Los últimos años de Virginia Woolf

Una universidad británica compró una serie de pequeños diarios íntimos de la escritora, en donde narra varios aspectos de su vida.

Una serie de diarios íntimos pertenecientes a la célebre escritora Virginia Woolf fueron adquiridos por la Universidad de Sussex (Reino Unido) en una subasta. Dichos escritos pasarán a formar parte de la colección de Woolf que la universidad posee.

La Universidad de Sussex anunció hace unos días la compra de ocho dietarios personales de Virginia Woolf, que datan del periodo comprendido entre 1930 y 1941. Por ellos, la institución británica pagó 73.500 euros en una subasta realizada en Sotheby’s en diciembre.

En ellos, la autora de "La señora Dalloway" reflejaba su actividad cotidiana, desde citas amistosas y profesionales a sus pensamientos y sensaciones. Se trata de uno de los testimonios más valiosos de una de las escritoras más importantes y fascinantes del siglo pasado.

Según Fiona Courage, directora de Colecciones Especiales de la Universidad de Sussex, la adquisición de los diarios es "importante, tanto para la institución como para los estudiosos y amantes de Virginia Woolf".

Con ellos, la universidad británica, muy cercana a la casa de Leonard y Virginia en Sussex, completa su archivo sobre la autora, integrado por los "Monks House Papers", un conjunto de documentos que fueron donados a la institución en 1972 y que contiene correspondencia entre Woolf y otros escritores contemporáneos, así como amigos, familiares, admiradores y editores, además de cuadernos de lectura y manuscritos.

Durante los once años que cubren los ocho dietarios, Virginia Woolf mantuvo una ajetreada vida social, de la que dan cuenta entradas cortas como A tomar el té con Tom, aludiendo al poeta T. S. Eliot, además de citas escuetas y opacas como Vita, referida a la relación personal que mantuvo con la escritora Vita Sackville West.

Sin embargo, lo que llama más la atención es la presencia, durante semanas enteras, de la palabra cama. Para Courage, "muestran la vida cotidiana de una de las grandes figuras de la literatura británica del siglo XX, representan a la persona bajo el escritor y nos ayudan a comprender los aspectos más básicos y triviales de su vida, incluso sus visitas al dentista".

"Revelan las relaciones significativas que tuvo en ese período, los investigadores pueden comprobar con qué frecuencia veía a sus amigos y trazar los cambios que hubo en esa relación en función del número y la naturaleza de las visitas", explicó Courage.

Pero, como advierte la directora, cama se refiere a los días más complicados de su enfermedad.

Virginia Woolf (1882-1941) padeció un trastorno bipolar que no le fue diagnosticado en vida, y su influencia se vio intensificada por el estallido de la Segunda Guerra Mundial y el desmoronamiento de cuantos cimientos personales la escritora británica luchó por edificar a lo largo de su frágil existencia.

El 28 de marzo de 1941, Leonard Woolf (1880-1969), su esposo, había pasado la mañana en el jardín, "convencido de que ella se hallaba en la casa", como describe en su autobiografía. Pero cuando entró a comer, Virginia no estaba allí y encontró su carta de despedida en la repisa de la chimenea del salón: "Quiero decírtelo, aunque todo el mundo lo sabe. Si alguien hubiera podido salvarme, ése habrías sido tú. Lo he perdido todo salvo la certidumbre de tu bondad. No puedo seguir echando a perder tu vida de este modo".

La escritora se había adentrado en el río Ouse con los bolsillos de su abrigo llenos de piedras y se ahogó. Era el final de una larga y dolorosa agonía.

Fuente: ABC

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10 de Diciembre de 2016|21:38
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