Retratos del colonialismo fotográfico

"La reconstrucción visual del otro es un modo de capturarlo", dice la historiadora Mariana Giordano en su reciente ensayo.

El que tiene la cámara tiene el poder, y cuando uno obtura el diafragma está ejerciendo un poder sobre la otra persona”. Y esto sucedió y sucede en lo relativo a la representación del indígena. La construcción de ese “otro” como alguien primitivo y salvaje es la nota principal que puede leerse en las fotografías estudiadas por la historiadora Mariana Giordano. Investigadora del Conicet y profesora de la Universidad Nacional del Nordeste, Giordano acaba de publicar Indígenas en la Argentina. Fotografías 1860-1970 (editorial El Artenauta). Allí, se detiene en el estudio de las primeras fotografías de indígenas tomadas a partir de 1860, momento de avance de la frontera pampeana, según publica la reivsta Ñ para diario Clarín.

El material publicado en este libro procede de distintos archivos del mundo, como el Instituto Iberoamericano de Berlín, el Musée du Quai Branly de París, el Museo de La Plata, el Museo Etnográfico de la UBA, el Archivo General de la Nación, o bien en colecciones privadas. Esto se debe a que “estas fotos fueron obtenidas por grupos hegemónicos, tales como, miembros del Estado Nacional, religiosos, fotógrafos profesionales, viajeros, por sobre los grupos indígenas considerados subalternos”.

¿Cómo definiría el concepto de “colonización de la imagen”, tan importante en su libro?
El hecho de disparar con la cámara podríamos asimilarlo al disparar con el fusil: son modos de apropiarse del otro. Si bien no es una apropiación física, sí es una apropiación de una imagen que ha corrido a lo largo de la historia. Y la imagen tiene muchas vidas y ha sido utilizada numerosas veces. Un ejemplo claro: una vez entrevistamos a un indígena de unos 50 años en Colonia Aborigen y él estaba en una foto donde se lo veía de niño reproducido en un libro de la fotógrafa Grete Stern. Le impactó mucho verse de niño, y se hizo muchos interrogantes: quién hizo esa foto, dónde se la llevó. El hecho de obtener la imagen, de habérselas llevado y que hayan circulado en ámbitos tan distintos y lejanos de donde se produjeron, habla de este mecanismo colonialista que seguimos ejerciendo.

La colonialidad del poder se basa en la mirada eurocéntrica a partir de considerar conceptos contrapuestos como primitivo/civilizado, y de ejercer un poder hegemónico por sobre grupos subalternos, en contextos de una relación no recíproca de poder, sino de subordinación.

¿Qué características presenta la representación de lo indígena, desde fines del siglo XIX hasta los 70, el corte temporal donde concluye el libro?
Por ejemplo, la construcción del retrato occidental. El retrato del indígena sigue todos los parámetros de representación, de escena, de pose, de gestualidad que se hacía a un burgués. El retrato surge en la fotografía por una demanda de la burguesía y el retrato del indígena reproduce esta cuestión.

¿Y las representaciones grupales?
Las representaciones familiares son construcciones occidentales porque se concibe la familia desde el concepto de familia nuclear que es la que ha tenido Occidente y no se contempla el concepto de familia extendida que es propio de los grupos indígenas. Esto habla sobre cómo se percibe al otro desde el presupuesto del nosotros, es decir, desde aquel que obtiene la imagen. Obviamente que hay muchas variantes. En los años 30 y 40, los etnógrafos utilizaron la fotografía como herramienta para su trabajo de campo, es decir, hicieron otra utilización de la fotografía desde el concepto de la instantánea que supone hacer visible la cultura del otro. Los fotógrafos profesionales y comerciales de fines del siglo XIX y principios del XX siguieron los estereotipos del indígena salvaje, la alusión a lo primitivo, buscaron representaciones donde estuvieran desnudos o semidesnudos, con arcos y flechas, con el toldo detrás.

¿La fotografía en los 60 tuvo diferencias a nivel representativo respecto del siglo XIX?
Sí, se flexibilizó mucho más, comenzó a aparecer la cuestión de reconocer al otro en su identidad, porque una característica que se ha dado en todos los tipos sociales es el anonimato, no sólo en el indígena. Las imágenes que circulaban en formato comercial, en álbumes, en postales, en revistas ilustradas, se caracterizaban por el anonimato del representado. Cuando vemos un retrato burgués siempre aparece el nombre del retratado. En el caso del indígena, siempre era un retrato anónimo. En los 60 esto comenzó a revertirse fundamentalmente a través de la fotografía de etnógrafos pero también de fotógrafos como la alemana Grete Stern. En sus cuadernos de viajes anotaba todos los nombres de quienes iba retratando. Además, aparecieron imágenes tomadas por indígenas. En el libro, uno de los indígenas que entrevisté, Sixto Vasquez Zuleta –que además es escritor, y vive en Humahuaca–, tiene imágenes desde los 60 de todo el noroeste argentino. Son imágenes tomadas “desde adentro”, en el sentido de que él participaba de las fiestas populares, religiosas, carnavales, procesiones. La imagen procede del mismo grupo que participaba de la festividad, es decir, que ya en los 60, 70, con muy pocas excepciones como la de Zuleta, comenzaban a aparecer imágenes producidas por quienes se autoidentificaban con esas imágenes.

Digamos que la fotografía de fines del siglo XIX hasta mediados del XX presenta una forma de construcción de lo indígena desde una mirada europea.
Desde una mirada occidental. Porque de alguna manera fueron capturados por la cámara, que también es un modo de captura: la construcción visual del otro es un modo de capturarlo no por las armas sino por la imagen. Esa captura se reproduce también en la guarda de los archivos, en el desconocimiento que tienen los indígenas actuales de las imágenes de sus antepasados, y que siguen reproduciendo los mecanismos colonialistas, es una característica de la fotografía de indígenas.

¿Y cómo se ha proyectado esto en la actualidad?
Hoy los indígenas se siguen sintiendo observados por la cámara. En el Barrio Toba de Resistencia, los chicos de escuelas secundarias fueron a ver una muestra de fotografías de Grete Stern sobre indígenas del Chaco y cuando una chica salió del barrio, con el gesto de estar tomando una cámara, les dijo a sus compañeros : “Indio, indio, foto, foto”. O sea, ellos se sintieron observados como los raros, a los que siempre se les está sacando una foto. Esto que vemos como histórico, entonces, no está tan lejano.

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