Sangre, hambre y sexo en los cuentos de los hermanos Grimm
A 200 años de su publicación, en las obras de los escritores alemanes abundan las historias macabras. Sus relatos no eran para niños.

Había una vez una madre que no teniendo para comer decidió abandonar a sus dos niños en el bosque; unas jovencitas que se amputaron parte de un pie para intentar quitarle el novio a su hermanastra; una madre que celosa de la belleza de su hija decidió ahogarla.

Todas estas anécdotas han sido extraídas de cuentos como Hänsel y Gretel, la Cenicienta y Blancanieves y son parte de los relatos que escribieron los hermanos Grimm en el siglo XIX, y que con el tiempo y tras pasar, por ejemplo, por el edulcorante de la factoría Disney, se han ido suavizando.

"La gente piensa que los cuentos de los Grimm fueron siempre dirigidos al público infantil, y no es así", señala Isabel Hernández, titular de Literatura Alemana de la Universidad Complutense de Madrid, en una entrevista de Laura Albor para lainformacion.com

Los cuentos, de los que ayer se cumplió el 200 aniversario de su primera publicación, surgen a raíz del interés de los hermanos por asegurar la supervivencia de la tradición alemana de cuentos populares. Sin embargo, no contemplaban que los niños fueran los destinatarios finales de sus relatos.

Pese a que cuando leemos el cuento de Caperucita Roja o el de Pulgarcito, en el apartado autor nos encontramos "Hermanos Grimm", en realidad la idea del cuento no proviene de éstos si no de la tradición oral o de manuscritos. "Recurrieron a todas aquellas personas que tenían a su alrededor, generalmente mujeres de la burguesía alemana para que les refirieran cuentos", explica Hernández.

Un poco de sangre

La madre de Blancanieves trató de acabar con la vida de su hija hasta en cuatro ocasiones. La primera de ellas se lo encarga a un cazador. Sin embargo, éste no es capaz de hacerlo y le entrega las vísceras de un cerdo haciéndole creer que pertenecen a su hija. "El cocinero se lo cocinó con sal y la mala mujer se lo comió creyendo comer los pulmones y el hígado de Blancanieves",  recoge el cuento.

Tras descubrir el fracaso de su turbio deseo, decide hacer el trabajo ella misma. Para ello, se disfraza de anciana y trata de ahogar a Blancanieves con una cinta, después intenta envenenarla con un peine para finalmente matarla con la famosa manzana. La salvación de la joven, al contrario de lo que se piensa, no llegó por el beso de un príncipe enamorado, si no porque un lacayo indignado por sus condiciones de trabajo consiguió que el trozo del fruto saliese de la garganta de la joven.

Rapunzel, la princesa de las largas trenzas, acabó viviendo en una torre vigilada por un bruja porque sus padres hicieron un trato con ésta según el cual, a cambio de poder seguir comiendo las verdezuelas de su jardín, ellos le entregarían a su primer hijo. Así fue como Ranpuzel se pasó gran parte de su juventud en una torre cuyo único acceso eran sus propias trenzas. Un día un príncipe la oyó cantar y comenzó a visitarla cada noche. El resultado: ella dio a luz a gemelos.

La historia de Cenienta tampoco se libra de ciertos aires macabros. Las hermanastras, decididas a robarle al príncipe al que la joven había conquistado durante el baile, ni cortas ni perezosas, deciden amputarse el dedo pulgar una, y el talón otra, para conseguir que su pie cupiese en el zapato. Las manchas de sangre que dejaron en el calzado fueron las que alertaron al príncipe de que no se estaba llevando a la hermana correcta. Al final el monarca y Cenicienta se casan y son felices, pero las hermanas tuvieron un desenlace bastante más trágico: unos pájaros les arrancaron los ojos.

Los hermanos Hänsel y Gretel fueron abandonados en el bosque porque a su madre, que no madrastra, le preocupaba no tener alimento para toda la familia. "Les daremos un pedacito de pan y luego los dejaremos solos para ir a nuestro trabajo. Como no sabrán encontrar el camino de vuelta, nos libraremos de ellos", afirma la madre en el cuento.

"El hambre es un tema recurrente en estos cuentos", afirma Isabel Hernández, "pero también la organización familiar y la preservación de las virtudes, sean cuales sean". "Los cuentos hablan del alma humana, de la interioridad del hombre, poniendo al descubierto intenciones, con todo lo bueno y su ausencia que se pueda dar en su persona", destaca.

Moralejas

Todos los cuentos recopilados por los autores cuentan con un carácter pedagógico. "Hay que tener en cuenta que son producto del saber popular y, como tal, contienen siempre una enseñanza", recuerda Hernández y remacha: "Se suele partir de una situación negativa para llegar a un final feliz en el que intervienen siempre la inteligencia y el bien".

"Los cuentos debían poner de manifiesto lo mejor y lo peor que puede dar de sí el ser humano", asegura. "Esto tenía dos consecuencias en el público lector: por un lado, un mensaje optimista y animante en la lucha por la mejora personal, al reflejar hasta dónde es capaz de llegar el potencial de bondad real del ser humano; por otro lado, poner de manifiesto hasta dónde puede llegar su maldad y, lejos de dar una visión negativa del hombre, hacerle ver el daño que puede llegar a causarse a sí mismo y a inocentes, así como la bondad y felicidad naturales de las que él mismo se priva buscando el mal".

Desde que el 20 de diciembre de 1812 se publicara la primera edición de cuentos, éstos fueron sufriendo variaciones. Así, los hermanos eliminaron unos y añadieron otros al tiempo que pulieron muchos de ellos a fin de hacerlos más accesibles a los posibles lectores. Fue durante ese proceso en el que suprimieron las partes más brutales de los cuentos, una labor que ejecutó sobre todo el menor de los hermanos, Wilhelm.

"No resulta demasiado aleccionador que una madre se deshaga de sus hijos o compita con ellos por algo, de ahí que, en el momento en que Wilhelm entendió que su destinatario principal podrían ser los niños, decidiera limarlos en este sentido y eliminara todos estos contenidos poco "pedagógicos", apunta Hernández.

Sin embargo, para la experta resulta llamativo el hecho de que con los años se hayan ido perdiendo muchos de los componentes aleccionadores del momento: "Me llama la atención que cuentos como Blancanieves y otros de los más conocidos, sean tenidos hoy por textos totalmente ingenuos, desvirtuados, cuando en realidad son algo muy diferente y responden al ideal formativo de la época, por el que las malas acciones eran castigadas".

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30 de Agosto de 2014|09:11
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