El Dakar, una carrera de emociones

Desde 1979, año tras año, el comienzo de cada temporada es diferente para aquellos que eligen la adrenalina en su máxima expresión.

Al principio fueron apenas un puñado de hombres, pero con el tiempo llegaron más. Entre ellos, muchos de los que probaron esa magia tan especial del desafío extremo, volvieron.

Desde 1979, el Rally Raid más duro del mundo que creó, un poco por accidente, el francés Thierry Sabine, fue convocando a personas ávidas de nuevas emociones sobre ruedas 

Desde 1979, el Rally Raid más duro del mundo que creó, un poco por accidente, el francés Thierry Sabine, fue convocando a personas ávidas de nuevas emociones sobre ruedas y desde 2009, ese deseo de conquistar los territorios más espectaculares, sucede en nuestro continente, permitiéndoles a aquellos que no conocieron la furia del desierto africano, sentir las mismas sensaciones formando parte de una carrera que ya es mítica y cuyo nombre trasciende toda frontera geográfica. 

Thierry Sabine.

Le llaman Dakar por su lugar de destino final durante casi todo el historial de la prueba, pero hoy, para el mundo del deporte motor, Dakar ya no es solo el nombre de una nación. También es un emblema de valor, espíritu solidario, alta competitividad, drama y acción en una misma dosis, todo bajo la forma de una competencia épica.
 
Toneladas de equipos y de alimentos se trasladan a lugares increíbles, pero seguramente lo más grande que genera el Dakar es invisible a los ojos, ya que tiene que ver con la emoción, con ese sentimiento apasionado tan grande, que es dificil de explicar para quienes se suman a la contienda.

Para el común de los mortales, quienes largan un Dakar, o son héroes o están rematadamente "locos" no hay un punto medio, porque a nadie se le ocurriría someterse a semejante exigencia física y mental, sin algo que lo mueva desde lo profundo de su ser y eso es algo más que una victoria

Para el común de los mortales, quienes largan un Dakar, o son héroes o están rematadamente "locos" no hay un punto medio, porque a nadie se le ocurriría someterse a semejante exigencia física y mental, sin algo que lo mueva desde lo profundo de su ser y eso es algo más que una victoria. Ganar se puede ganar en cualquier otra prueba, menos demandante, menos intimidante, sería un triunfo deportivo como tantos otros, pero quienes corren un Dakar buscan otras cosas, otro tipo de triunfos más relacionados con la superación personal que con lo deportivo y allí puede estar la clave para entender a estos gladiadores, que soportan estoicamente, por ejemplo, las más altas temperaturas en medio de la nada.


Uno puede intentar ser un héroe o un loco y ponerse en la piel de un piloto Dakar, pero se trata de un ejercicio complejo porque se debe sentir una mezcla de verdadera pasión y de una valía extraordinaria, además del talento para atreverse a desafiar el vértigo del rally raid mas exigente de todos.
 
Ver sus ojos enfocados, con la mirada serena pero expectante, allí se adivina de que madera están hecho estos hombres y mujeres que eligen iniciar cada enero de una forma distinta, lejos de lo confortable, de lo tradicional, dispuesto a terminar una carrera de vida, donde hay grandes decepciones, dolor y emoción extrema, alegría incontenible, camaradería. Todo sucede en un Dakar y todo se magnifica. Un empujón en una duna es un aventón a una ilusión, un abrazo contenedor en medio de una fría noche desértica, durará mucho más que un Dakar, un apretón de manos dejará su huella y la sonrisa de un niño alentando en un camino poco transitado o en el medio de un pueblo perdido, llenará el alma de ese competidor que sonreirá bajo el casco y sentirá ese combustible que lo moviliza y se llama pasión.
 
Y todo eso se contagia, porque nadie olvidará ese gesto de pulgar arriba o ese saludo para la foto que dejó el piloto a su paso. Ese tesoro que los fanáticos guardan y comparten, también es emoción en estado puro, sin distinguir edades ni géneros, los ojos se humedecen y las manos arden de tanto batir palmas al paso de la legión dakariana.
 
Leyendo así una carrera como el Dakar, uno puede comprender entonces que no se trata de héroes ni de locos, sino de personas especiales dispuestas a darlo todo por una pasión, en una carrera única; una carrera de emociones. ¿Están listos para vivirlas?

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4 de Diciembre de 2016|17:28
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