El raro caso de Morgante, el enano de los Médici

Sirvió en la corte de Cosme I de Médici durante décadas, acompañándolo en sus viajes y sirviéndole de entretenimiento.

Durante siglos las cortes más importantes de toda Europa contaron entre sus miembros con la presencia de personas aquejadas de enanismo cuya ocupación principal era entretener a reyes y nobles con sus rimas, chistes y otros espectáculos.

Muchos de ellos alcanzaron la fama gracias a los pintores de corte, como sucede con los célebres bufones de Velázquez, pero otros —aunque mencionados en las fuentes e igualmente retratados en obras de arte— son mucho menos conocidos.

Ese es el caso del "enano Morgante" (su verdadero nombre era Braccio di Bartolo), quien sirvió en la corte de Cosme I de Médici durante décadas, acompañando al Duque en sus viajes diplomáticos y sirviéndole de entretenimiento durante sus horas de asueto en palacio.

Morgante —bautizado así irónicamente en alusión a un gigante citado en un célebre poema de la época— fue inmortalizado en varias ocasiones por encargo del Gran Duque, tanto en esculturas como en pinturas, relata Javier García Blanco.

Uno de sus retratos más famosos —conocido popularmente como Fuente del Bacchino— consiste en una singular escultura realizada por Valerio Cioli y cuya copia —la original se retiró hace unos años para conservarla— puede verse en el jardín de Bóboli de Florencia.

En la curiosa obra, el pequeño Braccio aparece desnudo sobre una tortuga, en una pose y un gesto que se burla a propósito de la célebre estatua ecuestre de Marco Aurelio conservada en Roma.

Otro artista del momento, Giovanni da Bologna, esculpió una obra de características similares —en la que Morgante monta sobre un dragón— que se colocó durante algunos años en la Loggia dei Lanzi, también en Florencia.

Estas dos esculturas retrataron a Braccio di Bartolo cuando tenía ya una edad bastante avanzada, pero las fuentes —y en especial un inventario de obras de arte de la familia Médici de 1553— aludían también a la existencia de un retrato doble —un lienzo pintado por ambas caras— realizado antes de esa fecha por Bronzino, pintor de cámara de Cosme de Médici.

Nano Morgante retratado por Il Bronzino.

Durante la vida del Duque el retrato doble de su apreciado Morgante —Vasari habla de él en términos muy elogiosos, e incluso se sabe que le concedieron unas tierras a su familia— estuvo en el Palazzo Pitti, pero a la muerte del poderoso Médici fue trasladado a otro lugar y se le acabó perdiendo la pista.

Así, el singular retrato de un entonces joven Morgante estuvo desaparecido durante casi tres siglos, hasta que en la década de los 80 del siglo pasado "reapareció" en el laboratorio del Opificio Delle Pietre Dure, uno de los centros de restauración más prestigiosos de Italia.

Allí los expertos restauradores pudieron reconstruir su accidentado periplo por distintos enclaves de la Toscana. Al parecer, tras la muerte de Cosme de Médici la pintura —que siempre se había considerado una rareza— se llevó a otro palacio del clan: la Villa di Poggio Imperiale.

AYa en el siglo XVIII, alguien debió considerar que el cuerpo desnudo mostrado en aquel retrato singular resultaba obsceno y poco decoroso, por lo que se procedió a su repintado, añadiéndole hojas de parra, uvas y otros elementos para ocultar su desnudez y convertirlo en una representación de Baco. Esta "restauración" contribuyó aún más a difuminar el origen de la obra.

Con el paso de los años, el suntuoso palacio acabó convertido en el siglo XIX en una prestigiosa y exclusiva escuela para señoritas, por lo que el cuadro —a pesar de las modificaciones— se trasladó de nuevo por considerarse poco apropiado.

Fue así como la pintura acabó en los fondos del Museo de Antropología y Etnología de Florencia, donde fue de nuevo relegado al olvido, conservándose durante décadas en una estancia alejada de las visitas, a pesar de que el célebre historiador estadounidense Bernard Berenson supo identificar la pintura como un auténtico y valioso trabajo de Bronzino.

Por suerte la obra acabó en manos de los expertos del Opificio Delle Pietre Dure, quienes devolvieron el aspecto original a la obra y descubrieron que se trataba del retrato de Braccio di Bartolo, el bufón favorito de Cosme de Médici.

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