Galileo Galilei, un astrónomo incomprendido

Hoy se cumplen 371 años de la muerte del matemático y astrónomo que revolucionó al mundo académico y eclesiástico del siglo XVII.

Galileo Galilei nació en Pisa el 15 de febrero de 1564. Su padre era Vincenzo Galilei, florentino, procedente de una familia otrora ilustre, músico de vocación, las dificultades económicas lo habían obligado a dedicarse al comercio. Galileo fue el primogénito de siete hermanos. En 1574, la familia se trasladó a Florencia y Galileo fue enviado un tiempo al monasterio de Santa Maria di Vallombrosa, como alumno o quizá como novicio.

En 1581, Galileo ingresó en la Universidad de Pisa, donde se matriculó como estudiante de medicina por voluntad de su padre. Cuatro años más tarde abandonó la universidad sin haber obtenido ningún título, aunque con un buen conocimiento de Aristóteles.

Entretanto, se había producido un hecho determinante en su vida: su preparación en las matemáticas. De vuelta en Florencia en 1585, Galileo pasó unos años dedicado al estudio de los números, aunque interesado también por la filosofía y la literatura; de esa época data su primer trabajo sobre el baricentro de los cuerpos.

En 1589 consiguió por fin una plaza en el Estudio de Pisa, donde su a descontento por el paupérrimo sueldo percibido lo volcó en un poema satírico contra la vestimenta académica.

En 1591 la muerte de su padre significó para Galileo la obligación de responsabilizarse de sus hermanos. Comenzaron así una serie de dificultades económicas que no harían más que agravarse en los años siguientes.

Los problemas en esa época aumentaron por el nacimiento de los tres hijos del propio Galileo: Virginia (1600), Livia (1601) y Vincenzo (1606), junto con Marina Gamba, unido hasta 1610, con quien no llegó a casarse. Todo ello hizo insuficiente la pequeña mejora conseguida por Galileo en su remuneración al ser elegido, en 1592, para la cátedra de matemáticas de la Universidad de Padua.

En Padua, Galileo se ocupó de cuestiones técnicas como la arquitectura militar, la castrametación, la topografía y otros temas afines. En 1602 Galileo retornó sus estudios sobre el movimiento, ocupándose del isocronismo del péndulo y del desplazamiento a lo largo de un plano inclinado.

En julio de 1609, de visita en Venecia, Galileo tuvo noticia de un nuevo instrumento óptico de un holandés; se trataba del anteojo, cuya importancia práctica captó Galileo inmediatamente, dedicando sus esfuerzos a mejorarlo hasta hacer de él un verdadero telescopio.

Entre diciembre de 1609 y enero de 1610 Galileo realizó las primeras observaciones de la Luna, descifrando la existencia en nuestro satélite de montañas y cráteres. Al descubrir cuatro satélites en Júpiter, contradijo el principio de que la Tierra tuviera que ser el centro de todo el cielo. A finales de 1610 Galileo observó que Venus presentaba fases similares a las lunares y aportaba una confirmación empírica al sistema heliocéntrico de Copérnico.

El 1611, un jesuita alemán, Christof Scheiner, había observado las manchas solares. Por las mismas fechas Galileo también las estudió. Se publicó en 1613 La Istoria e dimostrazione interno alle macchie Solari, donde Galileo salía al paso de la interpretación de Scheiner.

Por primera y única vez, Galileo dio una prueba inequívoca de su adhesión a la astronomía copernicana.

Ante los ataques de sus adversarios y las primeras muestras del creciente malestar de la autoridad eclesiástica, Galileo defendió la idea de que era preciso establecer la absoluta independencia entre la fe católica y los sucesos científicos. Sin embargo, el Santo Oficio condenó el 23 de febrero de 1616 al sistema copernicano como “falso y opuesto a las Sagradas Escrituras”, y Galileo recibió la condena de no enseñar públicamente dichas teorías.

En 1618 se vio envuelto en una nueva polémica con otro jesuita, Orazio Grassi, a propósito de la naturaleza de los cometas. Una obra fue editada por la Accademia dei Lincei, venía dedicada al nuevo papa Urbano VIII, a quien ya había mostrado su afecto a Galilei. La nueva situación animó a Galileo a redactar la gran obra de exposición de la cosmología copernicana que ya había anunciado en 1610: El Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo, tolemaico e copernicano. El Santo Oficio inició el 12 de abril de 1633 un proceso de juicio a Galilei.

Todo terminó con la condena a prisión perpetua, pese a la renuncia de Galileo a defenderse y a su retractación formal. La pena fue suavizada al permitírle que la cumpliera en su quinta de Arcetri.

En su retiro, donde comezó a aumentar su artritismo y la ceguera, Galileo consiguió completar la última y más importante de sus obras: Los Discorsi e dimostrazioni matematiche intorno à due nueve scienze, publicado en Leiden por Luis Elzevir en 1638. En ella, partiendo de la discusión sobre la estructura y la resistencia de los materiales, Galileo sentó las bases físicas y matemáticas para un análisis del movimiento.

En la madrugada del 8 al 9 de enero de 1642, Galileo falleció en Arcetri confortado por dos de sus discípulos, Vincenzo Viviani y Evangelista Torricelli, a los cuales se les había permitido convivir con él los últimos años.

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7 de Diciembre de 2016|15:16
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