneo hasta la lucha por el oro.

Un gol de Antonio García abrió el camino para los dueños de casa antes de cumplirse el minuto y los locales lograron una ventaja de 3-0 de manera casi inmediata.

A Dinamarca le llevó casi cinco minutos poder anotar su primer gol. Y una vez que lo hizo, no pudo equilibrar el resultado.

De a poco, España empezó a gestionar el encuentro con su táctica especializada: defensa de 6:0, robo del balón y salidas rápidas de contraataque.

Gedeón Guardiola se alzaba como una de las sorpresas del encuentro, mientras que Joan Cañellas exponía esa regularidad con la que se destacó durante todo el encuentro.

Después de un lapso de golpe a golpe entre los dos equipos, España logró escaparse a cuatro goles de ventaja con dos robos consecutivos y los goles de Valero Rivera hijo, máximo anotador del partido con seis tantos, y del líder Alberto Entrerríos.

Una vez que el equipo local sacó una diferencia considerable, Dinamarca desapareció por completo del partido. El mismo equipo que era el único invicto del torneo y había vapuleado a un rival como Croacia estaba siendo reducido ante una España a la que le salía todo.

El descanso llegó con una ventaja de 18-10, un resultado tan inesperado como disfrutado por casi todos los presentes en el Palau Sant Jordi.

Mientras los jugadores locales seguían con cara seria y fieles a su libreto, los aficionados se miraban entre sí como si lo que sucedía no fuera real.

La segunda mitad endulzó aún más la final jamás imaginada para el equipo español.

El equipo conducido por Rivera permitió que Dinamarca apenas anotase un gol en los primeros once minutos de la segunda mitad.

A su vez, hombres como Julen Aguinalde se hacían un festín en la zona central de ataque y los anfitriones convertían la imagen de Niklas Landin, el mejor portero del mundo, en la de un guardameta casi aficionado.

A falta de 15 minutos, Sterbik tapaba su undécimo disparo e inmediatamente se veía al entrenador Rivera con una sonrisa incrédula, sin dar demasiado crédito a lo que presenciaba.

"Campeones, campeones, oeee, oee, oee" empezó a escucharse desde las gradas en el pabellón de Barcelona, cuando faltaban diez minutos para el final. El mismo equipo español que había llegado a la final con el principal objetivo de disfrutarla, estaba aplastando nada menos que al último subcampeón del mundo y último campeón europeo.

España no sólo dio una lección de balonmano, sino que cerró el torneo con su segunda victoria más abultada del certamen, detrás del triunfo sobre Australia, compuesto por jugadores amateurs.

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