Las mujeres en la ciencia, un olvido histórico reparado

El libro "Científicas, cocinan, limpian y ganan premio Nobel (y nadie se entera)" repara una escandalosa omisión en la historia de la ciencia.

Además de madres, esposas o hijas fueron importantes contribuyentes a la ciencia universal, sin embargo, los nombres de estas médicas, físicas, astrónomas, químicas, paleontólogas no son familiares. Este libro logra contextualizar épocas y dar a conocer los aportes de grandes científicas, muchas ignotas hasta ahora.

Valeria Edelsztein repara una escandalosa omisión en la historia de la ciencia con su libro Científicas, cocinan, limpian y ganan premio Nobel (y nadie se entera) donde narra las vidas y los descubrimientos de cientos de mujeres que desafiaron el tiempo y las convenciones para plantear -aunque sea desde sus cocinas- grandes avances universales.

"Hay gran cantidad de información oculta, por eso es inevitable que sólo aparezca Marie Curie. Creo que contar la ciencia sirve para tomar decisiones informadas, tener una mirada crítica. Conocer nos ayuda a no repetir la historia y avanzar", dice a Télam esta joven doctora en Química.

El título del libro se inspiró en las ocho palabras con las que los editores de la revista Family Health usaron para describir la concepción que el mundo tenía de las mujeres en la ciencia cuando en 1977 Rosalyn Yalow ganó el Premio Nobel de Medicina. El título decía: She Cooks, She Cleans, She Wins the Nobel (Cocina, limpia y gana el Nobel).

Sin embargo, el primer nombre se registra en 2700 a.C. cuando Merit Ptah se convirtió en la "médica jefe" un equivalente a una ministra de salud del Antiguo Egipto. En Oriente, la emperatriz china, Si Ling Chi, que en 2640 a.C. "descubrió" la seda de los gusanos y en el 105, Shi Dun confeccionó el primer papel al crear un método para obtenerlo de la corteza de un árbol de moras.

Agnódice que ejercía la medicina vestida de hombre en el siglo III a.C.; María (Alejandría, siglo III) quien sentó las bases de la alquimia occidental y de la química moderna y su contemporánea Hipatia, la primera mujer matemática asesinada por cristianos que se sentían amenazados por su sabiduría, son algunos de los miles de ejemplos de la Antigüedad. 

El libro, editado por Siglo XXI, abre con un juego: "Escriban nombres de científicas que conozcan, ahora borren a Marie Curie" (a quien, vale recordar, le negaron el ingreso a la Academia Francesa de Ciencias).

Frente a esto, la mayoría queda en blanco porque, para la autora, el hecho que ellas no estén en la historia es "una deliberada omisión, se obvió la contribución de la mitad de la humanidad".

"Eran contextos muy machistas y muchas se acomodaron al rol y las que no, atravesaron sufrimientos, fueron acusadas de brujería,  olvidadas y prohibidas", dice, como Jacoba, la médica nacida en Florencia en el siglo XIII, que era tan precisa en sus diagnósticos que la enjuiciaron por "atreverse a curar y aplicar técnicas y procedimientos de los doctores siendo mujer".

Hubo más de cien mil acusaciones de brujería, la mitad terminó en la hoguera. Martine Berteream (siglo XVII) se salvó, pero murió en prisión por escribir un tratado de minería y, aunque ese fue el siglo de la revolución científica, pocas pudieron destacarse.

Una fue la italiana Isabella Cortese, que publicó Los secretos, un best seller con fórmulas y remedios para curar u Oliva Sabuco, precursora de la psicosomática y la primera persona que intuyó "la existencia de una sustancia neurotransmisora para explicar la transmisión de impulsos nerviosos".

Muchas se encolumnaron detrás de vínculos con hombres porque "era la única forma para avanzar, también otro tanto no lo logró. Era un nicho para seguir creciendo", agrega la joven autora, nacida en 1982 e investigadora del CONICET. 

Sofia Brahe con su hermano Tycho fueron los primeros en describir la posición exacta de los planetas, base de las leyes de Kepler y de la Ley de Gravitación Universal de Newton. O Anna, esposa del Conde de Conway, que en siglo XVII redefinió los conceptos de mónada y átomo, aunque su obra fue atribuida a Van Helmont.

"Se me hizo un nudo en la garganta con la historia de Mary Anning, la paleontóloga que descubrió en el siglo XIX el primer ejemplar completo de ictiosaurio del Jurásico (actualmente en el British Museum). No sólo obviaron esto que fue clave, sino la trataron de alcohólica porque tomaba láudano para mitigar los dolores de un cáncer", cuenta la autora.

En la década del 50, cuatro científicos, tres hombres y Rosalynd Franklin, descubrieron la evidencia del ADN. Años más tarde, ellos recibieron el Nobel, mientras que Rosalynd -que ya había muerto y que había conseguido la misteriosa "fotografía 51" en la que se observaba la figura X- fue olvidada en todas la menciones científicas de entonces. 

Otra historia increíble, remarca Edelsztein, es la de Hedy Lamarr, la bella actriz e ingeniera que en 1942 patentó el sistema de espectro ensanchado, la tecnología que hoy conocemos como wi-fi. "O Ada Byron que, a mediados del siglo XIX, delineó el primer lenguaje de computación y creó conceptos como el loop, cien años antes de que se crearan las computadoras", agrega.

"Más allá de sus descubrimientos demostraron que se puede. Son ejemplos de superación y agradezco su pasión por el trabajo y la ciencia", dice y advierte: "Si bien estamos mejor, todavía falta igualdad de oportunidades. Aún hoy es difícil armar un sistema que contemple la maternidad sin segregar a la mujer y sin dejar en desigualdad al hombre".

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