Hacia una historia social de la lectura en la Argentina

"Historia de la lectura en la Argentina" propone un recorrido por los textos que marcaron la escolarización en nuestro país.

 
El libro, publicado por Editoras del Calderón, reúne textos que van del catecismo colonial a la revista Billiken, de los libros escolares del peronismo al sitio Google, del analfabetismo a la escolarización de los pueblos indígenas, de la escuela en dictadura militar hasta el nacimiento de la cultura digital, todos dirigidos por Héctor Rubén Cucuzza, investigador de la Universidad Nacional de Luján.

"Este libro es el resultado del trabajo del equipo de Historia Social de la Educación de la Universidad Nacional de Lujan, más algunos invitados de otras universidades nacionales y extranjeras, especialmente de España, como la Universidad Nacional de Educación a Distancia, en contacto con su proyecto de manuales escolares", explica Cucuzza en diálogo con Télam.

Y señala: "Es una historia de los soportes que abarca los cambios producidos desde el catecismo y la cartilla, en la época colonial, pasando por el origen de los libros de lectura tradicional, hasta llegar a nuestros días, con la PC, el libro digital, el celular, etcétera".

"Sin embargo, no se limita a los soportes: es una historia de los métodos, o sea, la acciones realizadas desde la escuela para facilitar el acceso a la lectura. Una historia reciente en el sentido de que la discusión acerca del método comienza a fines del siglo XIX, con la constitución de los sistemas educativos", acota el catedrático.

 Según Cucuzza, "frente a cualquier modo de producción cultural —danza, música, teatro, pintura— no es necesaria una institución. En cambio, para acceder a la página impresa —desde los jeroglíficos hasta los libros—, es necesaria la institución. En ese sentido, la escuela es un epifenómeno de la escritura".
 "Si pensamos en cuatro momentos paradigmáticos -reflexiona el compilador- podemos decir que en el primer momento el aula era, al menos en nuestro territorio, un pequeño espacio cedido por los conventos donde no vale imaginar un lugar con distribución de escritorios, pizarrón y mapas, sino un espacio donde se reunía a los alumnos para realizar dos prácticas. Primero, leer a coro: todos juntos recitando el Silabario".

Cucuzza explica: "El Silabario se componía de pocas hojas de un papel muy caro, donde se memorizaban las vocales de adelante para atrás y de atrás para adelante, y después empezaban las combinaciones de vocales y consonantes, hasta llegar a las tres letras. Una vez memorizado este método -el mismo que usaban los griegos-, se pasaba al primer texto de lectura de corrido".

"Ese primer texto de lectura era el catecismo tradicional -indica-. Un sistema de preguntas y respuestas, donde los alumnos hacían lecturas de corrido".

Y cuenta: "Hubo un interregno fracasado que fue el intento de Mariano Moreno de sustituir el catecismo por El contrato social de Rousseau, coincidiendo con las posturas jacobinas e iluministas de algunos dirigentes de 1810, pero eso duró poco".
"Un segundo momento es cuando aparece El nene (1898), un libro de tapa dura y lectura de corrido, pero con una diferencia sustancial: el libro aparece ilustrado. Y por primera vez aparece la idea de que para formar masivamente al lector era preferible comenzar, metodológicamente, por la palabra completa. A eso se lo denominó `palabra generadora`: a partir de ella se descomponía su significado. El camino inverso al Silabario", cuenta.

Cucuzza explica que "durante toda la época colonial, con el catecismo, la que accedía a la lectura era únicamente la aristocracia blanca, españoles o criollos, y en el segundo momento, que coincide con la afluencia de la inmigración en nuestro país, la escuela se procura formar lectores como una manera de formar ciudadanos, de nacionalizar a los inmigrantes, con el acento puesto en la lengua y en la historia nacional". 
 
"Hay una tercera etapa -prosigue el catedrático- donde se mantiene el mismo tipo de libro, el mismo soporte, pero comienza a aumentar el acceso, que se puede situar en el segundo gobierno de Perón. La palabra generadora sigue siendo el método, pero los contenidos son politizados a través de las consignas que daba el Segundo Plan Quinquenal".

Y así llegamos a una cuarta etapa, "la que estamos asistiendo en nuestros días, que es básicamente la lectura en pantalla a través de distintos formatos digitales. Tenemos siglos de imprenta que nos hacen difícil la comprensión de lo que significa la dinámica de esta forma de lectura".

"Lo que sí podemos decir es que, frente a la mirada conservadora que dice lo contrario, la lectura en pantalla ha ampliado cuantitativa y cualitativamente la cantidad de gente que lee. Nunca se leyó tanto como en estos tiempos, no sólo en la Argentina, sino en el mundo", concluye Cucuzza.
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